CÓNCLAVE
Café y zumo en una mañana dispersa, que ha pasado del sol de las diez a este cielo cuajado de nubes de la una de la tarde. Dentro de un rato comeré con Marisa, de A&C, para inaugurar la nueva temporada como crítico gastronómico. Y luego a la redacción, donde siguen cayendo cabezas con cuentagotas, imperando la ley del miedo y la delación, un "mañana me puede tocar a mí" y un "voy a putear al vecino antes de que éste me putee a mí" que, en mi opinión, no son el mejor caldo de cultivo para hacer un periódico. Allá ellos. Los suecos, por ahora, son la última asomada de salvajes que nos ha invadido, en una razia que se alarga en el tiempo pero no ha de durar eternamente. A estos también habrá que sobrevivirlos, no hay más remedio que apretar los dientes y aguantar el chaparrón.
Ya estamos de lleno metidos en la fumata negra/blanca, a la espera de que salga un Papa del conjunto de cardenales encerrados a cal y canto en la Capilla Sixtina. Me es indiferente quién sea el elegido, en ningún caso le va a tocar a un revolucionario con ideas complicadas para la Curia –a esos, como sucedió con Juan Pablo I, se los cargan rápido, con nocturnidad y alevosía–, y el nuevo Papa, sea considerado más o menos liberal, siempre resultará un conservador con piel de cordero (Madariaga) o, directamente, con dientes amarillos de lobo feroz (Ratzinger). Sólo espero que la famosa fumata blanca salga al mediodía y no a las ocho de la tarde. Lo que nos obligaría a cambiar páginas en el último momento. Ya queda menos para que todo termine.
Es una suave zozobra. Los prolegómenos de una primavera que alterar, lo que se dice alterar, no altera nada, pero sí revoluciona un poco las hormonas. Aunque tampoco es esto. Mis hormonas andan muy calmadas las pobres. Es el espíritu, necesitado de alimento, el que se revuelve en su cuna dorada y exige el biberón de las tres, y luego el de las seis, y aún el de las nueve. Un bebito ruidoso que pide a gritos su dosis de cariño.
Ya estamos de lleno metidos en la fumata negra/blanca, a la espera de que salga un Papa del conjunto de cardenales encerrados a cal y canto en la Capilla Sixtina. Me es indiferente quién sea el elegido, en ningún caso le va a tocar a un revolucionario con ideas complicadas para la Curia –a esos, como sucedió con Juan Pablo I, se los cargan rápido, con nocturnidad y alevosía–, y el nuevo Papa, sea considerado más o menos liberal, siempre resultará un conservador con piel de cordero (Madariaga) o, directamente, con dientes amarillos de lobo feroz (Ratzinger). Sólo espero que la famosa fumata blanca salga al mediodía y no a las ocho de la tarde. Lo que nos obligaría a cambiar páginas en el último momento. Ya queda menos para que todo termine.
Es una suave zozobra. Los prolegómenos de una primavera que alterar, lo que se dice alterar, no altera nada, pero sí revoluciona un poco las hormonas. Aunque tampoco es esto. Mis hormonas andan muy calmadas las pobres. Es el espíritu, necesitado de alimento, el que se revuelve en su cuna dorada y exige el biberón de las tres, y luego el de las seis, y aún el de las nueve. Un bebito ruidoso que pide a gritos su dosis de cariño.
Comentario:
Aunque no te conozco creo que claudicas rápido para no complicarte pero deberías darte una oportunidad con R. Eso sí, lo de los poster de rubias en tetas es imperdonable, como para mi que un tio lleve castellanos brillantes o cosas por el estilo.
Me he mudado por problemas técnicos con ya.com; mi nuevo enlace es http://desparafusado.bitacoras.com
Un abrazo.
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