Diario de Madrid
Sindicación
 
LA MOSCA TSE TSE
Tal que si me hubiera picado una, llevo dos días como atontolinado, medio dormido y con cara de lelo. Algo sordo también. Ya sea en casa, o en el trabajo, o por ahí (acompañado o solo), tengo la impresión de que me deslizo por una rampa de inclinación imperceptible, me voy cayendo por ella y no sé adónde me conducirá, al olvido, al fracaso, a la nada. A poco que me deje llevar, el sueño me vence, me agarra del cuello y se me lleva consigo, a dar un paseo por esos mundos oníricos de dios (paraísos artificiales entre nubecillas de algodón). Hoy he pasado por la mañana sin enterarme, primero un café en Colby (de nuevo mi mesa una especie de consultorio sentimental, esta vez fue el turno de R, que me habló de su cambio de casa, su cambio de estudios, su cambio de vida; y que no folla porque no quiere, se encuentra inapetente y esas cosas... pues qué bien), luego el encuentro fortuito con J "Tenedor", un torbellino de prisas y de proyectos, de simpatía y calor humano. A ver si nos vemos más a menudo, hombre, que este chico me cae bien.
A la una de la tarde estuve en el bareto de Castellana donde trabaja A BAires, para el reportaje de gastronomía. Me invitaron a comer pero preferí dar un paseo por la zona de Gregorio Marañón hasta el parquecito que hay frente a la Escuela de ingenieros industriales, un lugar que siempre me gusta mirar cuando paso cada día con el 150, pero en el que nunca antes puse los pies. Me senté en la hierba, a la sombra de un castaño enorme, y por un momento imaginé que era uno de esos estudiantes que veo a través de la ventana del autobús, desdoblado el espectador en actor de su propio sueño. Por un momento tan sólo: de repente sentí una especie de impostura, me levanté rápido y seguí caminando, sin rumbo fijo.
No