Y SIGUE LA RESACA
Anoche fue el turno de E. en el Angie. Salimos tardísimo del periódico y nos lanzamos a esas calles del extrarradio a la busca y captura de un taxi salvador que nos acercara hasta el centro y su matriz de bares. El taxi se hizo esperar un buen rato, y mientras tanto tuve una nueva sesión de Tristón y Leoncio en forma de dos chicas pijísimas y redichas (la una), lentas y poco espabiladas (la otra), que trabajan con nosotros. Menos mal que a lo largo del día no tengo mucho trato con ellas, que si no acabaría como las maracas de Machín, o pegándome un tiro o arrojándolas desde el quinto piso en que trabajamos. M. es guapa y alta, con un tipazo de aúpa y todo el moreno de las playas gallegas en la mirada. Profundamente insatisfecha en el periódico (a ella lo que le molaría es realizar entrevistas "humanas" y no cortar y pegar, que es lo que normalmente le toca), destila una ambición desmedida que casi es agresiva y no deja de hablar de temas laborales las veinticuatro horas del día. Qué pereza. Y si se emborracha (alguna vez lo he sufrido), entonces salta al tema del sexo y de su novio en BCN, al que no ve muy a menudo y a quien, literalmente, le debe chupar la médula en cuanto se lo ponen delante. A. es la tontina particular de mi curro, con una vocecilla muy propia de melodramas venezolanos. Es ese tipo de persona que siempre consigue que alguien le saque las castañas del fuego, porque se la ve tan desvalida, tan desatendida, tan poquita cosa que nunca deja de haber algún alma cándida que vaya en su ayuda y le solucione el problema. Para muestra, este botón: siempre termina la última, con bastante diferencia del resto, y sin embargo alguien ha de quedarse con ella para que luego no salga sola a la calle, porque la niña tiene miedo de violadores, pervertidos, gente de mal vivir y hasta de su sombra. Yo se lo tengo dicho a E., son tontos por permitirle estas milongas a una tía adulta de 28 tacazos. En fin.
Ya en el Angie, nos reímos bastante y nos emporramos demasiado. Yo estaba contentillo, porque después de la odisea del ramo internauta, P. me llamó al filo de la medianoche para darme las gracias y decirme cosas bonitas. Esto de tener novio, a mis años y con el carrerón de desengaños, cuernos y tristezas que arrastraba, es todo un descubrimiento. Y lo estoy disfrutando. Así que entre tercio y tercio le conté a E. (por enésima vez) lo contento que estoy. Ella me miraba con uno de sus arqueos de ceja, típicos de Navia, me da en la nariz, así que me callé y cambiamos de tema, que los enamorados somos mu pesados. Hablamos de este blog y del suyo, y nos enzarzamos en una conversación larguísima y con múltiples meandros de la que no recuerdo nada de nada (ah, los porros). Al salir de allí, cerca de las 4.30, fui muy malo malísimo y no quise acompañarla hasta la parada de taxis... Pero es que estaba al lado de casa y taaan fumado. Espero que no me lo recuerde cada dos por tres durante los próximos diez años (capaz es, je je).
Acabo de terminar en el curro, y todavía no me creo que esta primera semana después de las vacaciones se haya ido. Pensé que no sería capaz de superarla. Ahora me esperan dos días de descanso, que aprovecharé para trabajar en la revista de M., que anda de gira por Latinoamérica, y para visitar a P. en Torrevieja (el sábado) y verle actuar en esa obra que tanto sudor y energía le está costando. Tengo ganas de verle.
Ya en el Angie, nos reímos bastante y nos emporramos demasiado. Yo estaba contentillo, porque después de la odisea del ramo internauta, P. me llamó al filo de la medianoche para darme las gracias y decirme cosas bonitas. Esto de tener novio, a mis años y con el carrerón de desengaños, cuernos y tristezas que arrastraba, es todo un descubrimiento. Y lo estoy disfrutando. Así que entre tercio y tercio le conté a E. (por enésima vez) lo contento que estoy. Ella me miraba con uno de sus arqueos de ceja, típicos de Navia, me da en la nariz, así que me callé y cambiamos de tema, que los enamorados somos mu pesados. Hablamos de este blog y del suyo, y nos enzarzamos en una conversación larguísima y con múltiples meandros de la que no recuerdo nada de nada (ah, los porros). Al salir de allí, cerca de las 4.30, fui muy malo malísimo y no quise acompañarla hasta la parada de taxis... Pero es que estaba al lado de casa y taaan fumado. Espero que no me lo recuerde cada dos por tres durante los próximos diez años (capaz es, je je).
Acabo de terminar en el curro, y todavía no me creo que esta primera semana después de las vacaciones se haya ido. Pensé que no sería capaz de superarla. Ahora me esperan dos días de descanso, que aprovecharé para trabajar en la revista de M., que anda de gira por Latinoamérica, y para visitar a P. en Torrevieja (el sábado) y verle actuar en esa obra que tanto sudor y energía le está costando. Tengo ganas de verle.