Diario de Madrid
Sindicación
 
FALSA ALARMA
Pues no fue nada. Quedé con M** en la puerta de Urgencias, me tramitó todo el papeleo necesario y estuvimos de charleta en la sala de psquiatría hasta que llegó la dermatóloga de guardia. M**, discreta, nos dejó solos. Por lo visto, lo que tengo es una psoriasis invertida (muy propio de mí, lo de las inversiones...) en toda la zona genital. O sea, nada grave y sí un poco coñazo. Considerando que yo me había hecho a la idea de que era un herpes como una casa, esto de la psoriasis es doloroso pero nada más. Viva la herencia genética: ¿no podía haber heredado de mi padre algo menos engorroso? Ya me he comprado las cremas pertinentes y ahora será cuestión de paciencia. La Gran Cosa se ha quedado en cosina.
Después del mal trago en el hospital -bajarse los pantalones ante una desconocida y espatarrarse allí mismo es algo que no le deseo a nadie-, nos fuimos M** y yo de cañas. Tema a tratar: los tíos y sus múltiples formas de escaqueo a la hora de relacionarse con ellas (si heteros) o con ellos (si homos). M** es guapa -en mi opinión, guapísima, con unos grandes ojos moriscos, un poco tristes, y unos rasgos finos, como moldeados al detalle- e inteligente, un cóctel explosivo que pocos resisten. Es lástima, pero la encuesta sobre la que leí el otro día (un tanto por ciento muy elevado de mujeres con un cociente intelectual alto se quedan solteras) parece ser acertada: es difícil que una mujer independiente y con más de dos dedos de frente se conforme con el primer cafre que le suelte un requiebro. Ellos sí, siempre que la chica sea mona y les ponga sexualmente, da igual que no sepa hacer la o con un canuto. En el mundo gay, tres cuartas partes de los mismo: yo soy el primero que se pierde por un buen cuerpo, y si la azotea no está muy amueblada, qué más da, que me quiten lo bailado. ¿Y el amor? El amor es una lotería, no ha de tocar por narices, a veces uno tiene suerte, a veces no. El problema es que todo a nuestro alrededor nos incita a encontrar esa media naranja ideal, pareciera que si no tenemos pareja somos incompletos, no "triunfamos" plenamente en la vida. Bien. Como lotería que es, yo juego mis números, pero no baso todo mi ser en que me toque el Gordo, sería ridículo. Y la mayoría siente que se les hurta algo a lo que tienen derecho si esa personita especial no llega. Pero es que hay que tener claro que puede no llegar, que cuando uno nace no lleva un contrato bajo el brazo en el cual se estipula que uno tiene derecho a encontrar y disfrutar el amor. Con esto hay que vivir, nos guste o no. A los treinta y cuatro años, nunca he sido plenamente amado ni he vivido la experiencia mística del amor mutuo. ¿Fracaso? No, lucidez. Simplemente, mal que me pese, no puedo (ni quiero, ojo) conformarme con algo que no me convenza. He notado en mi entorno, en cuanto los treinta hacen acto de presencia y muestran sus feas y grandes orejotas por debajo de la mesa, que la gente se pone nerviosa si aún no tiene pareja; entonces se inicia una caza desesperada y en cuanto pillan a alguien medianamente aceptable se lo quedan. El saldo del amor. Pues bien, a mí comprar en rebajas nunca me gustó. Quizá es vocación de soltería, no lo sé. Es vocación de excelencia.
Comimos con E y Eva (que arrastra una gripe considerable). Ellas dos son la prueba palpable de que en ocasiones el amor irrumpe con fuerza y arrambla con todo. Lo dicho, la puta lotería que nunca se sabe dónde tocará. Están muy bien, en ese momento en que no puedes dejar de besar al otro, en que precisas de sus ojos para mirarte en ellos, cuando nada es más importante que su compañía, por encima de amigos, de familia y de compromisos. Que les dure la fiebre y disfruten de esta etapa tan bonita.
D me llamó para saber cómo habían ido los trámites hospitalarios. Qué mono. Se lo agradecí mucho, y ya se me quedó la sonrisa boba para el resto de la tarde. En el periódico, a E le preguntaron que qué me pasaba, que se me veía muy feliz. Eso digo yo: ¿qué me pasa? Varias conversaciones con teléfono o messenger de por medio, una intimidad creciente que desborda los límites de la amistad, muchas ganas de que llegue mañana y nos veamos, por fin, cara a cara. De repente, este fantasma que me ronda la cabeza se hace poderosamente real y me alegra el día.
Anoche estuve con E y J en el Only You. Y también Basauri, la amiga de E, y Elvira, ambas cooperantes. En un momento dado se habló del tema de los diarios en la Red, y Basauri, sin darse cuenta, me sacó del armario delante de todos. La verdad es que pasé algo de verguenza, pero creo que disimulé bien. Comentó que había leído mi viaje a Lisboa sin saber que era yo hasta que de repente cayó en la cuenta. Le he pedido que la próxima vez me deje un mensaje para saber que ha estado por aquí.

Hoy, después de días y días de sol y cielos azules, dolorosos de puro perfectos, se ha levantado la mañana nublada, como una película de gasa que filtrase de vez en cuando los rayos de luz pero sin dejar pasar el calorcillo solar. En el piso, sin embargo, el frío es tolerable. Cuando anoche llegué a casa, con la conciencia rebosante de cerveza y buena sintonía con los amigos, me encontré una nota de Patricia. Dice que está mal de dinero y me propone mudarse a la habitación de R (más pequeña e interior) para alquilar la suya por 300 euros y pagar nosotros menos. No lo veo. Si algo no quiero es que de nuevo seamos tres en casa. Como el tontolaba de su novio le ha propuesto que vivan juntos, voy a pedirle que acepte. Mi idea es tratar de vivir solo (la pastizara que soltaré todos los meses es importante, aunque si controlo gastos superfluos puedo afrontar el alquiler) y le propondré reservar su cuarto por tres o cuatro meses, para que si la experiencia de vivir con Pedro le sale rana pueda volver aquí sin problemas. Estoy a un tris de independizarme de compañeros de piso. Y eso me da miedo, pero me apetece tanto...
 
Comentario:
Siempre hay que tener un lugar donde refugiarse, para uno solo, donde poder llegar y desnudarse. Pero desnudarse de todo.

 
Comentario:
Pues me alegro de que la gran cosa se haya quedado en cosina. Que últimamente no ganamos pa sustos, chico. Me alegro, aún más, de verte tan emocionado con D, a ver cómo ha salido la cosa, estoy deseando leer sobre el primer encuentro.
Yo pienso (bueno, pensar, es una forma de hablar, enlazo ideas y repito cosas que he escuchado a otros), que el amor es química. La química se puede llegar a incrementar o a disminuir según lo amuebladas que tengan ambos las cabezas, pero sobretodo, según lo compatible que sean esos muebles. O eso es lo que pienso en cuanto a las relaciones personales, claro que nunca he conocido a nadie por internet, osea que no tengo ni idea de cómo encajar mi propia teoría cuando primero conoces la faceta personal del tío y luego la física. Ni idea, chico. Explícamelo tú, porfi.
Un beso.
No