Diario de Madrid
Sindicación
 
FIESTA EN CASA
Día de la Hispanidad (y olé). Desde primera hora de la mañana, velando mi sueño, el sordo murmullo de los escuadrones que surcaban el cielo de Madrid, en alguna acrobacia imposible para que los Reyes, autoridades y demás parafernalia en Colón se sintieran potencia mundial, país avanzado, miembro de facto de algún G-algo. También el ronco tremolar de los helicópteros que peinaban la zona (como cuando las manifestaciones del año pasado en contra de la guerra) para evitar sorpresas integristas de última hora, una y otra vez por sobre mi cabeza de esparto, mi cabeza de acero, mi cabeza finalmente de algodón. Hasta que, claro, he tenido que desistir de seguir durmiendo y me he levantado de la cama. Para tomarme este café de mediodía en el Colby.
Anoche, R reunió a unos cuantos amigos en casa y se empeñó en que asistiéramos J, E y yo. Se me hizo un poco raro tener el salón lleno de gente desconocida (cuando no tengo costumbre de subir a casi a nadie, salvo los muy íntimos), y al principio me sentí un poco fuera de lugar, observado por varios pares de ojos a la vez. Luego vino en mi ayuda el Santo Mahou, patrono de desvalidos, gente de mal vivir y desasistidos varios, y ya montado en su brioso corcel recorrí la noche y las conversaciones y la gente sin problemas. Creo que estuve demasiado estupendo y quizás hablé más de la cuenta, no sé. A veces me lanzo de cabeza a las conversaciones, pontifico, siento cátedra y termino diciendo tonterías, justo lo contrario de lo que quería decir. En un momento dado, una de las amigas de R me dijo:
–Hablas igual que Eusebio Poncela en "Martín (Hache)".
Todo el mundo estuvo super de acuerdo. Ya me voy acostumbrando a que me lo digan, al final hasta me va a gustar. Tampoco está tan mal que tu voz recuerde a Eusebio Poncela, ¿no? Podría ser peor, podría recordar a Torrente, o a Octavio Aceves leyéndole la palma de la mano a algún inocente. En fin, que sí, que hay que follarse a las mentes.
Éramos, aparte de nosotros tres y R, A (antigua compañera de piso de R, ex rollo suyo y ahora embarazadísima –como de ocho meses, nos enseñó la barriga y daba no sé qué ver ese ombligo completamente estirado), D&C (pareja gay guapísima y con una pinta estupenda los dos, por lo visto llevan cuatro años siendo novios), C P (una ridícula que trabaja en El País, hizo el máster con M y ya me conocía de alguna fiesta en casa de Oriol; para mi desgracia, se acordaba de mí) y su amiga L (que apenas abrió la boca pero, a cambio, se hizo unos porros muy ricos que, salvo a la preñada, nos entonaron a todos). C P buscaba ser el centro de atención, tenía la palabra precisa para cada uno, tratando en todo momento de ser graciosa, un poco a lo chica Almodóvar. Siempre moderna y chispeante. Madre mía. J y yo nos mirábamos a través de la bruma de nuestra borrachera y con esas miradas nos lo decíamos todo. Ya antes de llegar a casa, cuando nos encontramos en la plaza del Dos de Mayo, a mi pregunta de cómo era la famosa C P, me lo había dejado claro.
–¿Cómo es C P?
–Bueno... muy peculiar.
–Dice R que cuando la conoció le cayó mal, pero que ahora son muy buenas amigas.
–A R le cae bien cualquiera.
Okis. Y tanto que cualquiera. Cada vez que C P amenazaba con una anécdota larga, larguísima, yo me concentraba en la embarazadísima A. Buen rollito con ella. Por lo visto, hace sólo año y medio era una porrera de campeonato, no perdonaba una fiesta, se metía de todo y tenía una vida sexual de lo más variada. Ahora es vegetariana, ni fuma ni bebe, apenas sale y está enamorada hasta las trancas de su novio. Son cambios lógicos que solamente sorprenden a quien no sabe ver por debajo del juego de apariencias que solemos mostrar a los otros.
Me parecieron simpáticos D y su novio C. Con éste hubo un ligerísimo coqueteo, apenas alguna mirada soterrada, poco más. Como de pasada, como quien no quiere la cosa. También él dijo que le sonaba mi cara de algo, quizás de Santander, donde no sé si tiene familia o algo por el estilo. Tengo muy claro que, de haberle conocido antes, me acordaría perfectamente, ay.
Cuando se marcharon, cada uno a su nido, nos quedamos los de la familia. Las dos niñas, que juegan a que sí, que no, que cae un chaparrón. Y J, con un monumental moco que no fue a más porque ya no había nada que beber fuera de vino tinto. Saqué la estrella de luz que cambia de color y, con su única iluminación, aún nos fumamos algún porro más a la salud de los presentes. Luego puse el piloto automático, me despedí y caí a plomo en la cama.

Ayer por la tarde vi "Roma", de Aristarain. Película fallida, con escenas maravillosas pero otras que sobraban clarísimamente, que hacían agua y se hundían, dinamitando el resto del filme. El director debió meter tijera a saco, tiene razón M. Al menos le sobra (es mi opinión) una hora de metraje. Toda la infancia, a excepción de una o dos escenas, se me hizo mortalmente aburrida, y no digamos la sucesión de amoríos del protagonista. Te miro, me miras, no hacemos nada, volvemos a mirarnos, suspiramos. Dios. Sacristán está inmenso, aunque lo mismo hubiera podido darle las réplicas a un maniquí, así de plano, mal actor y sin sustancia me pareció Juan Diego Botto. La actriz que encarna a Roma también me gustó bastante. El resto es fácilmente olvidable. Entiendo a Aristarain, de todos modos. Cuanto más cercano es el tema que se trata, menos capacidad de autocrítica y de autoanálisis hay. La distancia entre los personajes y uno mismo, necesaria, no existe, todo parece importante porque todo nos marcó por igual en su momento. El resultado final se convierte en un cajón de sastre informe y de dimensiones monstruosas.
 
Comentario:
eusebio! qué malo eres con mis excompas...
 
Comentario:
Pues sí hijo, ke yo a lo mío (voy aprendiendo) y ke caiga un chaparrón... o lo que sea. Total, de las mierdas no se libra nadie, se haga lo que se haga.
besin
No