Diario de Madrid
Sindicación
 
GATO Y RATÓN
Anoche, de nuevo, dormí con Ángel. Quedamos en Tribunal (“en el sitio de siempre”, me dijo, lo que resulta gracioso si consideramos que era la segunda vez que nos veíamos) y fuimos hasta el Angie, donde nos esperaban E y Susana la gallega. Fue una manera de calmar las iras de E –últimamente de lo más rara y susceptible–, que consideraba muy mal el que, habiendo decidido salir a tomar algo, las abandonara por un polvo. Me hinché a coca-cola mientras ellas continuaban con sus cervezas y Ángel se pedía un Aquarius, no entiendo cómo alguien puede beberse eso. Parece que el chico encajó, mal que bien, en nuestra charla, que en algunos casos incluso monopolizó, pero yo no estuve cómodo en ningún momento, tenía la impresión de verle por primera vez, con los ojos despiadados de ellas, ojos y oídos que juzgaban cada gesto suyo, cada frase dicha. No hay cosa peor que ver a alguien reflejado en la mirada de tus amigos. Descubrí en Ángel a un chico estupendo, sensible y agradable, pero con un punto racista hacia los sudamericanos (ni recuerdo con qué término despectivo los llama, pero desde luego es un término muy despectivo) y cierta homofobia interiorizada que asusta. Lo primero que me dejó claro es que odia la pluma… ¿Cómo puede aborrecer algo que, quizás, está también en él? ¿Es consciente de que odiando la pluma se odia a sí mismo? Una cosa es que no te ponga alguien con pluma, de acuerdo, pero de ahí a odiarla dista un mundo de incomprensión y de autocensura. En fin, allá él. Por lo demás, también comprobé que no pilla mi sentido del humor, que uno tras otro, los chistes y bromas con que suelo expresarme caían en saco roto. No sé, la verdad es que me sentí, de algún modo (injustamente) avergonzado. María la rubia, con todos sus defectos, lo expresó muy bien, en una frase cruel pero justísima: “Hay tíos que sirven para la cama, pero que nunca debes pasear por ahí ni presentar a los amigos”.
Luego en casa, tras ver la tele un rato, hablaron los cuerpos; y en ese terreno el entendimiento fue completo. Cuando las pieles se encuentran, en un espacio neutral y a medio camino entre el sexo y la ternura, desaparecen los obstáculos de una relación a la que no veo continuidad alguna. Probablemente nos llamemos el sábado, quizás para un cine, aunque no creo que se quede a dormir: hay fiesta en casa de E por la despedida de M** la médico y Laura, he prometido que iré y, si voy, desde luego me apetece hacerlo solo. De momento, pues, más Valmont que Danceny.

No