Diario de Madrid
Sindicación
 
CALORES VERANIEGOS
Día a día noto los efectos de la salud que vuelve por sus fueros y electriza mi cuerpo. Echo un vistazo a cuanto me rodea y todo son muchachos guapos liberados de ropa que me hacen guiños de complicidad. En la piscina, por ejemplo, me entretengo tan ricamente con los cuerpos que pasan a mi lado, bronceados y fuertes, como frutas maduras al alcance de la mano –pero no tan al alcance, claro, qué más quisiera yo. Voy a Lago, no porque sea la piscina gay por antonomasia sino porque es la que más cerca queda de casa. Normalmente no suelo prodigarme por las instalaciones de arriba, que son un pase continuo de modelos, perfectos en cada músculo de diseño, trabajados en el gimnasio a lo largo de todo el año, estupendos en el traje de baño último modelo. Al verlos ir y venir casi a diario por Chueca, me atrae poco toda la parafernalia que tienen montada en la piscina. Las primeras veces, resulta curioso observar cómo cuando aparece el guapo de turno todo son miradas intensas, contoneos para llamar su atención, risas demasiado agudas y brillo en la mirada. Parecen (parecemos) gallinas cluecas revolucionadas porque llegó el gallo lustroso y follador que nos hará ver las estrellas. Pero esto, que divierte al principio, se torna de un aburrimiento mortal en cuanto uno lo ha visto más de dos o tres veces. Y como yo no entro en el juego de los ligoteos de piscina –no por ética, sino por timidez extrema, las cosas como son–, prefiero quedarme abajo, donde apenas hay gays y sí muchas familias, más grupos de chicos y chicas, también ocupados en el cortejo y apareo estivales. Ellos son muy jóvenes, a veces demasiado niños (hasta me preocupa este peligroso bordear la pederastia), y van en manada, como los cachorros de cazador, olisqueando a las chicas y batallando entre ellos, para demostrar quién es el más fuerte, quién de todos está al mando. Movimientos felinos, lentos y sinuosos, grandes chapoteos en el agua, gritos de placer cuando se vence al contrario. Y yo, mientras tanto, tumbado al sol devastador del mediodía, siguiéndolos con el rabillo del ojo, siempre atento a las figuras clásicas que representan al borde de la piscina, de pie en un grupo compacto, tumbados también sobre su toalla, extendiéndose la crema por brazos y torso y piernas y muslos. Ni qué decir que salgo de allí morenísimo y con unas ganas locas de tirarme al primero que se cruce en mi camino… Así voy pasando los días: una bomba de relojería humana que cualquier mañana estallará. De momento, salvo con Ángel, toca apretarse los machos y esperar.
Anoche estuve por Lavapiés con H&C. Hablando de la declaración de la renta (este año ya no me escapo), que aún no he hecho, me comentaron que puedo desgravar el alquiler y recibir como devolución una pastizara. No me vendría nada mal cara a las vacaciones...
 
Comentario:
un besoteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
 
Comentario:
Donde paras Corn?
 
Comentario:
bueno... este blog murió parece... REST IN PEACE...
No