Diario de Madrid
Sindicación
 
AMBIVALENCIAS
Al final no escribí ni una línea, con lo que me toca darme la paliza ahora, en cuanto termine de apuntar esto. Me he despertado poco antes de las nueve y media, cosa difícil de creer en mí, pero en lugar de salir a toda prisa de casa para trabajar cuanto antes (yo, en casa, nunca me concentro), me he pasado la mañana remoloneando entre la cocina y el salón. De manera que aquí estoy, a las doce y media del mediodía y sin haber dado un palo al agua. Miro por la ventana del bar y compruebo que el día parece que se salvará: después de unas nubes que afeaban el panorama, el sol ha salido con fuerza y por las esquinas de la ciudad el buen tiempo vocea sus ofertas de jardines y parques públicos. Mi estado de ánimo es ambivalente, y de ello tiene gran parte de culpa el cómo van las cosas en el periódico. Yo no puedo quejarme, de momento, pero ayer se respiraba una tensión en el curro, entre mis compañeros, que no es de extrañar, porque llevaban todos allí desde las diez de la mañana, a cuenta de las famosas reuniones que los suecos han impuesto. Los ánimos andaban soliviantados y la gente se mostraba irascible en extremo. Corren aires de revuelta popular por los mentideros de la redacción –supongo que se quedarán en nada. No sé si esto es positivo para la marcha del trabajo. E tuvo problemas con ML R, que está insoportable en su nueva posición de directora en funciones. Parece que espera a que uno esté a punto de estallar de trabajo acumulado y entonces, con una crueldad oriental, se dedica a tocar los huevos. Esta vez fue a E a quien le cupo el dudoso honor de ser centro de atención de la arpía. Jamás antes la vi tan descompuesta, hasta lloró por culpa de ML R. No delante suyo, claro, que esa alegría no hay que dársela nunca si se puede evitar.
De cabeza nos fuimos al Angie. M y su prima estaban en el Kabokla, porque Julio actuaba allí, pero E no se sentía de humor como para mandangas caribeñas y decidimos esperarlos en el espacio de tranquilidad que es Angie. Por lo visto, con ellos estaba Roberto, y la idea de verle me ilusionaba, a qué negarlo. La putada es que se le hizo tarde y cogió el metro antes de que M y compañía llegaran hasta donde estábamos nosotros. Qué pena, penita, pena... A los diez minutos me fui para casa, con un sentimiento cercano a la frustración. Si seré crío.
 
Comentario:
Ei, me llamaste tonto, no se me olvida, Cornelio, me llamaste tonto por esperar el comentario de Tom, jeje, si es que yo también soy un crío, ya lo sabemos, ahora quiero ser Wendy, fíjate, pero no te imagines una Wendy cursi y ñoña, esta Wendy viste de Pull&Bear y se caga en la puta madre de su jefe muchas veces, es muy mal hablada, y escupe en los buzones, esta Wendy va a crecer, pero si Peter Pan le descubre algo, pues mira, eso que nos llevamos. Por eso yo también soy un crío, jeje, aunque en tu caso no lo tengo muy claro, yo te veo muy sensato, con tus cosas, pero sensato.
Y a ver qué pasa con el tal Roberto, a ver si le plantas cara y descubres algo más, a ver, a ver, yo también predigo un encuentro jugoso, como desparafusado.

Pasaré a enterarme.
Un beso.
 
Comentario:
Dale tiempo, os volveréis a encontrar y va a haber post jugosos. firmado: pitoniso desparafusado.
No