TARDE DE SÁBADO
Levantarse por la mañana –no muy temprano, pero tampoco demasiado tarde–, sin resaca (para variar), y salir de casa a mezclar mis pasos con los de cientos de viandantes en este sábado de septiembre. Sentir el sol que todavía quema sobre la piel, vagar sin rumbo, sin prisas, sin destino final prefijado. Y recalar en un café cualquiera, desde cuyas mesas vigilar el ritmo endiablado del centro de Madrid, una curiosa simbiosis entre la calma y la locura, tantos en las calles, entrando y saliendo de las tiendas, de los parkings, de los bares. Saberme hormiguita, una parte minúscula de este hormiguero donde (casi) todo es posible. También la felicidad. No hay obligaciones en la línea del horizonte; ningún trabajo pendiente. Qué bien.
Ayer quedé con E en los cines Princesa para ver la última de Amenábar. Este tío es un genio, o si no poco le falta. Buena dirección de actores, buen manejo de la cámara, sensibilidad que no se confunde, en ningún momento, con ñoñería. Yo también lloré, aunque sólo al final de la peli, cuando toda la platea era ya un mar de lágrimas. Quzás es la dichosa coraza de según M viaja conmigo a todas partes. E sí que se largó una llantina de antología, de esas que te dejan como nuevo, con las pilas cargadas y tal. Sentada a mi lado, oía de vez en cuando cómo se sorbía la nariz, mientras que justo detrás nuestro se escuchaban los comentarios de una pareja de mediana edad, de los que siempre han de contarse (y contarnos) la película. E afirma que ella ni se enteró, tan metida estaba en la trama. Y que soy un gruñón (no con estas palabras, pero por ahí iba la cosa). A lo mejor está en lo cierto, la verdad es que de vez en cuando saco al perro de la misantropía, le doy una vuelta por ahí, para que haga sus necesidades y corretee, y luego lo vuelvo a meter en casa, hasta la próxima. Sí que me molestan muchas cosas de los demás, su falta de respeto al hablar en voz alta en un cine; su presencia excesiva y sudorienta en el bus, una tarde oscura y lluviosa de invierno; cuando cenas en algún sitio y al lado te toca una despedida de soltero. P decía que parezco un abuelo, protestando por todo. Mi madre, de niño, que qué poco sentido del humor tengo, que cuando sea viejo no me va a aguantar nadie. Igual esa falta de empatía con el medio ambiente es lo que hace que la gente se acerque (primero) y se aleje (inmediatamente después). Reconozco que determinado tipo de persona me saca de quicio. Y que la paciencia, para la estupidez y la estulticia, nunca la tuve larga. Pero me temo que a estas alturas va a ser complicadillo el cambiar. A quien le guste, bien, y a quien no, pues a otra cosa.
La noche del jueves, después del curro, nos tomamos unas cañas E y yo en el Angie. Hablamos de mi ruptura con P y de si estamos o no preparados para la vida en pareja, que es tan dificil de llevar. Ella dice que echa de menos un vínculo con el mundo de las lesbianas, que últimamente su círculo de amigos son un conjunto de parejas hetero y que toda su actividad bollo se resume en alguna llamada en la noche de A y los mensajes de móvil (agradables o bordes, según su estado de ánimo) de N. Aparte de su relación conmigo, que en ocasiones alcanza cotas elevadas de cariño, otras de resentimiento. Salir sola no es la solución, porque asegura que las bolleras son muy cerradas, que acceder a un grupo de lesbianas amigas es casi imposible sin que alguna te introduzca previamente. Puede que tenga algo de razón; entre los gays es diferente, si eres guapo y joven, enseguida se te abren las puertas. Las hay que conducen directamente a una cama, un polvo y la promesa de una llamada que nunca se cumple, y ya está. Pero algunas, con o sin cama previa, devienen amistad. Creo que E exagera, que pasa ahora por momentos duros y que todo cuanto toca lo tiñe de un pesimismo enfermizo que no le hace ningún bien. Yo veo ante mí a una chica de 27 años, guapa y seria como un ratoncillo, muy interesante y seductora. No en vano, cuando nos conocimos, sentí una atracción por ella cercana al amor. Y me fastidia ver que no se saca partido, que se mete en su concha amarga y no asoma la cabeza sino en contadas ocasiones... La otra noche, cuando nos cerraron el Angie, fuimos al Escape, en pleno Chueca, por ver si E se ligaba a alguna –ésa era mi intención. Terminé borrachísimo y, a eso de las cuatro, se me despertaron todos los instintos de golpe, me puse la gorra de cazador y dejé a E sola con sus neuras. Con un ansia terrible, me lancé a la noche y terminé en mi cuarto con un mulato al que conocí en un bar, que me entró y me hizo gracia. Ni siquiera recuerdo muy bien su rostro, mucho menos su nombre. Fue un polvo simpático y sin mayor trascendencia. Otra muesca en el fusil para tratar de enterrar la imagen de P y olvidarle cuanto antes. Ni ha llamado ni espero que lo haga en un tiempo. A veces me descubro pensando en él, o suena música de Bowie, de los Cure o Elbicho y me viene a la mente (como una foto-fija desde el pasado) la imagen de P en mi cama, cuando me acariciaba muy suave y me decía "cuánto te quiero". Aparto los pensamientos fúnebres como quien despeja de telarañas el viejo desván de casa y miro a mi alrededor. Sorprendido. La vida fluye, no se detiene por nada ni por nadie, aunque nos hiele el corazón un golpe seco, o se nos corte el aliento y surjan la angustia y el temor, como una bola negra en el pecho que nos impide respirar. Mis problemas, que por ser míos se me antojan un mundo, apenas sí resisten la mirada de los otros. Nadie es tan importante, y la función de esta obra antiquísima continúa (con diferentes actores, con nuevos decorados), debe continuar.
Ayer quedé con E en los cines Princesa para ver la última de Amenábar. Este tío es un genio, o si no poco le falta. Buena dirección de actores, buen manejo de la cámara, sensibilidad que no se confunde, en ningún momento, con ñoñería. Yo también lloré, aunque sólo al final de la peli, cuando toda la platea era ya un mar de lágrimas. Quzás es la dichosa coraza de según M viaja conmigo a todas partes. E sí que se largó una llantina de antología, de esas que te dejan como nuevo, con las pilas cargadas y tal. Sentada a mi lado, oía de vez en cuando cómo se sorbía la nariz, mientras que justo detrás nuestro se escuchaban los comentarios de una pareja de mediana edad, de los que siempre han de contarse (y contarnos) la película. E afirma que ella ni se enteró, tan metida estaba en la trama. Y que soy un gruñón (no con estas palabras, pero por ahí iba la cosa). A lo mejor está en lo cierto, la verdad es que de vez en cuando saco al perro de la misantropía, le doy una vuelta por ahí, para que haga sus necesidades y corretee, y luego lo vuelvo a meter en casa, hasta la próxima. Sí que me molestan muchas cosas de los demás, su falta de respeto al hablar en voz alta en un cine; su presencia excesiva y sudorienta en el bus, una tarde oscura y lluviosa de invierno; cuando cenas en algún sitio y al lado te toca una despedida de soltero. P decía que parezco un abuelo, protestando por todo. Mi madre, de niño, que qué poco sentido del humor tengo, que cuando sea viejo no me va a aguantar nadie. Igual esa falta de empatía con el medio ambiente es lo que hace que la gente se acerque (primero) y se aleje (inmediatamente después). Reconozco que determinado tipo de persona me saca de quicio. Y que la paciencia, para la estupidez y la estulticia, nunca la tuve larga. Pero me temo que a estas alturas va a ser complicadillo el cambiar. A quien le guste, bien, y a quien no, pues a otra cosa.
La noche del jueves, después del curro, nos tomamos unas cañas E y yo en el Angie. Hablamos de mi ruptura con P y de si estamos o no preparados para la vida en pareja, que es tan dificil de llevar. Ella dice que echa de menos un vínculo con el mundo de las lesbianas, que últimamente su círculo de amigos son un conjunto de parejas hetero y que toda su actividad bollo se resume en alguna llamada en la noche de A y los mensajes de móvil (agradables o bordes, según su estado de ánimo) de N. Aparte de su relación conmigo, que en ocasiones alcanza cotas elevadas de cariño, otras de resentimiento. Salir sola no es la solución, porque asegura que las bolleras son muy cerradas, que acceder a un grupo de lesbianas amigas es casi imposible sin que alguna te introduzca previamente. Puede que tenga algo de razón; entre los gays es diferente, si eres guapo y joven, enseguida se te abren las puertas. Las hay que conducen directamente a una cama, un polvo y la promesa de una llamada que nunca se cumple, y ya está. Pero algunas, con o sin cama previa, devienen amistad. Creo que E exagera, que pasa ahora por momentos duros y que todo cuanto toca lo tiñe de un pesimismo enfermizo que no le hace ningún bien. Yo veo ante mí a una chica de 27 años, guapa y seria como un ratoncillo, muy interesante y seductora. No en vano, cuando nos conocimos, sentí una atracción por ella cercana al amor. Y me fastidia ver que no se saca partido, que se mete en su concha amarga y no asoma la cabeza sino en contadas ocasiones... La otra noche, cuando nos cerraron el Angie, fuimos al Escape, en pleno Chueca, por ver si E se ligaba a alguna –ésa era mi intención. Terminé borrachísimo y, a eso de las cuatro, se me despertaron todos los instintos de golpe, me puse la gorra de cazador y dejé a E sola con sus neuras. Con un ansia terrible, me lancé a la noche y terminé en mi cuarto con un mulato al que conocí en un bar, que me entró y me hizo gracia. Ni siquiera recuerdo muy bien su rostro, mucho menos su nombre. Fue un polvo simpático y sin mayor trascendencia. Otra muesca en el fusil para tratar de enterrar la imagen de P y olvidarle cuanto antes. Ni ha llamado ni espero que lo haga en un tiempo. A veces me descubro pensando en él, o suena música de Bowie, de los Cure o Elbicho y me viene a la mente (como una foto-fija desde el pasado) la imagen de P en mi cama, cuando me acariciaba muy suave y me decía "cuánto te quiero". Aparto los pensamientos fúnebres como quien despeja de telarañas el viejo desván de casa y miro a mi alrededor. Sorprendido. La vida fluye, no se detiene por nada ni por nadie, aunque nos hiele el corazón un golpe seco, o se nos corte el aliento y surjan la angustia y el temor, como una bola negra en el pecho que nos impide respirar. Mis problemas, que por ser míos se me antojan un mundo, apenas sí resisten la mirada de los otros. Nadie es tan importante, y la función de esta obra antiquísima continúa (con diferentes actores, con nuevos decorados), debe continuar.
Comentario:
espero que no te importa te he puesto un link jejee
Comentario:
Que bien un blog para saber cosas de Madrid yo hago algo parecido con mi ciudad BCN SITY y sus restaurantess