AY, LA VIDA SOCIAL...
Un poco volada la cabeza después de la fiesta de anoche en La Vaca Austera. Con Javi y Anna (ningún otro de los habituales se apuntó), me tomé tres copas que no llegaron a emborracharme, pero casi. Lo pasé bien: había niños monos (ninguno solo, y encima heterosexuales a rabiar: en especial uno, Daniel, me trajo por la calle de la amargura durante unos segundos, luego le di la espalda y le olvidé) y la música era bastante buena. Yo estaba animado, sobre todo porque ya era jueves y ante mí se presentaban dos días de no hacer nada que tenga que ver con el curro. Frente a otras semanas, la que ha terminado ha sido especialmente complicada, se me ha hecho muy cuesta arriba. Debo aprender a relativizar los temas del curro, no vale la pena romperse los cuernos contra la pared compacta de desidia y molicie que forma parte (como una malformación congénita con la que nació) del engranaje y sistema de funcionamiento del periódico. Si la barca llega o no a puerto, eso no es asunto mío. Con cumplir con mi obligación y llevar puesto, por si acaso, el chaleco salvavidas tengo más que suficiente.
El fin de semana se adivina lleno de cosas. Ahora, en unos minutos, comeré con M S (me dice que elija el sitio: no tengo ni idea de adónde iremos) y no sé si habrá sobremesa: como es viernes, lo mismo no trabaja por la tarde. Luego llamaré a P** para tomarme un café (o una caña, o dos o tres, como me dijo ayer), tampoco sé hasta cuándo. A lo largo de la tarde he de quedar con Javi, que me pasará la cinta con el capítulo grabado de Aquí no hay quien viva que esta semana me perdí. La noche no sé todavía a qué la dedicaré (¿P**? ¿E y Eva? ¿Una cenita en casa y tele hasta aburrirme?). El sábado veré a Arturo a las cinco y media para darle su regalo, en el café del Real. Antes o después, prometí a R una visita a su nueva casa, con pastel de por medio para, finalmente, celebrar mi cumple. Otro cumpleaños, ahora que recuerdo, es el que celebra mañana por la noche M S por Las Vistillas. Pendiente queda, también, otro café con D, si es capaz de abrir un hueco en su apretada agenda: la verdad es que empiezo a olvidarme de él... Dios, demasiadas cosas en tan poco espacio de tiempo. Ahora, terminada esta tanda Martín Gaite de novelas, empiezo las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, un mastodonte de letra impresa que me ocupará, seguramente, bastante tiempo.
Hasta aquí, los deberes. A ver cuántos de ellos soy capaz de cumplir.
El fin de semana se adivina lleno de cosas. Ahora, en unos minutos, comeré con M S (me dice que elija el sitio: no tengo ni idea de adónde iremos) y no sé si habrá sobremesa: como es viernes, lo mismo no trabaja por la tarde. Luego llamaré a P** para tomarme un café (o una caña, o dos o tres, como me dijo ayer), tampoco sé hasta cuándo. A lo largo de la tarde he de quedar con Javi, que me pasará la cinta con el capítulo grabado de Aquí no hay quien viva que esta semana me perdí. La noche no sé todavía a qué la dedicaré (¿P**? ¿E y Eva? ¿Una cenita en casa y tele hasta aburrirme?). El sábado veré a Arturo a las cinco y media para darle su regalo, en el café del Real. Antes o después, prometí a R una visita a su nueva casa, con pastel de por medio para, finalmente, celebrar mi cumple. Otro cumpleaños, ahora que recuerdo, es el que celebra mañana por la noche M S por Las Vistillas. Pendiente queda, también, otro café con D, si es capaz de abrir un hueco en su apretada agenda: la verdad es que empiezo a olvidarme de él... Dios, demasiadas cosas en tan poco espacio de tiempo. Ahora, terminada esta tanda Martín Gaite de novelas, empiezo las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, un mastodonte de letra impresa que me ocupará, seguramente, bastante tiempo.
Hasta aquí, los deberes. A ver cuántos de ellos soy capaz de cumplir.