LLUVIA ÁCIDA
Junto a la impresión de que Pedro V –nueva y flamante adquisición en el periódico, el primer jefe que tengo más joven que yo (le llevo unos meses), lo que algún día había de llegar pero que siempre fastidia un poco– no me valora porque, hasta la fecha, todo lo mío que ha leído es acaramelado y corintellado, se une ahora el desencuentro de ayer con M-L R, encumbrada en su nuevo puesto de responsabilidad, muy poco dúctil como superiora jerárquica (una tipa que hoy te sonríe con su bocaza llena de dientes y mañana, sin previo aviso, te lanza un zarpazo para demostrar quién manda y quién obedece). Fue una tontería, aunque me dejó mal cuerpo y la duda de si mi posición en el curro es segura o pende de un hilo, como la de tantos. Nubes que amenazan tormenta y a lo peor descargan sobre mis hombros multitud de partículas de lluvia ácida, o puede que se deshagan en hilos finos de algodón y desaparezcan sin más. Todo se andará. Pero estoy deseando que me encarguen nueva columna para redimirme a ojos de Pedro V y a los míos propios.