Diario de Madrid
Sindicación
 
CAMINO DEL HOSPITAL
Cuando ya estaba a punto de meterme por la boca de Metro de Callao, me ha llamado M** para retrasar lo del hospital hasta la una menos cuarto. Así que me tomo un café (son las once cuando escribo) en el garito donde curra Ma, calle del Pez. Trato de templar la desazón que me provocan los médicos con un buen chute de cafeína, mientras Whitney Houston, desde el hilo musical, me asegura que siempre me amará. Ahora encadeno palabras, tratando de ignorar los trallazos de dolor (controlado) que me recuerdan la presencia de la Gran Cosa.
A pesar del madrugón –por segundo día consecutivo–, me he levantado de buen ánimo, con ganas de ver gente y una sensación de euforia que excede el mero optimismo. Todo ello por una conversación en el messenger y más tarde de viva voz (casi una hora) con D. La cadencia de sus frases, suave y profunda e hipnótica, me acompaña todavía, y lo que está claro es que de aquí puede surgir una buena amistad. ¿Lo demás? Todo se andará, en el dominio de los sentimientos nadie manda. Si fuera cuestión de voluntad (que no lo es), le elegía ya mismo como novio para los restos y padre de mis hijos, tanta confianza y buen rollo me produce. Él anda tocadillo con una historia de amor abortada, y yo soy demasiado mayor como para dejarme llevar por la ilusión preadolescente del chat. Y sin embargo... Sueño despierto y cuando quiero darme cuenta me he ido bien lejos, a París de su mano para dar un paseo a orillas del Sena, rebuscar libros raros entre los bouquinistes (aunque a él, esto de andar cazando libros por las librerías no le gusta, me ha dicho) y sentarnos en un banquito del puente de las Artes para observar los caprichosos arabescos del cielo, adivinando formas y figuras en las nubes. O construyo una tarde lluviosa en la cama con él, trazando caminos de tiza por su cuerpo, besando sus labios que, por lo poco que sé, han de besar muy bien. Pero basta. Es ridículo este soñar despierto sin ton ni son. Es posible que en dos días nos encontremos, y entonces se verá qué de real hay en este zepelín de cariño que entre los dos estamos levantando. Lo mismo se nos cae encima y nos aplasta, o puede que nos lleve por los aires hasta alguna isla desierta donde seamos los reyes de la creación. Una voz pepitogrillo e insistente me avisa que debería interrumpir este Diario ya mismo, nublar mis sentimientos y expectativas para que él no tenga acceso, de un modo tan directo, brutal, a lo que escondo debajo de esta mirada de tipo seguro de sí. Pero, por otro lado, ¿qué más da? No mostrar mis ilusiones jamás dio resultado, y siempre afirmé alto y claro que quien esté conmigo lo hará a pesar de mis múltiples defectos y carencias. Bueno, de algún modo, este Diario expuesto a los cuatro vientos es una terapia, un exorcismo de malos espíritus, un grito hacia fuera. Una necesidad. Si de aquí surgiera algo más que una mera amistad, no dejaría de ser irónico y gracioso.
Y ya estoy desvariando de nuevo, así que lo dejo.

No sé nada de M desde poco antes de Nochevieja. Marchó con su amiga Susana a pasar unos días a Marruecos y desde entonces, silencio. Calculo que a estas alturas debería haber regresado, pero el teléfono lo tiene apagado y en su casa no contesta nadie. Se echa de menos su amistad a prueba de bombas, la charla pausada y sin sobresaltos con el amigo. Imagino que entendí mal y que aún sigue por tierras africanas, ignoro hasta cuándo. A su vuelta, se impone una noche de cañas y cigarrillos para ponerle al tanto de mis bandazos sentisexuales, que son de aúpa. Primero el escarceo (olvidado ya, ni me ha llamado ni me apetece que lo haga) con Tony, el cubano; más tarde, el rebrote de emociones fortísimas hacia V -y cuán olvidado lo tengo ahora-; en este momento, la presencia difusa pero poderosa de D al otro lado del teléfono, desgranando palabras que son ideas, como pinceladas muy finas que dibujan su contorno y lo definen un poco más cada vez. La pintura al óleo que sale de las brumas y se aclara en un tríptico hermoso que quiero hacer mío y colgar de mi pared. Aunque todavía no esté claro si es san Antón o la Purísima... Necesito la opinión de M. Para no perder el norte y hallar un camino de vuelta a Itaca. Pobre Ulises confundido y absurdo.
 
Comentario:
Nene, me alegro mucho que no sea nada más que una psoriasis. Parece que los de los blogs de ya.com estamos gafados de la zona genital. Mot con lo suyo, tú con lo tuyo y yo con una hernia inguinal que van a tener que operar dentro de poco según me dijo mi doctor hace una semana después de llamarme idiota por esperar un año para ir a verle. Te entiendo perfectamente en lo del despatarramiento delante de un extraño... con lo agusto que me despatarro yo delante de quien quiero y lo que me cuesta hacerlo delante de quien no (y eso que soy nudista convencido)... En fin, a ti siempre te quedará D. Buena suerte con él. Te deseo lo mejor.

Besos

PD.: Estoy borracho no tomes en cuenta nada de lo que diga, me ha quedado como Julie Andrews en 'Sonrisas y lágrimas', patético film pero uno de mis preferidos. Snif, yo quiero ser el coronel Von Trapp pero no encontrar a Julie Andrews si no al cartero nazi que se enamora de su hija la mayor aunque sea un hijoputa delator... Snif, snif.

Otro beso de un beodo que acaba de conocer al camarero de su vida. Dios existe, aunque sea sólo para crear hombres como P.
No