AMISTAD VERSUS FAMILIA
Nada es lo que parece. Y cuanto más parece una cosa, más hay que desconfiar. Anoche, por las entrañas de Lavapiés, hablé con E de todo el affaire Paula. Me lo dijo muy claro: “No quiero que vuelvas a meterte en mi vida; y mucho menos que me juzgues”. Tiene razón, al menos en parte. Contesté que nunca hasta ahora lo había hecho, que el deporte del metiche no va conmigo, pero que la historia me había superado y no pude sino enfurecerme con el rumbo que tomaron las cosas. A medida que hablábamos –y E me desvelaba, sutilmente, detalles desconocidos por mí, mensajes de Paula, llamadas, toques de atención parecidos al de las pastas que hizo y pretendía que yo llevara al periódico para E–, me daba cuenta de que mi amiga no es el monstruo que Paula, en plan dulce y virginal doncella, inocente enamorada del amor, me ha hecho ver… Lo cierto es que, hasta que apareció mi prima en escena hace unos meses, nunca tuve un problema serio, de los graves, con E. Y me niego a romper una amistad que me es muy querida a cuenta de los tejemanejes de terceras personas. He comenzado a ver a Paula con otra mirada, y lo que se me presenta no me gusta nada: una lianta de marca mayor. Cuánto mejor vivir solo, sin problemas de ningún tipo, disfrutando de la vida que me he montado y elegido. Para bien o para mal, es mía y de nadie más. La charla de anoche puso las cosas en su sitio: espero que ya no se muevan de allí.
Vi a Natalia, la amiga de Anuska a quien conocí en Vigo. Esta chica me cae bien, sin apenas conocerla. Regordeta y con un desparpajo que puede confundirse con agresividad hacia los otros (pero que no es sino timidez e inseguridad, a mí me va a venir con esas), ya en Vigo tuvimos nuestras más y nuestras menos, ese tipo de encontronazos que lo que auguran es mucha empatía y un cierto reconocimiento inter pares. A ciertas edades, cada día resulta más difícil hallar almas gemelas. Me riñó por la aventura de Avilés, suavemente (porque no le casa con la idea que se ha hecho de mí; uno es mucho más de lo que se ve a simple vista, más complejo, más retorcido y también más paradójico). Resulta que ella es de allí y hasta podría conocerle. Pero no le conoce. Demos gracias.
Vi a Natalia, la amiga de Anuska a quien conocí en Vigo. Esta chica me cae bien, sin apenas conocerla. Regordeta y con un desparpajo que puede confundirse con agresividad hacia los otros (pero que no es sino timidez e inseguridad, a mí me va a venir con esas), ya en Vigo tuvimos nuestras más y nuestras menos, ese tipo de encontronazos que lo que auguran es mucha empatía y un cierto reconocimiento inter pares. A ciertas edades, cada día resulta más difícil hallar almas gemelas. Me riñó por la aventura de Avilés, suavemente (porque no le casa con la idea que se ha hecho de mí; uno es mucho más de lo que se ve a simple vista, más complejo, más retorcido y también más paradójico). Resulta que ella es de allí y hasta podría conocerle. Pero no le conoce. Demos gracias.