LLAMAN A LA PUERTA
Según escribo, me tiemblan las manos. Acabo de hablar con P por teléfono, ya ni esperaba una llamada suya: ocho meses después de nuestra ruptura, el fantasma se hace ectoplasma, cobra forma física (con las cadenas del recuerdo y de los buenos momentos vividos juntos más la sábana blanca de tantas noches despiertos hasta la madrugada, abrazados y muy cerca el uno del otro) y me pide que tomemos un café esta tarde.
–Si no tienes otros compromisos...
Y da la casualidad de que sí tengo otros compromisos: en cuestión de minutos he quedado con Juan, nueva adquisición vía Internet. Así que le he dicho que a las cinco no puede ser, pero que si le viene bien a las seis...
–Muy bien, a las seis te veo en La ida.
No debería, pero apareceré, más que nada por curiosidad (la que mató al gato). A saber qué quiere –lo mismo recuperar su ropa. El caso es que me he puesto nerviosísimo, trato de serenarme pero este temblor involuntario, que deja un rastro de letras como hormigas borrachas sobre el blanco del papel, delata una emoción torpe, un resto de sentimientos escondidos que salen a la luz vivitos y coleando, después de una larga hibernación. Lo cierto es que, si me pidiera volver, yo no aceptaría: hace tiempo que descubrí que no estamos hechos para ser novios –con todo lo que esta palabra maledetta implica. Pero reconozco que si me lo pidiera, sería como quitarse una espinita que se me clavó bien adentro y aún supuraba de cuando en cuando. Vaya, y para resumir: no tengo ni repajolera idea de qué quiero que suceda esta tarde.
–Si no tienes otros compromisos...
Y da la casualidad de que sí tengo otros compromisos: en cuestión de minutos he quedado con Juan, nueva adquisición vía Internet. Así que le he dicho que a las cinco no puede ser, pero que si le viene bien a las seis...
–Muy bien, a las seis te veo en La ida.
No debería, pero apareceré, más que nada por curiosidad (la que mató al gato). A saber qué quiere –lo mismo recuperar su ropa. El caso es que me he puesto nerviosísimo, trato de serenarme pero este temblor involuntario, que deja un rastro de letras como hormigas borrachas sobre el blanco del papel, delata una emoción torpe, un resto de sentimientos escondidos que salen a la luz vivitos y coleando, después de una larga hibernación. Lo cierto es que, si me pidiera volver, yo no aceptaría: hace tiempo que descubrí que no estamos hechos para ser novios –con todo lo que esta palabra maledetta implica. Pero reconozco que si me lo pidiera, sería como quitarse una espinita que se me clavó bien adentro y aún supuraba de cuando en cuando. Vaya, y para resumir: no tengo ni repajolera idea de qué quiero que suceda esta tarde.
Comentario:
En fins....
Espero que nos cuentes el desenlace...
Saludos!
Espero que nos cuentes el desenlace...
Saludos!
Comentario:
tiemblan las manos y se mecen los barquichuelos que se arrojaron a la sangre, que creiamos hundidos, desaparecidos en nuestro torrente de venas y arterias... Cornelio,,algún día te dejarás sentir? Te dejarás estar a cuerpo y corazón descubierto? Lo estuviste con P?....Espero que hayais tenido un bonito encuentro