Diario de Madrid
Sindicación
 
DE FIESTA CON M
Aunque anoche bajaron las temperaturas y ya hoy llevo una camiseta de manga larga, el sol acaricia las esquinas de la ciudad con sus dedos de fuego, y da gusto caminar por Madrid, sin el calor sofocante del verano, disfrutando de estos días imprecisos, de transición, que luego se acabarán, tan de repente, para dar paso a la destemplanza del invierno. Como un regalo inesperado, cada mañana al despertarme corro al balcón, abro de par en par las ventanas y siento una felicidad difusa (pero muy real) porque el cielo es de nuevo azul, y el sol derrama su potencia sobre todos nosotros, y su lengua humedece las esquinas, juega al escondite con los gatos en el tejado de enfrente, arrulla a las palomas -lejos de los gatos, como olvidadas de ellos pero alerta, siempre a desmano de sus saltos y sus garras hambrientas de caza. Cada mañana vivo el regalo de otro día hermoso, perfecto. Y lo disfruto pensando que acaso sea el último, que el próximo puede traer en sus alas de tiempo el primer escalofrío de un invierno que está al llegar, que viene para quedarse, quieras que no, por unos meses.

Me he levantado pronto y ya me encuentro mejor que ayer, aunque persiste un ligero dolor en la mandíbula si froto los dientes unos con otros y todavía me duele el cardenal que me hizo V en el cuello. La noche del Viernes, después de cafetear durante toda la tarde en casa de M S (sigue felicísima con R, se le nota en el brillo de los ojos cuando me cuenta; y qué emocionante ese arrodillarse de él frente a ella, ese cogerle la cabeza con las manos, ese hundirse en su mirada y decirle, por primera vez, te quiero); paseamos a Tommy por Huertas, un lento paseo porque el pobre bicho ya tiene 14 años, está ciego y sordo (un ancianito torpón y ladrador). Luego M se pasó por allí y de nuevo, por un rato, fuimos los tres amigos, frase ingeniosa va, risa viene, como un aleteo de ironía y buen rollito en el ambiente. Una vez solos, M y yo cenamos una parrillada por ahí (nada del otro mundo, pero barata) y nos encontramos con E y su amiga X, recién venida de Lugo y con el jet lag del autobús pintado en el rostro. X me pareció una chica muy dulce y muy callada. Hace unos años me hubiera sentido en la obligación de sacarla de su ensimismamiento, no sé, animarla y esas cosas. Tipo relaciones públicas del Princesa del Caribe. Ahora, con la edad (y la experiencia), entiendo y respeto a este tipo de personas silenciosas, parcas en palabras -que no en emociones. Así que no fui muy pesado con ella y dejé que siguiera su tempo, que nos fuera conociendo poco a poco, hasta donde quisiera. Estuvimos primero en una taberna de la plaza de Dos de Mayo, donde se nos unió L (divertida como siempre, y muy guapetona). Fuimos dando tumbos de bar en bar, hasta que recalamos (previa visita al Angie, como era de rigor, para que lo conociera X) en el Mission Cleimd, donde pinchaba nosequién amigo de J&A. Hubo fotografías, a mí se me cayó una mahou entera, que se estrelló contra el suelo y lo dejó todo perdido. Y, cuando iba a sacar el costo de mi tío ante la petición del respetable, no sé qué coño hice que también se fue al suelo. Imposible encontrarlo, entre los trozos de vidrio de la mahou y demás, la piedra se perdió, ya para siempre. A quien lo haya encontrado le habré hecho un favor, porque era buenísimo y merecía la pena el ser fumado.
A las tres de la mañana, los unos estaban cansados, los otros se perdieron por ahí, así que M y yo, solos y muy, muy animados, decidimos continuar por nuestra cuenta. Hacía mucho que no nos corríamos una juerga de antología, por lo menos desde febrero. Nos largamos, sin pensarlo, al Ohm. Allí fue la locura, compramos drogas y dejamos que la química, muy lentamente al principio (como un cosquilleo en las piernas, como una risa floja en la mirada), se fuera apoderando de nuestros actos. Durante horas fuimos unos autómatas que lo bailaron todo, se lo bebieron todo, hablaron con todo el mundo y se lo pasaron en grande. Este tipo de fiestas, repetidas cada fin de semana, no sólo me aburrirían sino que me dejarían grillada la cabeza, como he visto que les ha pasado a muchos. Pero, de vez en cuando, tomarle el pulso a la noche y desfasarse un poco está bien. Uno se siente vivo, maravillosamente vivo.
Acabamos muy tarde ya, a eso del mediodía, en el Nox, un after por Galileo. M ligó con una chica de Valencia, una tal T, que estaba rodeada de muchos amigos, de esos que no te dejan ni a sol ni a sombra. Ella se hubiera ido con él, pero "debía" regresar a Alcalá de Henares con ellos y no pudo ser. Se pasaron los teléfonos y quedaron en llamarse. Yo me encontré con V, un chico al que conocí hace años en Londres, cuando él disfrutaba de una beca como escultor y yo limpiaba habitaciones ganándome el pan con el sudor de mi frente... Durante una temporada quedamos mucho, salíamos por ahí juntos. Sobre todo al Popstarz, al que éramos adictos y donde había un tío guapísimo al que él se estaba tirando. V siempre me resultó atractivo, pero nunca sucedió nada entre nosotros. Hasta que ayer, cuando ya quedaba poco para que nos fuéramos, nos miramos y, sin saber cómo, nos enganchamos como dos posesos. Al final, cada uno se marchó para su casa, pero todavía me quema el recuerdo de sus besos, y el cardenal del cuello me dice que aquello fue muy real. En fin...
M me acompañó a casa y se quedó a dormir. Fumamos tres porros seguidos (pero continúo sin tocar el tabaco) y reincidimos en los extremos de una amistad que me es tan querida como necesaria. Él dice que hemos pasado una temporada más distantes, y puede que tenga razón, pero después de diez años y tantas, tantísimas cosas que hemos pasado, para mí sigue siendo quien es, sin vuelta de hoja. Más que un amigo (no digo un hermano, porque él y yo nos descojonaríamos con el símil...). Soy un tipo afortunado.
 
Comentario:
M a largas zancadas imaginarias hacía ti. Te lee en voz alta, dice que te lee para mi, en realidad creo que es para el mismo. Desde su vaso de Flor de Caña hace un ruido estrepitoso o al menos da esa sensación en el silencio de las 3.08 de la madrugada ese agitar de hielos. agur, nos encontraremos por las calles de esta ciudad o de alguna otra.
 
Comentario:
No era por cotilleo pero reconozco que tiene su morbo me parece que el del chupeton tiene que tener su interees que te voya a decir a ti

Un beso
 
Comentario:
qué bonito ver otro lado, revivir, tener más piezas para construir este puzzle resbaladizo que es el recuerdo. qué bien me cae el que inventó el blog (qué morro tengo). qué bien que puedo leer el diario que más quiero leer. qué resaca tan dulce me sube por el cuello y me llena de vida aunque tenga los párpados enlosetados. cómo me he reído, no sé por qué, con lo del jet lag del autobús pintado en el rostro.
No