PEDERASTIA
En el Laan, tratando de contrarrestar la monumental resaca con que he amanecido (más bien atardecido, era casi la una cuando conseguí levantarme). Anoche ejercí de amigo aguantavelas con E y R. Una vez que esta última volvió de Granada, lo suyo era que se vieran y tal. E me pidió (yo creo que está aprendiendo a pedirme sin miedo, como en su momento yo aprendí a decirle que no: esto es un mensaje cifrado, je je) que saliera con ellas, imagino que para amortiguar las asperezas del encuentro hasta que las primeras mahous hicieran efecto, esas que poco a poco, y bien medidas, fueron borrando timideces, limaron aristas, alargaron manos y multiplicaron dedos que tocaban, risas que afloraban, bocas sedientas que se pasaban la lengua por los labios... Vaya, que al final han vuelto a enrollarse, como era de rigor (y yo no soy Aramís Fuster, pero se veía venir de leeejos). Lo cual es muy sano para E y su circo de neuras, que últimamente se le estaban revolucionando mucho muchísimo.
En el Angie me presentaron a Maite, una chica a quien E había dado cancha la noche anterior, y que se nos acopló un poquillo. Al principio no me hizo mucha gracia, pero como apenas hablaba y yo fui bebiéndomelo todo a mi habitual destroyer ritmo, pues no me importó. Andaba sembrado, está mal que lo diga yo, pero ayer estuve sembrado. Traté de no ser muy sarcástico con E –aunque alguna se me escapó; sobre todo un comentario sobre las medias rojas de red de R, un poco demasiado obvio, que me valió una mirada cuasi asesina de E y la reconvención (fina pero segura) de R. Oído cocina, decidí no seguir atacando por ahí. Pero es que el alcohol me vuelve imprudente y muy, muy irónico. Y pelín malévolo. Me lo pasé en grande, anoche sí.
Tuvimos una charla complicada sobre pederastia; se hablaron cosas políticamente incorrectas. Me reafirmo en lo que dije. Por supuesto que NUNCA defendería a los pederastas (hablo de aquellos que no refrenan sus impulsos y abusan de una criatura), pero mantengo que debe ser una putada sentir deseo hacia los niños. Una gran putada. E se cerró en banda –pensaba en su sobrina de dos años, claro– y utilizó términos como terapia, suicidio ("que se peguen un tiro de mierda"), cosas así. Lo único que yo argumentaba era que sí, por supuesto, que es un crimen el abusar de un niño, pero que debe ser durísimo saberse pederasta. Me explico. Del mismo modo que yo me di cuenta de que era gay y que no había otra que aceptarlo, que nada iba a hacer que esto cambiara (ninguna terapia), porque los impulsos nunca se eligen ni se alteran ni cesan de latirnos en la imaginación, y a E le sucedió, digo yo, tres cuartos de lo mismo con el lesbianismo (mira tú qué pareado), un pederasta descubrirá con horror que lo es. ¿La diferencia? Aunque parte de la sociedad nos humilla y desprecia por ser homosexuales, podemos vivir y respirar –y tratar de ser felices sexual y afectivamente– sin que se nos condene por ello. Algo que no sucedía, por ejemplo, hace treinta años. Un pederasta no, un pederasta será siempre un hijoputa vicioso que merece la cárcel o algo peor. ¿Solución? O se la corta (se frustra y es un desgraciado toda su vida) o cede a sus deseos (y se vuelve un desgraciado que va jodiéndoles la vida a otros). Hostias, qué situación. Me alegro de no estar en su pellejo.
Bueno, el caso es que pasamos la noche con ésta y otras bonitas disquisiciones. Maite se despidió de nosotros cuando ya estábamos en la calle y los tres enfilamos para casa, E&R a la habitación de ésta, yo a mi cuarto, a dormirla.
A, el colombiano Pocahontas, ha reiterado su invitación a Cuenca (¿para ponerme mirando a ídem?) y he de llamar y explicarle (a ver cómo lo hago sin cagarla) que no, que este finde tengo cosas que hacer en Madrid y que mi idea de ir despacio no es pasar todo el sábado pegado a un tipo que acabo de conocer.
Mamá llamó ayer por la tarde, pero no cogí el teléfono. Este mediodía me envía un mensaje al móvil: "Hola. Te llamé ayer y no contestaste. Eva ha tenido a la niña el martes y están muy bien. Besos". He estado a puntito de no responder, pero luego lo he pensado mejor y envié un mensaje de congratulations. Lo que hay es lo que hay, a qué darle vueltas estúpidas.
En el Angie me presentaron a Maite, una chica a quien E había dado cancha la noche anterior, y que se nos acopló un poquillo. Al principio no me hizo mucha gracia, pero como apenas hablaba y yo fui bebiéndomelo todo a mi habitual destroyer ritmo, pues no me importó. Andaba sembrado, está mal que lo diga yo, pero ayer estuve sembrado. Traté de no ser muy sarcástico con E –aunque alguna se me escapó; sobre todo un comentario sobre las medias rojas de red de R, un poco demasiado obvio, que me valió una mirada cuasi asesina de E y la reconvención (fina pero segura) de R. Oído cocina, decidí no seguir atacando por ahí. Pero es que el alcohol me vuelve imprudente y muy, muy irónico. Y pelín malévolo. Me lo pasé en grande, anoche sí.
Tuvimos una charla complicada sobre pederastia; se hablaron cosas políticamente incorrectas. Me reafirmo en lo que dije. Por supuesto que NUNCA defendería a los pederastas (hablo de aquellos que no refrenan sus impulsos y abusan de una criatura), pero mantengo que debe ser una putada sentir deseo hacia los niños. Una gran putada. E se cerró en banda –pensaba en su sobrina de dos años, claro– y utilizó términos como terapia, suicidio ("que se peguen un tiro de mierda"), cosas así. Lo único que yo argumentaba era que sí, por supuesto, que es un crimen el abusar de un niño, pero que debe ser durísimo saberse pederasta. Me explico. Del mismo modo que yo me di cuenta de que era gay y que no había otra que aceptarlo, que nada iba a hacer que esto cambiara (ninguna terapia), porque los impulsos nunca se eligen ni se alteran ni cesan de latirnos en la imaginación, y a E le sucedió, digo yo, tres cuartos de lo mismo con el lesbianismo (mira tú qué pareado), un pederasta descubrirá con horror que lo es. ¿La diferencia? Aunque parte de la sociedad nos humilla y desprecia por ser homosexuales, podemos vivir y respirar –y tratar de ser felices sexual y afectivamente– sin que se nos condene por ello. Algo que no sucedía, por ejemplo, hace treinta años. Un pederasta no, un pederasta será siempre un hijoputa vicioso que merece la cárcel o algo peor. ¿Solución? O se la corta (se frustra y es un desgraciado toda su vida) o cede a sus deseos (y se vuelve un desgraciado que va jodiéndoles la vida a otros). Hostias, qué situación. Me alegro de no estar en su pellejo.
Bueno, el caso es que pasamos la noche con ésta y otras bonitas disquisiciones. Maite se despidió de nosotros cuando ya estábamos en la calle y los tres enfilamos para casa, E&R a la habitación de ésta, yo a mi cuarto, a dormirla.
A, el colombiano Pocahontas, ha reiterado su invitación a Cuenca (¿para ponerme mirando a ídem?) y he de llamar y explicarle (a ver cómo lo hago sin cagarla) que no, que este finde tengo cosas que hacer en Madrid y que mi idea de ir despacio no es pasar todo el sábado pegado a un tipo que acabo de conocer.
Mamá llamó ayer por la tarde, pero no cogí el teléfono. Este mediodía me envía un mensaje al móvil: "Hola. Te llamé ayer y no contestaste. Eva ha tenido a la niña el martes y están muy bien. Besos". He estado a puntito de no responder, pero luego lo he pensado mejor y envié un mensaje de congratulations. Lo que hay es lo que hay, a qué darle vueltas estúpidas.