Diario de Madrid
Sindicación
 
CANDELA
Removiendo Roma con Santiago, he conseguido que G esté en casa a las seis menos cuarto para que alguien pueda abrirle la puerta a Tere, la chica que va a limpiar. En principio iba a ser M quien me hiciera el favor, pero está baldado en la cama, por culpa de una gripe traidora con fiebre de hasta 39 grados, y no es posible. Por un momento, pensé que tendría que anular de nuevo la cita con esta mujer. Me hubiera gustado recibirla yo, por aquello de conocernos desde el principio y decirle qué espero de ella. No ha podido ser.
En el Colby, intento contrarrestar los apenas dos grados del exterior con un café bien caliente. Mañana he de escribir un artículo, y como siempre no tengo ni idea de sobre qué irá. Toca rastrear los periódicos a la búsqueda de una noticia que me sirva como gancho. Las ganas no acompañan, pero es esta climatología infame la que me las arrebata. Ayer avancé algo en la novela, y sólo eso –la vuelta al único trabajo que me importa– es suficiente incentivo para ponerse las pilas. Candela está a punto de iniciar su viaje a Cuba y revisa el equipaje. Asomada a la terraza de su casa, que da sobre San Fernando y los jardines de la Alameda, recuerda su café con Sofía, dos días antes. Por ahí también asoma Ramón, un chico con el que no terminan de cuadrar las cuentas. Toca ahora contar con cierto detenimiento su historia, una descripción de él (a través de la mirada de Candela), cómo se conocieron (en la cola del súper) y el modo de ser misterioso de Ramón, que aparentemente la desea pero luego se escabulle, no da la cara, desaparece durante temporadas que a ella la tienen en vilo ("¿le habrá pasado algo?", "¿me quiere o está jugando con mis sentimientos?"). Estoy contentillo, la cosa parece que arranca.
 
Comentario:
dale candela!
 
Comentario:
Me encanta cómo suena, promete. Una forma muy desesperante de explorar en la ilusión de los humanos, en la bondad y el hambre.
Hazme un favor, sigue en pie.
Un besazo.
No