Diario de Madrid
Sindicación
 
VENZO A MI COBARDÍA
Después de una serie de desencuentros, cada vez más desagradables, hoy al mediodía hable con mi compañera de piso para aclarar términos y evitarme un ataque de ansiedad de los que hacen época. La gota que colmó el vaso –y de qué manera– fueron unos portazos a las tres de la mañana y cómo se comportó con E –que ante todo, por encima de novia, rollo o lo que sea de R, es mi amiga y mi invitada en casa, por lo tanto, intocable. Mucho me temo que en todo esto haya un componente claro de homofobia, que es el oleaje que mueve su barco, más las ideas que le susurra al oído el infame de Pedro. O más bien una lesbofobia aguda, porque conmigo nunca hubo ningún problema. Veremos. Si al final descubro que esto es así, yo no puedo vivir con alguien tan alejado de mis planteamientos y de mo forma de vida.
El caso es que puse las cartas sobre la mesa y le dije que no quiero tener a Pedro hasta en la sopa, que me pongo de mala hostia sólo con verle desparramado sobre el sofá. Primero se mosqueó, torció el gesto y dijo que bueno, que vale, que esta misma tarde cogería la tele y el vídeo (que son suyos) y se los llevaría a casa del pelanas, "porque yo no puedo estar sin televisión", para pasar más tiempo allí. Amenazas a mí. Contesté que me parecía estupendo, y que si el que se llevara las cosas significaba que se iba a ir del piso (no fuera malo...). Pero no, esta garrapata no se desprenderá tan fácilmente de mi lomo. Se queda en casa. Entonces cambió de actitud, dulcificó la mirada y suavizó el tono. Que están esperando a tener dinero y pintar y acondicionar la casa, sería cuestión de dos semanas como mucho y ya podrían hacer vida allí. Se las he concedido. Total, este finde me voy a Santander a ver a mi abuelo, que ya son dos meses y medio desde la última vez, y el siguiente está aquí Raymond (el mulato neoyorquino), que me va a ocupar todo el tiempo (je, je). Si todo se cumple según lo previsto, Pedro será historia a mediados de noviembre. Cruzo los dedos.
Por lo menos me atreví a encarar la situación y ya no me siento un duplicado de Gonzalo, de "7 vidas".
No