Diario de Madrid
Sindicación
 
RESTREPO
Resaca. Después del parto largo y penoso del nuevo diseño, unos cuantos nos dispusimos a celebrarlo por todo lo alto: los más irresponsables, no hay duda. Yo cumplí a la perfección mi papel bufonesco de gay liberado a quien los heteros del curro miran con curiosidad no exenta de temor y, cuando cogen confianza, se atreven a preguntar cosas que siempre quisieron saber pero nunca acertaron a formular, por timidez o falta de oportunidades, no sé. Me convertí en un monito de feria desinhibido y procaz. Terminé con demasiadas cervezas encima: hasta más allá de la una y media, he dormido sin imágenes, amparado por una oscura placenta que me envolvía y succionaba por entero. Ahora me recupero del agujero negro donde siempre, mientras afuera el calor pegajoso de la tarde se cuela por entre las brumas de resol y aplatana conciencias. De aquí en adelante, el buen tiempo apretará sus tuercas y ya no habrá sino temperaturas elevadas y verano, verano, verano.
Me obsesiona el haber perdido la capacidad de producir, casi como churros, artículos divertidos y despreocupados. O bien doy a luz cosas políticas, con la mordida de la mala leche asomando sus dientecillos agudos en cada frase, o bien son horteradas romanticonas con ribetes de misticismo que a mí mismo me astragan y aburren. Con los cambios dados en el curro, no estaré tranquilo hasta publicar algo en condiciones, que me reconcilie con la idea de articulista capaz. Esto de ahora –este terror a haber perdido fuste– es peor que el síndrome del folio en blanco. Casi preferiría no escribir nada a dar por válido lo que no debería salir de su escondrijo. Los recuerdos, las sensiblerías y pavadas, las inseguridades, los traspiés morales, que se queden para este Diario y para las charlas de café con los amigos.

La novia oscura que Laura Restrepo consigue sacar de la sombra del olvido, alumbrada con el fulgor de unas palabras como soles. Aquella Colombia de hace unos años que apenas se diferencia de la Colombia actual, santa y pecadora, hecha de sortilegios que alejen el mal de ojo y de procesiones de santos, de sensualidad turbia y placentera, de una religiosidad teñida de sectarismo...
No