Diario de Madrid
Sindicación
 
LÍO MENTAL
Desperté con un dolor de cabeza persistente, fruto de la resaca, y a golpe de Ibuprofeno me lo he quitado de encima. La casa era un océano de luminosidad, por las ventanas abiertas del salón y la cocina se colaba el sol, como un intruso bienvenido que acariciaba en ondas de calor las paredes, los muebles, el suelo. Después de la ducha, recogí la casa, algo desordenada porque Anita invitó a varias amigas a cenar. Luego, cosa rara en mí, lavé toda la platada que dormitaba plácida y pringosa en el fregadero. Y resultaba agradable estar allí de pie, descamisado, la mente en otra parte y con la primavera aposentándose sobre las cosas, a medida que los platos y cubiertos y vasos iban quedando limpios. Con la sensación del deber cumplido –y disfrutando de antemano la sorpresa que mi prima se llevará cuando llegue y vea que todo está recogido– he salido a la calle para venirme hasta La Antorcha a escribir un rato y a leer ("El pasado", de Alan Pauls). Saber que hasta el domingo no trabajo, que dispongo de cuarenta y ocho horas de asueto, vírgenes de obligaciones, es suficiente para que un ramalazo de felicidad me recorra la espina dorsal. Hoy apetece irse al Retiro, por ejemplo, y pasar la tarde tirado sobre el césped, como una lagartija de dimensiones monstruosas al sol.
Pero no. A las dos y media veré a Víctor, un chavalín de veintiuno que desde hace un tiempo está interesado en conocerme. Así será. Después, sobre las seis, he de llamar a R**, que anoche me envió un mensaje/toque de atención. Me sentí culpable por haberlo apartado tan drásticamente de mi vida y decidí darle a la historia una oportunidad. Roberto es una bandada de pájaros hermosos que sobrevuela alta mi cielo, una posibilidad que, a lo mejor, nunca se cumple. R** está ahí: a pesar de mi desidia y falta de interés, llama a la puerta para que le deje entrar. A lo mejor va siendo hora de que yo me vuelva más conservador en mis relaciones y acepte lo que vaya llegando sin mirarle tanto los dientes a cuanto caballo me sea regalado.
 
Comentario:
Yo te sigo dando mi opinión hasta que te canses de mí y me mandes lejos (que ya lo estoy). Nada de sexo con el veintiunañero y céntrate en R, te ha "tocado" más que nadie hace tiempo, y tú tienes una vida plena de gente y cosas como para perder el tiempo. Ducha fría y a esperar. Un abrazo.
No