SENSACIÓN DE IRREALIDAD
El de ayer fue un día durísimo de trabajo, de los peores que recuerdo (aunque la memoria, ya se sabe, es selectiva). M-L R sigue desaparecida en combate, a cuenta de alguna enfermedad indeterminada y, pensamos unos cuantos en la redacción, imaginaria. Lleva toda la semana sin venir, lo que hace que Jon C se coma él solito los marrones del cierre, ya que Enrique –muy en su línea saltarina y despreocupada– se va a media tarde y, aun cuando está, es de poca ayuda. El caso es que tuve muchas páginas que leer, y que pude comprobar una vez más la mediocridad ambiente. El barco se hunde. Me rondaba ese pensamiento continuamente, y la sola idea de que a lo peor me vería de nuevo en el paro, dentro de unos meses, no ayudaba a mejorar mi estado de ánimo, que derivó peligrosamente hacia la inapetencia y el "que les den a todos por el culo". Y el panorama de hoy tampoco se presenta menos negro.
Olivia cumplía años y llevó una tarta y leche frita. Cuánto hacía que no probaba este último postre. A cada bocado ansioso, la leche frita me traía retazos de infancia, era una poderosa magdalena proustiana que llevaba implícito en su interior todo un complicado sistema de palancas y engranajes con que se ponía en movimiento el recuerdo. Me puse morado a leche frita (comí unas doce o catorce porciones...); traté inútilmente que no se notara la ferocidad con que me lanzaba sobre la bandeja, una y otra y otra vez. Me lo ha recordado, hace una hora, E. Mientras tomábamos un café en La Sueca, calle Hortaleza.
–¿Para qué tratas de disimular? Si ya todos te conocemos: eres un depredador de cumpleaños sin escrúpulos.
Los dos últimos días me domina una sensación de irrealidad de lo más incómoda. Como si los sueños –lo onírico– no me abandonaran del todo una vez que despierto y me doy una ducha por la mañana. Camino por ahí medio alelado, sin orden ni concierto. Tampoco una meta determinada. A lo mejor es culpa de "Nubosidad variable" y la propia indefensión de sus personajes. Es una novela de descubrimientos y de aprendizaje, pero no de los típicos adolescentes que se miran al espejo y aprenden a reconocerse en oposición al mundo que les rodea, sino el conocimiento, la deconstrucción (para luego edificarse de otro modo, más libre y mejor) de dos mujeres en edad madura que estaban muertas sin saberlo y llevan en su interior, acaso también sin ser muy conscientes de ello, el germen de la rebeldía y del inconformismo: que es la fórmula mágica de la eterna juventud.
Así que aquí ando, a vueltas con la novela y sin ganas de nada que no sea leer y esconder la cabeza bajo las alas de los sueños, que es donde más descansada se encuentra.
Olivia cumplía años y llevó una tarta y leche frita. Cuánto hacía que no probaba este último postre. A cada bocado ansioso, la leche frita me traía retazos de infancia, era una poderosa magdalena proustiana que llevaba implícito en su interior todo un complicado sistema de palancas y engranajes con que se ponía en movimiento el recuerdo. Me puse morado a leche frita (comí unas doce o catorce porciones...); traté inútilmente que no se notara la ferocidad con que me lanzaba sobre la bandeja, una y otra y otra vez. Me lo ha recordado, hace una hora, E. Mientras tomábamos un café en La Sueca, calle Hortaleza.
–¿Para qué tratas de disimular? Si ya todos te conocemos: eres un depredador de cumpleaños sin escrúpulos.
Los dos últimos días me domina una sensación de irrealidad de lo más incómoda. Como si los sueños –lo onírico– no me abandonaran del todo una vez que despierto y me doy una ducha por la mañana. Camino por ahí medio alelado, sin orden ni concierto. Tampoco una meta determinada. A lo mejor es culpa de "Nubosidad variable" y la propia indefensión de sus personajes. Es una novela de descubrimientos y de aprendizaje, pero no de los típicos adolescentes que se miran al espejo y aprenden a reconocerse en oposición al mundo que les rodea, sino el conocimiento, la deconstrucción (para luego edificarse de otro modo, más libre y mejor) de dos mujeres en edad madura que estaban muertas sin saberlo y llevan en su interior, acaso también sin ser muy conscientes de ello, el germen de la rebeldía y del inconformismo: que es la fórmula mágica de la eterna juventud.
Así que aquí ando, a vueltas con la novela y sin ganas de nada que no sea leer y esconder la cabeza bajo las alas de los sueños, que es donde más descansada se encuentra.
Comentario:
Pues nada, ya vendrán días para sacar la cabeza, que esconderla de vez en cuando no puede hacer mal, y más si estás bajo el efecto de una nubosidad que varía de esa manera.
Un abrazo
Y sigo leyendo, porque no sé cómo lo haces para que aparezcan tres post de repente, jeje.
Ahora un beso.
Un abrazo
Y sigo leyendo, porque no sé cómo lo haces para que aparezcan tres post de repente, jeje.
Ahora un beso.
Comentario:
me suena el titulo de nubosidad variable, me puedes decir de quién es?. gracias. Aitor