Diario de Madrid
Sindicación
 
NOCHES Y COSAS
El calor ha llegado en un rapto de voluptuosidad que, por las noches, llena las terrazas del centro y deja una película finísima (como de calma tranquila) en el rostro de la gente. La noche del jueves y la de ayer anduve por la zona de Plaza Mayor y Latina, que no son mis cotos de caza habituales, donde cientos de jóvenes se agolpaban en unos cuantos metros cuadrados para celebrar la llegada del buen tiempo, que falta nos hacía.
Una vez libres de la carga laboral, igual de agotadora pero más controlada que la semana pasada, el jueves estaba por irme a casa, y fue tras la insistencia de Anuska cuando decidí darme el enésimo homenaje y acompañarlos a todos (Anuska, Javi&Carol, que mantienen su tórrido romance, R y E) por ahí. Apareció Iván, asturiano afincado en Valencia, amigo de Anuska. Estaba en Madrid para presentarse a las pruebas como Policía Nacional, pero le han tumbado, así que el chaval andaba algo cabizbajo y, previamente, se había metido él solito tres litros de cerveza entre pecho y espalda. Guapo y cachas, me llamó la atención el interés desusado con que me hablaba, buscando el contacto físico. ¿Qué sucede estos días? A lo mejor he florecido, estoy en mi mejor momento y ni me he dado cuenta. Quién sabe (desde luego, yo no). El caso es que, otra noche más, me vi admirado y deseado. Todo se aclaró cuando Iván, sin pestañear, lanzó a los cuatro vientos una declaración de principios en toda regla.
–Yo soy hetero, pero desde hace años salgo por el ambiente (mi primo es gay, te encantaría: guapísimo, y me introdujo en su mundo). Para qué te voy a mentir, me he acostado con tíos, puede que veinticinco o más. Si me lo paso bien y me lo pide el cuerpo, ¿por qué me tengo que cortar?
Al tiempo que me ceñía la cintura y rozaba su costado con el mío. Iniciamos una conversación plagada de dobles sentidos y mucha picardía. Cuando cambiamos de bar –a una tasca pequeñita forrada entera en madera, con dos o tres paisanos de más de sesenta como única clientela y música aflamencada de fondo–, todos me observaban sorprendidos, como diciendo "caray con Cornelio, no pierde el tiempo". Fue entonces cuando se torcieron las cosas. Yo daba por sentado que él se vendría conmigo para echar el polvazo del milenio, pero bebimos demasiado, se alargó el juego en exceso y el interés del pájaro se diluyó en un fárrago de alcohol. Ayudó lo suyo R, que se puso a bailar delante suyo, en plan odalisca voluptuosa. Al comprobar que él no era insensible a sus movimientos (la seguía con mirada de lobo y me decía: "Joder, tío, llevo sin hacerme una paja más de ocho días") incrementó los giros y miraditas hacia Iván, que se desentendió de mí. En ese instante, a qué negarlo, la hubiera matado. Mantuve la sonrisa como si nada de aquello fuera conmigo e interpreté el papel de quien está por encima de esas menudencias.
–Pero esta chica, ¿no está enrrollada con E?
–Lo estuvieron. Aunque ya no, es bisexual.
–Ostias, chaval, pues cómo se mueve la cabrona.
Es lo que tiene ligar con heteros liberados, que durante un tiempo los seduces pero enseguida, en cuanto se cruza en su horizonte la posibilidad de una chica, se desentienden de ti. Iván llegó a proponerme un trío con R y él. Contesté que no, porque no me veo en la cama con R. Después, a la mañana siguiente, todo sería muy embarazoso. Y además, no me gusta nada. Paso de movidas a tres.
A la postre, R sólo estaba jugueteando con él y no continuó por ese camino, así que cada uno se marchó para su casa, con el calentón consiguiente. Fue divertido, sin embargo.
Anoche salimos M y yo con H&C. Por Latina, primero en una terraza y más tarde en el Marula, donde sufrimos ración doble de pesados. Una chica se puso a hablar con M –que está muy mal de lo suyo, con tremendas ganas de echar un polvo– y poco más tarde cambió de idea y me dio la chapa a mí.
–Guapetón, me encanta tu sonrisa. Tenía que decírtelo, es preciosa.
Pues mira tú qué bien. Sonreí de nuevo y me escapé de ella como pude. Entonces fue a C a quien le tocó el turno; un tipo comenzó a darle la brasa a H y, devorándola con la mirada, la piropeó sin reservas:
–Eres guapísima, la tía más guapa de todas. ¿Con quién de ellos estás?
–Con los tres.
–¿Sí? Qué suerte.
En fin. Noches y cosas.
 
Comentario:
estos dos últimos posts m han dado una idea para un repor sobre la heterosexualidad liberada, ya t cuento. bso!
No