INMORTALITÉ
Y este afán de inmortalidad, ¿de dónde viene? Casi todo el mundo disfruta, en mayor o menor medida, con su vida diaria. Se conforman con lo que ésta les presta, sin buscarle tres pies al gato ni tratar de darle la vuelta al guante. Nacen con el consiguiente azotito de regalo, caen en la familia que les toca, primero estudian y luego trabajan, se enamoran y ennovian, huyen de casa de los padres y se montan una propia, tienen hijos y facturas que pagar e hipotecas que les ahogan, pero menos, se caen y se levantan, exaltan la amistad y sufren desengaños de esos que envenenan el alma, envejecen (solos o en compañía) y se jubilan, luego aguantan unos años más entre viajes con el Inserso y pastillas para los achaques, más tarde se mueren, alguien los entierra –o incinera su cuerpo para darlo como pasto al viento– y ya está. Fin de la historia. El único objetivo parece ser la felicidad, así sin más, sin rollos morales ni alharacas. Ya es una cosa difícil, una pica en Flandes esto de ser feliz... Pero luego estamos un puñado de raros que no nos conformamos con lo que hay, que encima queremos trascender de algún modo, conocer las mieles del éxito, las famosas mieles que si no llegan (no tienen por qué llegar, claro) nos hunden en el mayor de los pesimismos. Escribir y publicar, que se nos conozca y aprecie. Llenarnos de egomanía hasta rebosar de amor propio y de autosatisfacción. Que se nos quiera, como decía Bryce Echenique. Lo dicho ayer, un esnob de la farándula que encima va de todo lo contrario. Así no hay manera, Cornelio querido.
El sábado, café en La Antorcha con Raquel y Jose. Comentario sobre este blog (y por ende sobre los basamentos de mis relaciones erótico/sentimentales y desde qué óptica las encaro): cuando hablo de alguien nuevo en mi vida siempre hago referencia a lo guapo y joven que es, nunca a cómo es, a si me gusta su conversación y lo que piensa, a la persona y no al envoltorio que lo adorna. Es cierto, suspiro por un amor que no aparece y soy el primero en dinamitar la posibilidad de ese amor porque en lo único en lo que me fijo es en su belleza. Y no sólo de hermosura vive el hombre. Cuando pienso con la de abajo más que con la de arriba, no me soporto ni yo mismo. Parezco un coleccionista de objetos raros, el eremita encerrado en su cubil que sale a darse una vuelta, caza un poco por deporte y regresa a su madriguera saciado pero vacío. Así una y otra vez. Realmente no le veo solución a esta inmadurez crónica, como no sea la misantropía pura y dura, que cada día que pasa se me hace más apetecible. Algo parecido a: "Si no puedo relacionarme con los demás de un modo óptimo y satisfactorio, mejor será darle la espalda al mundo y renunciar a cualquier tipo de relación afectiva". Triste, triste.
El sábado, café en La Antorcha con Raquel y Jose. Comentario sobre este blog (y por ende sobre los basamentos de mis relaciones erótico/sentimentales y desde qué óptica las encaro): cuando hablo de alguien nuevo en mi vida siempre hago referencia a lo guapo y joven que es, nunca a cómo es, a si me gusta su conversación y lo que piensa, a la persona y no al envoltorio que lo adorna. Es cierto, suspiro por un amor que no aparece y soy el primero en dinamitar la posibilidad de ese amor porque en lo único en lo que me fijo es en su belleza. Y no sólo de hermosura vive el hombre. Cuando pienso con la de abajo más que con la de arriba, no me soporto ni yo mismo. Parezco un coleccionista de objetos raros, el eremita encerrado en su cubil que sale a darse una vuelta, caza un poco por deporte y regresa a su madriguera saciado pero vacío. Así una y otra vez. Realmente no le veo solución a esta inmadurez crónica, como no sea la misantropía pura y dura, que cada día que pasa se me hace más apetecible. Algo parecido a: "Si no puedo relacionarme con los demás de un modo óptimo y satisfactorio, mejor será darle la espalda al mundo y renunciar a cualquier tipo de relación afectiva". Triste, triste.