ENFADO CON E
Ya está de nuevo en marcha la maquinaria Fundación Autor. Después de una semana remoloneando, esta mañana he visitado a C –aproveché y también estuve con su/nuestro jefe– para llevarme nuevo trabajo a casa. De paso, en un café rápido a pie de barra, le conté a C acerca de la bronca ayer tarde con E. Que me ha dejado un profundo mal sabor de boca, no tanto por lo que le dije (me reafirmo en todo) como por el tono que empleé, bronco y desabrido, que debería haber controlado y no controlé. A la postre, el desembarco de Paula pasará factura, como si lo viera.
Esto de convertirse en abanderado de una causa que no es la mía, en donde ni entro ni salgo, tiene miga. Pero estoy adentro, no lo dudo. O peor: en medio. Me pongo la cota de mallas de San Jorge y salvo a la princesa Paula del dragón E. Pero las cosas nunca son blancas o negras, y llevo varias horas dándole vueltas a la infinidad de grises que hay en este embrollo a tres. Me pregunto si he calibrado bien el ataque frontal, a degüello. De ayer. No quisiera que mi amistad con E –hecha de muchísimas incomprensiones, de silencios, de malentendidos, pero también de cariño y apoyo mutuo, de afinidad, de risas y complicidades, de respeto entre iguales– se fuera al garete por cuestiones ajenas a nosotros dos. Difícil. Por de pronto, hoy toca entonar el mea culpa, excusarme por el tono airado que usé con ella.
Esto de convertirse en abanderado de una causa que no es la mía, en donde ni entro ni salgo, tiene miga. Pero estoy adentro, no lo dudo. O peor: en medio. Me pongo la cota de mallas de San Jorge y salvo a la princesa Paula del dragón E. Pero las cosas nunca son blancas o negras, y llevo varias horas dándole vueltas a la infinidad de grises que hay en este embrollo a tres. Me pregunto si he calibrado bien el ataque frontal, a degüello. De ayer. No quisiera que mi amistad con E –hecha de muchísimas incomprensiones, de silencios, de malentendidos, pero también de cariño y apoyo mutuo, de afinidad, de risas y complicidades, de respeto entre iguales– se fuera al garete por cuestiones ajenas a nosotros dos. Difícil. Por de pronto, hoy toca entonar el mea culpa, excusarme por el tono airado que usé con ella.