Diario de Madrid
Sindicación
 
SORPRESA, SORPRESA
Acabo de hablar con Mara, que de nuevo ha de pasar por el quirófano, esta vez por un problema de estrógenos que le repercute en el útero. Se lo extirparán pasado mañana. Será en una clínica de Torrelodones, privada y carísima –ya se encargó, a lo largo de la conversación, de dejarlo claro. Espero que todo le vaya bien; seguiremos en contacto. La pobre mujer no levanta cabeza, lo de que al perro flaco todo son pulgas se cumple en ella a la perfección. Ha vuelto a engordar pero se encuentra bien de ánimo, con muchas ganas de escribir, dice, y muchas historias para contar. También apuntó por ahí una aventurilla que ha vivido hace poco ("Ya te contaré, muy divertida") y un posible viaje a Brasil para el verano. Me preguntó cómo me encuentro, y hube de hacer la comedia de la depresión.
–¿Cómo estás, Cornelio?
–Así, así. Utilizo el móvil sólo como teléfono fijo, por eso no respondo a tus llamadas.
–Bueno. Lo que tienes que hacer es poner las cosas sobre la mesa y enfrentarte a ellas.
–He pensado en ir al psicólogo.
–Eso no serviría de nada, créeme. La gente como tú y como yo, que somos seres emocionalmente fuertes y muy inteligentes, nos los comemos con patatas. Piensa que el ochenta por ciento de los psicólogos son gente con una personalidad muy débil (sic). Hazme caso: saca los problemas que llevas dentro y ponles nombre, como hizo Yaveh en el Génesis...
Menudo consejo para una persona que supuestamente está pasando por un bache depresivo. Si yo estuviera mal de verdad, su concepto de "autopsicoanalícese, que algo queda" podría ser letal. Le di las gracias y, cuando colgué, no pude evitar un sentimiento de desprecio hacia mí mismo por engañarla de tal manera. En lugar de ser valiente y decirle que no me apetece verla (no como antes de mi espantada del último verano), que es un vampiro chupasangre para cuantos la rodean, me escudo en una enfermedad imaginaria y así voy quitándomela de encima. No estoy nada orgulloso de mi actitud.
Ya escribí un cuento, hace años, en que presenté un personaje femenino basado, casi al milímetro, en ella. Cuando lo leyó –y yo temía que se viera reflejada al instante–, fue una sorpresa el comprobar que no se reconocía en aquel ser, y que el concepto que tiene de sí misma es claramente opuesto. La eterna dicotomía entre lo que pensamos que somos y cómo nos ven realmente los demás. Luego, para liar aún más la cosa, está el cómo somos de veras.

Comido con M S y M. En el cumpleaños de este último, que alcanza la cúspide de los veintitodos. Ay, cómo pasa el tiempo, tan en silencio. Del adolescente que conocí (y me enamoró durante varios años) poco queda hoy. M ha crecido como persona, y se ha convertido en quien es. Un tipo complejo y de personalidad apasionante, así las tiene, enamoradas a pares. Está muy liado con el trabajo –artículos diversos para varias publicaciones– y se le presenta un día bastante movidito, sin él saberlo. Su amiga Susana se ha encargado de organizarle una fiesta sorpresa en casa de él, a la que yo asistiré pero algo más tarde, cuando salga de la redacción. Me alegra no estar al principio, me ponen muy nervioso todo tipo de sorpresas y no me veo gritando cumpleaños feliz mientras le tiro a M confeti por encima de la cabeza. Es mi timidez maldita y ese carácter asilvestrado (muy poco romántico) que me caracteriza.
 
Comentario:
Pues sí, Cornielio, una verdadera disparirad de espejos: así1 somos, así2 nos ven, así3 nos vemos...
Eso sí a ti no hay quien te vea últimamente. Será la timidez esa que dices, aunque tanto desparpajo literario no me hacen imaginarte cortado.

Un beso.
No