DOS DÍAS CON D
Fin de semana dedicado, casi en su totalidad, a D. Nos encontramos en La ida a las seis y media del viernes y nos hemos dicho adiós hoy por la tarde. Con la excepción de unas horas ayer por la noche (en que yo estuve en casa de E y él salió por ahí con sus amigos), las casi cuarenta y ocho que mediaron entre el hola y adiós las hemos pasado juntos. Prueba superada, para mí, por cuanto no suelo soportar tanto tiempo acompañado, sea de un amigo, de un novio, del presidente de esta nuestra comunidad o de Brad Pitt (es un suponer). Diferente a como da en foto, con un punto un poco demasiado elaborado, creo que hubo buen rollo entre los dos desde el principio. Es guapetón, sin excesos que me pongan nervioso, e inteligente. Aunque estamos a años luz de distancia en muchas cosas, eso es cierto. Yo soy un desastre con patas (en cuestiones de alimentación, de limpieza de la casa, de organizarme la vida) y él es un tío con las ideas muy claras, una vida social de infarto y mucho estrés acumulado.
Nada más vernos le di un fuerte abrazo, como había prometido, y poco después llegó el primero de una larga serie de besos, suaves, arriesgados, detenidos o fugaces. Salimos con sus colegas de la facultad, casi todos con 21 años y toda la inocencia, y las ganas de comerse el mundo, y el afán porque la noche no se termine y dure y dure, en la mirada. Yo al principio estuve un poco envarado, pero en seguida me metí en canción y hablé con unos y otros. La verdad es que con mis añazos pensaba que a lo mejor no encajaba con esta peña tan, tan joven, pero no fue así. O al menos a mí no me lo pareció. En un momento dado, una de las amigas de D me soltó:
–Tú hace poco que acabaste la carrera, ¿no?
Puse cara de "no he oído bien", claro que nada que ver con la que puso ella cuando le contesté:
–Pues hace un tiempo... tengo treinta y cuatro años.
Era una mirada de incredulidad, de "no es posible que exista alguien tan viejo a estas horas, en este garito de Malasaña y con una copa en la mano"...
Ni qué decir que me levantó mucho el ánimo.
Dormimos juntos y nos comimos a besos, a mordiscos, a lengüetazos. Pero no follamos. A él le parece que es mejor no hacerlo al principio, no la primera noche. Supongo que son restos patéticos (por lo inútiles) de una educación que nos ha hecho mucho daño a todos, no sé. Y a mí no me apetecía, con los bajos en pleno proceso de curación de la psoriasis invertida y muchos picores y dolores. Total, calentón, marcha atrás y sueño pesado, profundísimo, en su compañía. Nos levantamos bastante tarde, a eso de las cuatro, con un hambre de caballo y horas por delante para ver la tele. Comimos menú del telechino de Hortaleza y, acurrucados en el sofá del salón, bajo una colcha que nos protegía (mal) del frío ambiente, seguí abrazándole y besándole, con insistencia. Me parece que a él le abrumaba o le cansaba tanta ternura. Estuve empalagoso, es verdad, pero es porque en ese momento me lo pedía el cuerpo. Yo puedo pasar muy fácilmente del cariño extremo a la indiferencia, los mimos prolongados engañan mucho a mi partenaire de turno, entiendo su agobio.
Anoche nos dimos una tregua de varias horas y mientras él salía por el centro con nuevos amigos (o los del día anterior, no me quedó muy claro: este chico da una patada y le salen amigos hasta debajo de las piedras) yo me acerqué a Moncloa. Había fiestuqui/reunión en casa de E, M** y Lauri. Además de ellas tres, estuvieron Evísima, Cristina (a la que no veía desde el final del verano), Asun la enfermera (una tía divertida y con un sentido del humor y de la ironía fina que me encantan), Alex y su novio John. Este último no me gustó, se me antojaba un niño caprichoso acostumbrado a hacer siempre su santa voluntad, muy dado a la pataleta y al enfado repentino, violento. Jugamos a las películas (adivinar el título de un filme mediante mímica y tal), y no sabía jugar. Todos los títulos eran demasiado antiguos para él, o no había visto las películas o eran muy difíciles. Niñato. En fin. Fumamos porros, yo bebí poco, porque la noche anterior con D y sus amigos (hasta las cinco de la mañana anduvimos faranduleando por ahí) pasaba factura y se traducía en un cansancio que me arrastraba a mi cuarto y a la cama. Salí de casa de éstas pronto, aún no eran las dos, y llamé a D para decirle que me iba directo a casa, que no saldría. Decidió dar por terminada su noche y unirse a mí en el portal, unos minutos más tarde. Di un paseo demorado –la noche no era fría en absoluto– Princesa abajo hasta plaza de España, cortando luego San Bernardo y embocando la calle del Pez hasta Corredera Baja, donde en unos minutos llegaría a mi calle, muerto de cansancio. D ya me estaba esperando y aún nos tomamos dos cervezas en el irlandés de enfrente, un lugar feo y típicamente anglosajón, con su ración de friquis (un tipo con un turbante, gafas de culo de botella y tripa cervecera que bailoteaba solo, hablando consigo mismo y mirando fijo, intimidatorio, a los clientes) y un camarero guapo y felino, muy rubio y muy sonrosadito, como lechón dispuesto al sacrificio, quién le hincara el diente.
Dormí a gusto con D, a ratos le abrazaba fuerte desde atrás, en ocasiones me desentendía de su presencia, que era como una piedra inesperada que pesaba en el lado izquierdo de la cama. Pero bastaba con alargar la mano y allí estaba su cuerpo, carnoso, rotundo, sensual. Hacía tiempo de la última dormida con alguien, y me regodeaba en esa seguridad extraña que provocan las caricias y los besos recíprocos. Muy humano todo.
M me acaba de enviar un mensaje al móvil diciéndome que llega mañana por la mañana. Espero verle pronto.
Nada más vernos le di un fuerte abrazo, como había prometido, y poco después llegó el primero de una larga serie de besos, suaves, arriesgados, detenidos o fugaces. Salimos con sus colegas de la facultad, casi todos con 21 años y toda la inocencia, y las ganas de comerse el mundo, y el afán porque la noche no se termine y dure y dure, en la mirada. Yo al principio estuve un poco envarado, pero en seguida me metí en canción y hablé con unos y otros. La verdad es que con mis añazos pensaba que a lo mejor no encajaba con esta peña tan, tan joven, pero no fue así. O al menos a mí no me lo pareció. En un momento dado, una de las amigas de D me soltó:
–Tú hace poco que acabaste la carrera, ¿no?
Puse cara de "no he oído bien", claro que nada que ver con la que puso ella cuando le contesté:
–Pues hace un tiempo... tengo treinta y cuatro años.
Era una mirada de incredulidad, de "no es posible que exista alguien tan viejo a estas horas, en este garito de Malasaña y con una copa en la mano"...
Ni qué decir que me levantó mucho el ánimo.
Dormimos juntos y nos comimos a besos, a mordiscos, a lengüetazos. Pero no follamos. A él le parece que es mejor no hacerlo al principio, no la primera noche. Supongo que son restos patéticos (por lo inútiles) de una educación que nos ha hecho mucho daño a todos, no sé. Y a mí no me apetecía, con los bajos en pleno proceso de curación de la psoriasis invertida y muchos picores y dolores. Total, calentón, marcha atrás y sueño pesado, profundísimo, en su compañía. Nos levantamos bastante tarde, a eso de las cuatro, con un hambre de caballo y horas por delante para ver la tele. Comimos menú del telechino de Hortaleza y, acurrucados en el sofá del salón, bajo una colcha que nos protegía (mal) del frío ambiente, seguí abrazándole y besándole, con insistencia. Me parece que a él le abrumaba o le cansaba tanta ternura. Estuve empalagoso, es verdad, pero es porque en ese momento me lo pedía el cuerpo. Yo puedo pasar muy fácilmente del cariño extremo a la indiferencia, los mimos prolongados engañan mucho a mi partenaire de turno, entiendo su agobio.
Anoche nos dimos una tregua de varias horas y mientras él salía por el centro con nuevos amigos (o los del día anterior, no me quedó muy claro: este chico da una patada y le salen amigos hasta debajo de las piedras) yo me acerqué a Moncloa. Había fiestuqui/reunión en casa de E, M** y Lauri. Además de ellas tres, estuvieron Evísima, Cristina (a la que no veía desde el final del verano), Asun la enfermera (una tía divertida y con un sentido del humor y de la ironía fina que me encantan), Alex y su novio John. Este último no me gustó, se me antojaba un niño caprichoso acostumbrado a hacer siempre su santa voluntad, muy dado a la pataleta y al enfado repentino, violento. Jugamos a las películas (adivinar el título de un filme mediante mímica y tal), y no sabía jugar. Todos los títulos eran demasiado antiguos para él, o no había visto las películas o eran muy difíciles. Niñato. En fin. Fumamos porros, yo bebí poco, porque la noche anterior con D y sus amigos (hasta las cinco de la mañana anduvimos faranduleando por ahí) pasaba factura y se traducía en un cansancio que me arrastraba a mi cuarto y a la cama. Salí de casa de éstas pronto, aún no eran las dos, y llamé a D para decirle que me iba directo a casa, que no saldría. Decidió dar por terminada su noche y unirse a mí en el portal, unos minutos más tarde. Di un paseo demorado –la noche no era fría en absoluto– Princesa abajo hasta plaza de España, cortando luego San Bernardo y embocando la calle del Pez hasta Corredera Baja, donde en unos minutos llegaría a mi calle, muerto de cansancio. D ya me estaba esperando y aún nos tomamos dos cervezas en el irlandés de enfrente, un lugar feo y típicamente anglosajón, con su ración de friquis (un tipo con un turbante, gafas de culo de botella y tripa cervecera que bailoteaba solo, hablando consigo mismo y mirando fijo, intimidatorio, a los clientes) y un camarero guapo y felino, muy rubio y muy sonrosadito, como lechón dispuesto al sacrificio, quién le hincara el diente.
Dormí a gusto con D, a ratos le abrazaba fuerte desde atrás, en ocasiones me desentendía de su presencia, que era como una piedra inesperada que pesaba en el lado izquierdo de la cama. Pero bastaba con alargar la mano y allí estaba su cuerpo, carnoso, rotundo, sensual. Hacía tiempo de la última dormida con alguien, y me regodeaba en esa seguridad extraña que provocan las caricias y los besos recíprocos. Muy humano todo.
M me acaba de enviar un mensaje al móvil diciéndome que llega mañana por la mañana. Espero verle pronto.
Comentario:
Pues mi finde ha sido muy similar al tuyo!!! Vamos que mi historia con Kurt es paralela... QUE CASUALIDAD!!! Me alegro que te sientas bien, pero vamos que no me creo que un sabado te fueras a casa tan pronto jajajaja. Cosas de la edad!!!
Comentario:
Joder, decir que te tengo envidia (sana) es poco. Aparte de eso, me alegro mucho por tí. Macho, la vida te sonríe, aprovecha el momento. Sé feliz.
Un besazo
Un besazo
Comentario:
Wenassss!! Despues de unos dias sin leerte...weno y tu tb tardaste lo tuyo en actualizar...pos veo q la vida te sonrie x el momento no??
Un besote y me alegro de q eso solo se haya quedao en una cosiña de na!!
Un besote y me alegro de q eso solo se haya quedao en una cosiña de na!!
Comentario:
No sabes cuanto me alegro de que estés tan satisfecho y alegre de haber topado con D.
Realmente la cosa suena muy muy bien...al menos en un principio.
Espero que sigas manteniendo ese estado de felicidad que transmites.
BEsotes
Realmente la cosa suena muy muy bien...al menos en un principio.
Espero que sigas manteniendo ese estado de felicidad que transmites.
BEsotes