FIESTA FALLIDA
Todavía me cuesta olvidar lo de anoche, hacer un esfuerzo de contención y no enfadarme con medio mundo. Recién afeitado, arreglado, perfumado –todos los ados que conforman un atelier minucioso–, salí a la calle poco antes de las diez para encontrarme con Lola y varios más (su compañero de piso, un chico uruguayo, o colombiano, no recuerdo, Ana, su amiga de Jaén, y una parejita que no conocía) en el Montes, por los lavapieses más montaraces y canallas. La idea era tomarse algo en la zona, visitar acaso las Vistillas y aterrizar sobre la una, ya bien entonados, en casa de Rubén, que celebraba su cumpleaños y me había invitado especialmente –según Lola/celestina. Yo me veía muy guapo esa noche, y estaba deseando que pasara el tiempo y saludar al cumpleañero. La última vez que hablamos fue en diciembre, y quién sabe qué podría suceder entre nosotros si se nos concedía el tiempo preciso para ahondar en un conocimiento mutuo que no ha hecho más que empezar. La conversación en el Montes, más tarde en otro garito de Latina y más tarde aún en un bar llamado NdelT no me interesó en ningún momento, y participar en ella era sumergirse en un mar imaginario de aguas inexistentes que no me empapaban, con el pensamiento siempre fijo en otro punto, el mojón de la una de la mañana, la fiesta de cumpleaños, Rubén con los brazos abiertos... La cosa se torció porque hubo que esperar a E, que nunca llega cuando tiene que hacerlo, es una profesional de la impuntualidad (y si se lo recriminas, encima se enfada). Yo comenzaba a impacientarme y miraba de reojo a Lola, sin atreverme a mostrar mi aburrimiento y las ganas de cambiar de escenario, pero muy en niño pequeño que quiere su juguete y lo quiere ya. A las dos, aparecieron por fin E y Eva, junto a Cristina y M** la médico. Traté suavemente de sacarlos a todos de allí, que no se pidieran ninguna copa las recién llegadas y cogiéramos un taxi para Bilbao. No hubo manera: me miraron como al aguafiestas que no soy y prometieron tomarse una rápida e ir luego para allá. Lola llamó a Rubén y éste le dijo que en una hora más o menos levantarían el vuelo de su casa y saldrían a tomar algo, sin rumbo fijo, pero más probablemente a Chueca. Desde luego no se iban a acercar hasta donde estábamos nosotros.
–Perdóname, Cornelio. No vamos a movernos hasta su casa para estar allá menos de una hora.
Me encabroné. De qué manera más tonta, pasé de la esperanzada espera a un desespero monumental. Ya no quise continuar la noche, para qué si el horizonte no me ofrecía ninguna de las excitantes aventuras que yo me había formado en la cabeza. Así que, tratando de esconder mi fastidio, les deseé a todos que lo pasaran bien y volví caminando a casa, un lento paseo mientras rumiaba mi mala suerte. Niño chico sin juguete prometido, incapaz de aceptar que a ninguno de los adultos presentes le importe una mierda si hay o no juguete. Odié a Lola, odié a E por llegar tarde y joder mis planes. Y por encima de todo me odié a mí mismo por alentar tantas estúpidas ilusiones en una fiesta a la que ni siquiera llegué a sumarme. Más me hubiera valido quedarme en casa viendo Salsa Rosa...
Hoy hago lo posible por relativizar las cosas, reírme de ellas y olvidarlas cuanto antes. Una cosa tengo claro: nunca más vuelvo a ponerme en manos de celestinas.
–Perdóname, Cornelio. No vamos a movernos hasta su casa para estar allá menos de una hora.
Me encabroné. De qué manera más tonta, pasé de la esperanzada espera a un desespero monumental. Ya no quise continuar la noche, para qué si el horizonte no me ofrecía ninguna de las excitantes aventuras que yo me había formado en la cabeza. Así que, tratando de esconder mi fastidio, les deseé a todos que lo pasaran bien y volví caminando a casa, un lento paseo mientras rumiaba mi mala suerte. Niño chico sin juguete prometido, incapaz de aceptar que a ninguno de los adultos presentes le importe una mierda si hay o no juguete. Odié a Lola, odié a E por llegar tarde y joder mis planes. Y por encima de todo me odié a mí mismo por alentar tantas estúpidas ilusiones en una fiesta a la que ni siquiera llegué a sumarme. Más me hubiera valido quedarme en casa viendo Salsa Rosa...
Hoy hago lo posible por relativizar las cosas, reírme de ellas y olvidarlas cuanto antes. Una cosa tengo claro: nunca más vuelvo a ponerme en manos de celestinas.
Comentario:
Hey, buen blog!
Obviamente este tema está relacionado con las expectativas. Si consiguiéramos dejar de esperar algo de las situaciones y nos acostumbráramos a fluir con ellas, seríamos mucho más felices, seguro que sí!!
Un abrazo!
Obviamente este tema está relacionado con las expectativas. Si consiguiéramos dejar de esperar algo de las situaciones y nos acostumbráramos a fluir con ellas, seríamos mucho más felices, seguro que sí!!
Un abrazo!
Comentario:
Jops...la verdad es que cuando dependes de gentes, no siempre llega a buen puerto, y encima te cabreas como una mona...
Saludos
Saludos
Comentario:
Pero lo bien que lo pasamos ilusionándonos...