Diario de Madrid
Sindicación
 
MARX MADERA
Otro mediodía en el Laan, una de las "oficinas" desde donde observo el mundo, donde recibo a mi gente. Acaba de irse Miguel Ángel, con quien quedé aquí para un café rápido: me ha contado con todo lujo de detalles su viaje a Egipto, una gozada para los sentidos que me ha dado mucha envidia, de la malsana (la otra, la envidia sana, no existe). Sigue en pie lo de gastronomía, veremos si puedo meter algo de vez en cuando, todo depende de mi director y del pie con que se haya levantado el día en que se lo proponga. Una vez solo, he escrito una cosita para el periódico que no me ha quedado mal (creo), pero que da un giro inesperado a la sección de noche y no sé si le caerá muy bien a la rancia de M-L R (voy a intentar colarlo, de todos modos). Está al caer M S, que me llamó antes para saber dónde me hallaba y tomarse algo conmigo: anda de compras por la zona y así me cuenta cómo va su aventura con el publicista riquísimo a quien ve últimamente.
Anoche tenía intención de tirar para casa, pero a última hora se organizó una quedada en el Marx Madera y allá que me fui con Laura y Anuska. E se quedó en Tribunal, donde la esperaba Eva, y aunque dijo que igual se pasaban por donde nosotros más tarde, di por sentado que no lo haría (llevaban sin verse, las tórtolas, varios días...). Efectivamente, no aparecieron. Ay, el amor.
El Marx Madera es un local muy curioso, mezcla de panfleto político andante y bar de copas. Algo que le venía que ni pintado al grupo que formábamos. Allí estaban ya Antón (novio de Laura), un gallego de pro más majo que las pesetas, varios Pablos -conté hasta tres-, el padre de uno de ellos, recién llegado de Uruguay, dos o tres chicas de cuyo nombre no me acuerdo y Pochi. Éste me abrazó con una jovialidad que no esperaba, quieras que no tampoco nos hemos tratado tanto, y nada más verme me pasó un porro descomunal al que di unas tímidas caladas, no era plan de liarse toda la noche, que hoy me tocaba escribir y estar operativo. Anuska y yo aguantamos dos asaltos, enseguida nos dio el sueñín y dejamos a todo el grupo camino del Malandro, con muchas ganas de juerga. Yo apenas tenía voz: últimamente arrastro una ronquera ("Te hace muy interesante", me dijo ayer C mientras comíamos) que se agrava con el tabaco y los discursos interminables a las tres de la mañana y semicocido que me caracterizan.
 
Comentario:
Q sitios hay en Madrid, desde luego más variedad que esta mi ciudad. Tendré que hacer turismo, y me apunto lo de Marx madera. Igual coincidimos y todo.
Cuídate esa voz, aunque te haga interesante.
Un beso
No