DE CALORES, SEXO Y PANTALLAZOS VARIOS
Calor asfixiante. Y me digo que esto no es nada comparado con lo que nos espera... Hoy tenía que asistir a la presentación de algo gastronómico en el Reina Sofía, con algún famoso (David Delfín, Sergi Arola) y famosillo por ahí pululando. Pero entre el cansancio de recoger el monitor de la antigua casa de Javi para subirlo hasta la mía (cuatro pisos a pulso, demasiado para quien, como yo, es un tirillas sin fuerza alguna), el tema agotador de las correcciones para Fundación Autor –con M sobresaturado de trabajo y toda la historia empantanada, con el riesgo evidente de que C se mosquee–, más los antibióticos que estoy tomando, gracias a los cuales voy perfectamente aplatanado por la vida, no me quedaron ganas para la tontería de lo social. Así que hago pellas y, a la misma hora en que debía estar con un canapé en la mano y un zumo de tomate en la otra, escuchando tópicos y repartiendo sonrisas y besos al aire, me relajo con un café en La Antorcha y espero a que den las dos y media para comer con M S. Al trabajo y a mi supuesta profesionalidad, que les vayan dando.
Conocí a Ángel la otra noche, nos caímos bien, subió a casa y follamos. El mes que viene cumple veintidós y aunque no es mi tipo ideal –pero me atrae, y mucho–, posee toda la ternura e inocencia de sus pocos años, algo que suele desarmarme. En la cama, por ejemplo, me abrazaba y comía a besos, cosa que el decálogo del gay del siglo XXI tiene taxativamente prohibido en una primera cita. El caso es que me gustó tanta dosis de cariño (cuando lo normal es que me ponga en guardia y haga saltar todas mis alarmas de soltero recalcitrante). Lo más seguro es que volvamos a vernos. Y eso que me consta, porque me conozco, que la cosa no va a ir mucho más allá. ¿Qué hago? ¿Me cargo estos preliminares que casi seguro se quedarán en eso o hago el paripé del amor, a ver qué pasa? En ocasiones me siento un Valmont en potencia, otras veces sé cuán Danceny puedo llegar a ser. En todo caso, siempre un rompecorazones de pacotilla o un falso ingenuo. Ay.
En el periódico, entronización de ML-R como pontífice máximo (así que me toca discutir con ella lo de una hipotética subida de sueldo y la nueva tarifa de las columnas). Pereza, pereza, pereza. Nos han restringido el uso de Internet y, cuando aparece alguna palabra "sospechosa" (desde gay a puta, pasando por cocaína, follar, etcétera), salta el pantallazo con el anagrama de la empresa y bloquea la página. Parecemos niños pequeños en una guardería de diseño. Lo que ya me tocó los cojones –y de qué manera– es que anteayer no me permitió entrar en el blog para terminar el Diario, por los términos non gratos empleados en él. Hubiera cogido al informático, un gay resentido al que no soporto, y le hubiese dado de hostias.
Conocí a Ángel la otra noche, nos caímos bien, subió a casa y follamos. El mes que viene cumple veintidós y aunque no es mi tipo ideal –pero me atrae, y mucho–, posee toda la ternura e inocencia de sus pocos años, algo que suele desarmarme. En la cama, por ejemplo, me abrazaba y comía a besos, cosa que el decálogo del gay del siglo XXI tiene taxativamente prohibido en una primera cita. El caso es que me gustó tanta dosis de cariño (cuando lo normal es que me ponga en guardia y haga saltar todas mis alarmas de soltero recalcitrante). Lo más seguro es que volvamos a vernos. Y eso que me consta, porque me conozco, que la cosa no va a ir mucho más allá. ¿Qué hago? ¿Me cargo estos preliminares que casi seguro se quedarán en eso o hago el paripé del amor, a ver qué pasa? En ocasiones me siento un Valmont en potencia, otras veces sé cuán Danceny puedo llegar a ser. En todo caso, siempre un rompecorazones de pacotilla o un falso ingenuo. Ay.
En el periódico, entronización de ML-R como pontífice máximo (así que me toca discutir con ella lo de una hipotética subida de sueldo y la nueva tarifa de las columnas). Pereza, pereza, pereza. Nos han restringido el uso de Internet y, cuando aparece alguna palabra "sospechosa" (desde gay a puta, pasando por cocaína, follar, etcétera), salta el pantallazo con el anagrama de la empresa y bloquea la página. Parecemos niños pequeños en una guardería de diseño. Lo que ya me tocó los cojones –y de qué manera– es que anteayer no me permitió entrar en el blog para terminar el Diario, por los términos non gratos empleados en él. Hubiera cogido al informático, un gay resentido al que no soporto, y le hubiese dado de hostias.
Comentario:
jodeer! menuda censura, chico..