"QUE TE QUIERO"
Parece que me he levantado bien, sin rastro del golpe de gripe que me dio a media tarde de ayer en el trabajo. Llegué a sentirme bastante mal, con los típicos síntomas: escalofríos, cuerpo dolorido, resquemor de garganta y cansancio infinito. Trabajar era un esfuerzo, todo lo que me apetecía era meterme en la cama a oscuras, ovillarme entre las sábanas y dormitar. Sin embargo, a medida que se fue acercando la hora de salir, oh milagro, comencé a encontrarme mejor. Y para cuando E me miró con ojos golositos y propuso unas cervezas en Angie, no pude resistirme y acepté. Diríase que el doctor Mahou me ha venido que ni pintado, porque ahora no hay señal alguna de fiebre: como vino, se fue.
E anda quemadísima con el curro. Hablamos bastante de lo que no funciona en la empresa (casi todo, cositas que, como piedras minúsculas en el eje de las ruedas, impiden que la carreta avance como debiera). Lo peor de todo es que mucho de lo que va mal tendría fácil solución si llegara a oídos del director, y si éste no hiciera como las avestruces con cuanto ocurre por debajo suyo. Parece un Luis XV cualquiera: después de mí el diluvio y lo que se tercie, que los que me sucedan se coman todos los marrones o (pobriños) hasta pierdan la cabeza. El otro día, por ejemplo, enviaron desde Barcelona una página corrupta que les había dado muchos problemas y ralentizó, aquí en Madrid, todo el trabajo. Los de Barna, muy espabilados ellos, no avisaron. Supongo que se la trae floja lo que pase fuera de su redacción. Un jefe en condiciones hubiera llamado a Xavi y le hubiese puesto firmes con un par de gritos bien dados. ¿Qué hizo E B, a pesar del mail de protesta que envió E? Nada, mirar para otro lado. Silencio administrativo. Entiendo que ella, al sufrir este tipo de movidas cada día, se plantee incluso dejar el periódico. Algo hay, a través de un familiar suyo, de una televisión en Asturias. Deseo que esté contenta y se sienta a gusto con lo que haga, aunque reconozco que me fastidiaría que abandonase Madrid. La echaría de menos.
A última hora, estuvo de bacile conmigo. "Que te quiero", me decía con la sorna bailándole en el fondo del iris. Y yo cada vez me ponía más nervioso: odio que me suelten este tipo de requiebros, me incomodan (y mucho) los sentimientos a flor de piel, y los abrazos y caricias innecesarios. Me siento desnudo, muy inseguro cuando las caretas caen al suelo y se trata de ser tal cual, sin disimulos. Soy muy cardo, lo sé. Ya de niño, si mamá me agarraba por banda para hacerme cariñitos, yo me quedaba quieto y me escabullía en cuanto podía, arisco ("Por favor, mamá, déjame en paz que ya soy mayor"), incapaz de derretir el pedacito de cristal que mantiene helado mi corazón, para abandonarme así a las efusiones y las muestras físicas del amor filial. Me cuesta horrores abrirme de verdad a los otros. Con lo que cada "te quiero" de E provocaba en mí reacciones de protesta.
–Bueno, ya está bien. No sigas.
–Pero Cornelio... ¿Qué te pasa? Te molesta que te diga que te quiero...
–Déjalo.
–Pero es que te quiero.
–Vale, ya lo has dicho. Vamos a hablar de otra cosa.
–Bien, bien, pero tú eres consciente, ¿no?, de que hay gente que te quiere.
–Y dale.
Ella se reía a mandíbula batiente, al ver lo fácil que era molestarme. Yo no podía evitar el picar cada vez, como un torito joven que enviste y enviste, atolondrado, siempre que enarbolan ante sus ojos un trapo rojo. De esta manera estuvimos, toreando un poco (pero sin picador ni banderillas ni, of course, suerte de matar), hasta las tres. Claro que sé que me quiere –y lo aprecio–, pero que no me lo cuente...
Ay, la primavera que está cerca y ya se deja sentir en el aire. He salido a la calle y la caricia del sol ha sido un beso muy suave en las mejillas, un beso calórico que me insufla optimismo y ganas de hacer cosas. De sobra sé que es un espejismo, tan efímero como hermoso, y que aún restan muchos días de frío y lluvia. Pero, por ahora, toca disfrutar con la bonanza climática y pasear por la ciudad con el alma incendiada de sol y vida.
E anda quemadísima con el curro. Hablamos bastante de lo que no funciona en la empresa (casi todo, cositas que, como piedras minúsculas en el eje de las ruedas, impiden que la carreta avance como debiera). Lo peor de todo es que mucho de lo que va mal tendría fácil solución si llegara a oídos del director, y si éste no hiciera como las avestruces con cuanto ocurre por debajo suyo. Parece un Luis XV cualquiera: después de mí el diluvio y lo que se tercie, que los que me sucedan se coman todos los marrones o (pobriños) hasta pierdan la cabeza. El otro día, por ejemplo, enviaron desde Barcelona una página corrupta que les había dado muchos problemas y ralentizó, aquí en Madrid, todo el trabajo. Los de Barna, muy espabilados ellos, no avisaron. Supongo que se la trae floja lo que pase fuera de su redacción. Un jefe en condiciones hubiera llamado a Xavi y le hubiese puesto firmes con un par de gritos bien dados. ¿Qué hizo E B, a pesar del mail de protesta que envió E? Nada, mirar para otro lado. Silencio administrativo. Entiendo que ella, al sufrir este tipo de movidas cada día, se plantee incluso dejar el periódico. Algo hay, a través de un familiar suyo, de una televisión en Asturias. Deseo que esté contenta y se sienta a gusto con lo que haga, aunque reconozco que me fastidiaría que abandonase Madrid. La echaría de menos.
A última hora, estuvo de bacile conmigo. "Que te quiero", me decía con la sorna bailándole en el fondo del iris. Y yo cada vez me ponía más nervioso: odio que me suelten este tipo de requiebros, me incomodan (y mucho) los sentimientos a flor de piel, y los abrazos y caricias innecesarios. Me siento desnudo, muy inseguro cuando las caretas caen al suelo y se trata de ser tal cual, sin disimulos. Soy muy cardo, lo sé. Ya de niño, si mamá me agarraba por banda para hacerme cariñitos, yo me quedaba quieto y me escabullía en cuanto podía, arisco ("Por favor, mamá, déjame en paz que ya soy mayor"), incapaz de derretir el pedacito de cristal que mantiene helado mi corazón, para abandonarme así a las efusiones y las muestras físicas del amor filial. Me cuesta horrores abrirme de verdad a los otros. Con lo que cada "te quiero" de E provocaba en mí reacciones de protesta.
–Bueno, ya está bien. No sigas.
–Pero Cornelio... ¿Qué te pasa? Te molesta que te diga que te quiero...
–Déjalo.
–Pero es que te quiero.
–Vale, ya lo has dicho. Vamos a hablar de otra cosa.
–Bien, bien, pero tú eres consciente, ¿no?, de que hay gente que te quiere.
–Y dale.
Ella se reía a mandíbula batiente, al ver lo fácil que era molestarme. Yo no podía evitar el picar cada vez, como un torito joven que enviste y enviste, atolondrado, siempre que enarbolan ante sus ojos un trapo rojo. De esta manera estuvimos, toreando un poco (pero sin picador ni banderillas ni, of course, suerte de matar), hasta las tres. Claro que sé que me quiere –y lo aprecio–, pero que no me lo cuente...
Ay, la primavera que está cerca y ya se deja sentir en el aire. He salido a la calle y la caricia del sol ha sido un beso muy suave en las mejillas, un beso calórico que me insufla optimismo y ganas de hacer cosas. De sobra sé que es un espejismo, tan efímero como hermoso, y que aún restan muchos días de frío y lluvia. Pero, por ahora, toca disfrutar con la bonanza climática y pasear por la ciudad con el alma incendiada de sol y vida.
Comentario:
He de decir que no hay cosa más bonita que decir que "quieres" a quien quieres, no sólo en cuestión amorosa-sexual de pareja...
Yo lo intento practicar en medida de lo posible, y más desde que descubrí que también soy muy pudoroso para que me digan que me quieren....
Yo lo intento practicar en medida de lo posible, y más desde que descubrí que también soy muy pudoroso para que me digan que me quieren....
Comentario:
Jajajaja, cornelio, tengo que decirte que te quiero, jeje, como se puede querer a alguien al que leo casi todos los días, es un tipo de amor del que espero que no te escapes, jeje, y que no te de vergüenza, te quiero, te quiero.
Pues a mí nadie me dice que me quiere y mira que a mí me encanta que me lo digan. Y por cierto, le dices tú a alguien que lo quieres? Bueno, da igual, en cualquier caso, lo mejor es demostrarlo.
Un abrazo.
Pues a mí nadie me dice que me quiere y mira que a mí me encanta que me lo digan. Y por cierto, le dices tú a alguien que lo quieres? Bueno, da igual, en cualquier caso, lo mejor es demostrarlo.
Un abrazo.