ALEGRÍA
Me resisto como gato panza arriba a escribir aquí sobre él. Quizás (no, quizás no, segurísimo) sea un miedo atávico a que también se desbarajuste esta historia, esta mínima historia que, por no ser, no es ni siquiera real. No todavía. En Avilés está la respuesta. Y la solución al misterio, con un poco de suerte, llegará en unos días. De momento, silencio. Sólo constatar que sus llamadas y nuestras conversaciones me han alegrado toda la semana. Y que he cortado amarras con otros pseudo amoríos, más truculentos, para no estropear la inocencia de éste.