ÁLBUM FOTOGRÁFICO

He aquí una fotografía del verano de 1975. El chiquillo aupado en las rodillas de su abuela soy yo, seguro en su regazo, mirando tímido a la cámara. Ella es abuelita, tal y como la recuerdo, con la especie de turbante que entonces llevaban todas las señoras de mediana edad a la playa –al menos en Santander, no sé si en otros lugares de España también–, guapetona y contenta, muy contenta y sonriente. Estamos en la terraza de Avenida de los Castros, probablemente en un día de julio, con el sol de la atardecida ya bajo. Por entonces los lazos entre los dos estaban más que consolidados, yo era el nieto preferido (el nietísimo, decían mis hermanos). Un cariño que no hizo sino crecer con el tiempo, que nunca me falló y del que todavía hoy me alimento: una de las cosas más bellas que la vida me ha regalado. Lleva casi un año y medio muerta, siento la culpabilidad de quien no ha llorado su pérdida como debiera, ya no pienso en ella de continuo y el dolor de su pérdida deja paso a una alegría por los treinta y tres años que pude disfrutar en su compañía. Otros no tienen tanta suerte. Son infinidad de momentos y situaciones, anécdotas, enfados, crisis familiares y de las otras. Tanto amor y tanta comprensión son suficiente motor como para tirar solo, sin ayuda de nadie, el resto de mi vida. A veces la imaginación me arrebata en su oleaje hecho de espuma y deseos, en ocasiones juego con la posibilidad de que esté por ahí, en el limbo incierto de los muertos, y me hago a la idea de que puede verme por un agujerito, que se alegra con mis alegrías y me consuela en mis tristezas... Daría lo que fuera por creer en que otra vida es posible después de ésta. Pero sé que no, que solamente en mi memoria ella habla, me escucha y acuna como entonces lo hacía. Algo más solitario, un poco más curtido que antes, ya no navego las aguas turbias de estos años como antes, seguro sobre sus rodillas, caballero andante ilusionado. Esta foto, de alguna manera oscura que se me escapa (por lo tanto, de algún modo que no puedo ni siquiera tratar de explicar), resume toda una relación que nunca más será posible. Y sin embargo, soy un privilegiado por haberla vivido, de eso no me cabe la menor duda.
Comentario:
bello texto, casi me emociono, y mira que acabo de ver a una comunidad autónoma entera celebrando que en señor corre mucho en su coche. O tal vez por eso.
muy divertido el blog, tanto como descarnado
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