Diario de Madrid
Sindicación
 
MEDIODÍA EN LAVAPIÉS
En la taberna Chilostra, Lavapiés, con música de St Germain como fondo a una mañana hermosísima de otoño. A mi alrededor, pocos en las mesas y en la barra. Qué placer este momento raro de soledad, en pleno centro de Madrid, mientras el mediodía se despereza y crece poco a poco hasta alcanzar la cúspide de una tarde tranquila y reposada. Vengo de casa de M, donde he dormido después de una sesión maratoniana de cortos españoles, conversación con el amigo, cerveza y porros. Siempre viene bien la compañía de M en mi vida. Saber que puede haber incendios, soplar huracanes, abrirse el suelo con el temblor de un terremoto, pero que él está allí para compartir experiencias. No sólo cuando uno se siente con los huesos doloridos después de caerse, por enésima vez, del caballo asilvestrado que es la vida, sino en todo momento. Disfrutar los altos, minimizar los bajos.
Y en eso ando empeñado. Minimizando, que es gerundio. Ya lo escribí ayer aquí: la evidencia del abandono se me hace menos cuesta arriba que la incertidumbre de ser o no amado. Claro que jode el que a uno le rechacen. Se ponen en marcha todos mis mecanismos de autodestrucción, el ego se resiente (de qué manera) y parece que el mundo, tan variado, se reduce a su mínima expresión, pierde color y se torna una serie infinita de fotogramas en blanco y negro. Contra la impresión en sepia del universo que me rodea es contra lo que he de luchar. P es un síntoma, un botón que hace la muestra, un signo de interrogación más en la larga cadena de despropósitos que arrastro. Y la solución, me parece, pasa por atarse los machos, asomarse sin miedo a la sima del interior (no importa lo que veamos) y tirar para adelante. He de aprender a quererme, y entonces seguro que aparece alguien en mi vida, sin necesidad de buscarlo, sin que haya que convocarlo con los ojos del deseo y de la imaginación. El día en que me reconcilie definitivamente con la maraña de pulsiones encontradas que me dominan, que me confunden, que me pueden, ese día vendrá a llamar hasta mi puerta un P renovado, un P cualquiera, y podré construir algo a su lado. O no. Quién sabe. A lo mejor entonces ya no quiero a ningún P, puede que ya no sea preciso encontrarlo... En una entrevista de hace varios años, Chavela Vargas, refiriéndose a su turbulento pasado de amores, desengaños y pasiones siempre fracasadas (todo lo que termina, de un modo u otro, implica un cierto grado de fracaso), decía que era otra persona desde que se sentía inmune a los embates del amor. Después de lustros dándose de cabezazos contra la pared, en busca quizás de una salida, un ventanuco desde el que admirar el mar, una puerta, por muy pequeña que fuera, para colarse en el corazón del otro, ese amor/pasión ya no tenía cabida en su vida. Se sentía tranquila, en paz consigo misma. En ese momento, cuando lo leí, me pareció la paz de los cementerios, aquello se me antojaba una cosa tristísima, las palabras de una muerta viviente con la voz cascada y el rostro devastado de quienes han vivido tanto que ya están de vuelta de todo. No sé. Ahora anhelo esa calma seráfica, ese mirar de frente a los delirios amorosos y reírse de sus cantos de sirena, porque ya no hace falta que nadie nos ate al mástil de ningún barco. Oímos el ulular insistente de su son y nos quedamos como estamos. Ni frío, ni calor. Puede que alcanzar ese estadio zen sea la solución. ¿Y mientras tanto? De momento, a lamerse las heridas y a esperar. Que el tiempo -esa alcahueta- lo cura todo.

Ahora en el curro, a punto de dar carpetazo a una semana más. Saldré con la pobre E, que de nuevo tiene problemas con el coche (algo de la ventanilla, que no funciona) y necesita unas cañas de apoyo. Por mí que no quede. Mañana llamaré a D, con quien comí el otro día en el Momo, a ver si se anima y sale un ratillo por la noche. El sábado será el turno de C&H, que montan fiestuqui en casa para saludar al otoño y, con esta excusa, reúnen a unos cuantos que hace tiempo que no veo. Habrá que aguantar el chorreo de preguntas, supongo...
 
Comentario:
drogados, borrachos o en diarios íntimos que aparecen en mi pantalla... me gusta, me gusta... yo lo que quiero es que tú no te conviertas ya en chavela. no todavía.
 
Comentario:
aaayyyy, cornelio, que cerca se siente una aun estando tan lejos!!!
un besin, desde el otro lado del charco : )
 
Comentario:
Hey, Cornelio, te importa que te linke? Hala, entre lazo y lazo, hagamos una telaraña. Un saludo
No