Diario de Madrid
Sindicación
 
ACTRIZ
Ay, las olas de frío que van y vienen. Embutido en el jersey de cuello alto que me regaló Cristina, comodísimo y que abriga lo suyo, salgo a la calle y me enfrento a este día tristón, enfermizo. Ahora estoy en La Sueca, con música muy baja y que apenas se oye (como si estuviera también enferma), dos solitarios en la barra y un grupito de tres mujeres sentadas en la zona de sillones, que hablan de la castidad (del sexo, por tanto) con risitas intermitentes que quiebran su discurso. Tampoco hay mucho tráfico por la zona, y los viandantes escasean; parece que hubiera caído una bomba nuclear muy cerca. Los supervivientes nos miramos sorprendidos, y nos palpamos el cuerpo para comprobar que todo está en su sitio y no hay ningún hueso roto. Un día como para quedarse en casita y pasar página, rápido, a la espera de tiempos mejores.
Yo a quien espero es a Raúl, que me llamó el otro día después de meses sin saber de él para emplazarme a un café. Le noté ansiedad en la voz. La última vez que nos vimos fue en el Polana –un lugar que no me gusta nada de nada, lleno de gaicitos fashion y con música de la que me pone los pelos como escarpias, mucho chachachá y Operación Triunfo. Esa noche había quedado con un chico que me resultó rana (camisa de rayas, cabello engominado e ideas neoliberales) y andaba un poco borracho. Cuando vi a Raúl, pasé del cachorro pepeísta y me acoplé a su grupo. Terminamos morreándonos, un recuerdo mínimo de cuando estuvimos juntos hace tres veranos. Espero que sus intenciones no sean retomar lo nuestro, porque no estoy por la labor. Puedo ofrecerle amistad, y esto ya es mucho. Raúl es alto, muy moreno (su familia es originaria de Perú) y buen chaval. Pero no me atrae. Demasiado blando. Un cuerpo blando, un carácter blando, un discurso blando. Veremos qué me cuenta en unos minutos.

Ayer estuve con Noeli y Uge, la chica con quien trastea en estos momentos. Fue en La ida, a las cuatro. Ha adelgazado, tiene el pelo un poco más largo y está guapa. En su línea, pero guapa. Nos reímos mucho con las anécdotas que entresaca de los castings a los que acude, el otro día hasta se atrevió a abordar a Bigas Luna. En su última prueba para una película, la directora de casting preguntaba a las aspirantes el porqué se veían para determinado papel.
–Es que soy yo. Siento igual que ella, visto como ella, me muevo por los mismos sitios que ella. Podríamos ser gemelas–, contestó la chica que estaba antes que Noe. Una respuesta muy de actriz deseando su primera oportunidad, muy de "Fama".
La directora del casting se volvió a Noe y le formuló la misma pregunta.
–¿Y tú? ¿Por qué quieres este papel?
–¿Que por qué lo quiero? Porque estoy harta de hacer hamburguesas, tía. Y porque soy actriz, y muy buena. Es lo que he estudiado y sé que puedo hacerlo de puta madre.
Risas generalizadas. Estoy convencido de que llegará lejos. En ella conviven un desparpajo de niña traviesa junto con un fondo de sensibilidad y ternura que enganchan, resultan muy seductores. Lo que pasa es que el físico manda, y a Noe nadie le ha sabido ver, de momento, el inmenso potencial actoral que tiene. Es cuestión de suerte y de una insistencia machacona. No hay otra. Cada vez que me cuenta lo que han de hacer en los castings, ese descollar continuamente sobre los otros, ser el mejor, para que te elijan a ti y no al de al lado, me quito el sombrero ante la audacia de los actores: la vergüenza, si es que no la perdieron por el camino (y Noeli es tímida a carretadas), la aparcan en casa y, sobre el escenario o ante una cámara, se dejan la piel interpretando. Yo no daría un solo paso sabiendo que tantos pares de ojos están pendientes de mí, analizando mis gestos, fiscalizando mis movimientos, calibrando la verdad de mis sentimientos. Cada uno a lo suyo: yo, a escribir, que es lo único que sé hacer. Para cuando gane su primer Goya, Noeli me tiene prometida una entrevista a toda página. A ver si puedo corresponder con una novelita.
Julio habita en mí, se desarrolla día a día su historia de amor/interés en La Habana. ¿Cuánto de amor? ¿Cuánto de interés? Un Pijoaparte cubano que necesita y desea salir de la isla. En tal caso, los sentimientos nunca son puros, por fuerza (la de la necesidad, la de la supervivencia) nacen bastardos. Y luego está ella, la chica española. Ignoro todavía si será consciente de todo el revoltijo de sentimientos –muchas veces encontrados– que provoca su presencia salvadora. Quizá también ella tenga dudas y miedos, o puede que se lance a la piscina de una pasión tardía sin temor, de frente ("A este miura lo toreo yo"). La diferencia de edad entre los amantes, al menos de diez años, calculo, puede hacer mucho en Cuba. Ella es una mujer experta y domina al machito caribeño que se le ofrece con descaro y pundonor. Una vez en Santander, el canario estará en la jaula y sólo va a cantar para ella. Celos y prisión. El gris de la vieja ciudad asomada al Cantábrico frente al cálido espejismo del malecón, en el Caribe rumbero. Ella puede temer el engaño, pero también se siente segura del poder que un visado ejerce sobre el otro, tiene la sartén por el mango: es la fuerte. Hasta que Julio se revela como un espíritu libre al que es difícil maniatar, no hay sartén ni mango posibles, todo está más embarullado de lo que parecía en un principio.
 
Comentario:
Compañero de Julios, me alegro de que el personaje siga creciendo. El mío también lo hace (de ahí mis ausencias en los blogs). Por cierto, mi Julio podría ser una versión masculinizada de Noe. Curioso, no?
Me gusta el enfoque que le das a la trama, eso de poner la libertad a merced de unas cadenas de papeles y visados para terminar rompiendo, o simplemente, descubriendo las verdaderas cadenas. Ánimo con la idea.
Y un beso enorme.
 
Comentario:
m alegra que julio siga habitando tus despertares, es el primer paso para obsesionarte por la historia, que a su vez es la única manera de que persista el motor creativo. así q acuéstate con él, piensa en él, sueña con él, átate a él!
No