REENCUENTRO
Cumpleaños de papá. El número sesenta y cuatro, a un paso como quien dice de la tercera edad. Acabo de enviarle un mensaje al móvil y ya tengo acuse de recibo. Cumplido, pues, con las convenciones sociales y la Normativa del Buen y Amante Hijo.
Ayer quedé con P** en La ida a las siete y media. Como el bar estaba hasta los topes de gente, entramos en Bodegas la Ardosa. Cervezas y conversación distendida. Ya un poco tocadillos, terminamos en el Nanai, que él no conocía. Juego de miradas, deseo en el aire (por mi parte, clarísimo). Al final subimos a casa con la intención de ver una película y nos encontramos arriba con mi prima y su amiga (que se va mañana a Santander). Noté que P** se puso tenso, no esperaba que hubiera nadie en el piso y debió cortarse –le entiendo: yo también me hubiera sentido violento.Tras un primer conato de inhibición, le presenté y los cuatro, en amor y compañía, vimos "Requiem for a dream", que les impresionó. Lógico. La película es dura y no deja indiferente a nadie.
Al terminar la peli, me moría de ganas por ir al cuarto con P**, pero éste se hacía el remolón (supongo que le daba apuro lo evidente que resultaba que íbamos a hacer algo más que punto de cruz juntos. Le llamé para que me acompañara pero se quedó allí, hablando con ellas y riéndose de no sé qué que daban por la tele. Mientras, yo observaba desde el balcón el brujuleo incierto de la gente en la calle, unos metros más abajo, en plena fiebre de viernes noche. Anita fue inteligente y se despidió enseguida con la excusa del sueño y del madrugón que le esperaba. Su amiga (¿Ainhoa? Nunca recuerdo el nombre de esta chica) fue detrás inmediatamente. Una vez solos en el salón, nos enganchamos el uno al otro con una violencia que eran ganas atrasadas y principió un periodo de intimidad que había echado en falta (sin siquiera saberlo) estas últimas semanas. P** es un tío estupendo, y en la cama hay muy buena conexión entre los dos. Lo pasé muy bien, a pesar de algunos inconvenientes dermatológicos que a mí, personalmente, no me molestaron.
Ayer quedé con P** en La ida a las siete y media. Como el bar estaba hasta los topes de gente, entramos en Bodegas la Ardosa. Cervezas y conversación distendida. Ya un poco tocadillos, terminamos en el Nanai, que él no conocía. Juego de miradas, deseo en el aire (por mi parte, clarísimo). Al final subimos a casa con la intención de ver una película y nos encontramos arriba con mi prima y su amiga (que se va mañana a Santander). Noté que P** se puso tenso, no esperaba que hubiera nadie en el piso y debió cortarse –le entiendo: yo también me hubiera sentido violento.Tras un primer conato de inhibición, le presenté y los cuatro, en amor y compañía, vimos "Requiem for a dream", que les impresionó. Lógico. La película es dura y no deja indiferente a nadie.
Al terminar la peli, me moría de ganas por ir al cuarto con P**, pero éste se hacía el remolón (supongo que le daba apuro lo evidente que resultaba que íbamos a hacer algo más que punto de cruz juntos. Le llamé para que me acompañara pero se quedó allí, hablando con ellas y riéndose de no sé qué que daban por la tele. Mientras, yo observaba desde el balcón el brujuleo incierto de la gente en la calle, unos metros más abajo, en plena fiebre de viernes noche. Anita fue inteligente y se despidió enseguida con la excusa del sueño y del madrugón que le esperaba. Su amiga (¿Ainhoa? Nunca recuerdo el nombre de esta chica) fue detrás inmediatamente. Una vez solos en el salón, nos enganchamos el uno al otro con una violencia que eran ganas atrasadas y principió un periodo de intimidad que había echado en falta (sin siquiera saberlo) estas últimas semanas. P** es un tío estupendo, y en la cama hay muy buena conexión entre los dos. Lo pasé muy bien, a pesar de algunos inconvenientes dermatológicos que a mí, personalmente, no me molestaron.