¿NUEVA COMPAÑERA DE PISO?
Hace dos días recibí una llamada de mi prima Anita. Lleva un tiempo viviendo en Madrid y se preguntaba si por un casual tendría una habitación libre en mi casa para ella. Vive con unas amigas, pero no debe estar muy cómoda, y todo lo que encuentra no baja de los 300 euros al mes (con lo que su sueldo se diezmaría hasta extremos invivibles). Vaya, ni que se lo hubiera soplado un duende del bosque. Le contesté que era posible que una chica se fuera –en realidad, lo hizo a principios de enero– y haya un hueco para ella. Mentí para cubrirme las espaldas, por si finalmente decido no compartir piso. Pero es mi prima, una niña a quien tengo más que un cariño epidérmico. Y me sentiría un hijoputa rastrero y egoísta si no le echo una mano. Así que casi está decidido: le diré que se venga a casa, pero a partir del 15 de febrero. No me apetece que vea el piso como está; además, he de comprar un colchón para su cuarto. Y debo hablar con Patricia, para aclarar en qué condicioses va a quedarse. Si pagando la renta completa, si dejando cosas en su habitación (tipo guardamuebles) y pasándome cien euros al mes. En este caso, quiero que me dé las llaves, no me parece justo que pague mucho menos y se pasee por casa cuando le venga en gana. Tampoco me apetecen malos rollos entre ella y Anita, de sobra sé que Patricia no puede convivir casi con nadie (yo soy una excepción, hecha a base de paciencia y mucha mano zurda), pero me prima es sagrada y, si Patri opta por quedarse, he de dejarle muy clarito que no aceptaré ni una sola salida de tono con Anita. Porque me la como cruda.
Anoche malasañeé con E. Como (casi) siempre, estuvimos en el Angie, bien calentitos gracias a la calefacción que puso Jose Luis y arropados por la charla, que no decayó en ningún momento. Está acojonada por el sesgo que va dando su relación con Eva. Demasiado tiempo pasado con la familia de ella. Entiendo que le agobie, a mí siempre me dio palo conocer a los padres de mis novios. Y, por ende, se plantea si realmente está enamorada o es que Eva resulta una persona estupenda y cómoda, fácil de tratar, con quien está muy a gusto pero nada más... Le aconsejé que no se coma el coco: el amor a simple vista no existe. Hay el flechazo, la pasión, el caer fulminado ante el otro. Pero el amor como tal se desarrolla con el tiempo, no surge de la noche a la mañana como un campo de hongos en el bosque, después de un día de lluvia. Nunca nadie puede ponerse en el lugar de los demás, no de un modo completo. Yo no sé qué pasará por la cabeza de E, ni si ese miedo a no estar enamorada se fundamenta en algo real o es sólo una reacción a todo lo que un enamoramiento conlleva. Pero desde fuera, asomado a este palco de honor que nuestra amistad me reserva, yo la veo bien: es la primera vez, de hecho, que la conozco así con alguien. Creo que la plantita de su relación, tras dos meses de vida, crece y se hace fuerte. Si sobrevive a los primeros vientos de las discusiones, a las tempestades de los desencuentros y a la sequía de las palabras (que todo esto, y más, llegará: es ley de vida), la planta delicada y quebradiza puede convertirse en un árbol de altura espectacular. Se lo deseo de todo corazón.
De M no sé nada. Menos que nada. Esta semana trabaja de día para una revista de moda, en calidad de corrector o algo por el estilo. Al final, cuando nos vimos el otro día apenas hubo tiempo para charlar, menos aún para las confidencias. Por lo visto, durante el finde le robaron el móvil (ay, esa manía suya de ir dejando las cosas por ahí, fiado de la bondad humana, que brilla por su ausencia), con lo que no hay modo de localizarle. Al teléfono fijo no responde, y he de armarme de paciencia y esperar a que me llame él. Que lo haga pronto.
Quien ha dado señales de vida es D. No está muy católico, atrapado en su propia red de relaciones sociales. Seguramente quedemos el jueves y se venga a dormir a casa. Si necesita un hombro sobre el que llorar, tiene el mío.
Anoche malasañeé con E. Como (casi) siempre, estuvimos en el Angie, bien calentitos gracias a la calefacción que puso Jose Luis y arropados por la charla, que no decayó en ningún momento. Está acojonada por el sesgo que va dando su relación con Eva. Demasiado tiempo pasado con la familia de ella. Entiendo que le agobie, a mí siempre me dio palo conocer a los padres de mis novios. Y, por ende, se plantea si realmente está enamorada o es que Eva resulta una persona estupenda y cómoda, fácil de tratar, con quien está muy a gusto pero nada más... Le aconsejé que no se coma el coco: el amor a simple vista no existe. Hay el flechazo, la pasión, el caer fulminado ante el otro. Pero el amor como tal se desarrolla con el tiempo, no surge de la noche a la mañana como un campo de hongos en el bosque, después de un día de lluvia. Nunca nadie puede ponerse en el lugar de los demás, no de un modo completo. Yo no sé qué pasará por la cabeza de E, ni si ese miedo a no estar enamorada se fundamenta en algo real o es sólo una reacción a todo lo que un enamoramiento conlleva. Pero desde fuera, asomado a este palco de honor que nuestra amistad me reserva, yo la veo bien: es la primera vez, de hecho, que la conozco así con alguien. Creo que la plantita de su relación, tras dos meses de vida, crece y se hace fuerte. Si sobrevive a los primeros vientos de las discusiones, a las tempestades de los desencuentros y a la sequía de las palabras (que todo esto, y más, llegará: es ley de vida), la planta delicada y quebradiza puede convertirse en un árbol de altura espectacular. Se lo deseo de todo corazón.
De M no sé nada. Menos que nada. Esta semana trabaja de día para una revista de moda, en calidad de corrector o algo por el estilo. Al final, cuando nos vimos el otro día apenas hubo tiempo para charlar, menos aún para las confidencias. Por lo visto, durante el finde le robaron el móvil (ay, esa manía suya de ir dejando las cosas por ahí, fiado de la bondad humana, que brilla por su ausencia), con lo que no hay modo de localizarle. Al teléfono fijo no responde, y he de armarme de paciencia y esperar a que me llame él. Que lo haga pronto.
Quien ha dado señales de vida es D. No está muy católico, atrapado en su propia red de relaciones sociales. Seguramente quedemos el jueves y se venga a dormir a casa. Si necesita un hombro sobre el que llorar, tiene el mío.