CALORES VERANIEGOS
Día a día noto los efectos de la salud que vuelve por sus fueros y electriza mi cuerpo. Echo un vistazo a cuanto me rodea y todo son muchachos guapos liberados de ropa que me hacen guiños de complicidad. En la piscina, por ejemplo, me entretengo tan ricamente con los cuerpos que pasan a mi lado, bronceados y fuertes, como frutas maduras al alcance de la mano –pero no tan al alcance, claro, qué más quisiera yo. Voy a Lago, no porque sea la piscina gay por antonomasia sino porque es la que más cerca queda de casa. Normalmente no suelo prodigarme por las instalaciones de arriba, que son un pase continuo de modelos, perfectos en cada músculo de diseño, trabajados en el gimnasio a lo largo de todo el año, estupendos en el traje de baño último modelo. Al verlos ir y venir casi a diario por Chueca, me atrae poco toda la parafernalia que tienen montada en la piscina. Las primeras veces, resulta curioso observar cómo cuando aparece el guapo de turno todo son miradas intensas, contoneos para llamar su atención, risas demasiado agudas y brillo en la mirada. Parecen (parecemos) gallinas cluecas revolucionadas porque llegó el gallo lustroso y follador que nos hará ver las estrellas. Pero esto, que divierte al principio, se torna de un aburrimiento mortal en cuanto uno lo ha visto más de dos o tres veces. Y como yo no entro en el juego de los ligoteos de piscina –no por ética, sino por timidez extrema, las cosas como son–, prefiero quedarme abajo, donde apenas hay gays y sí muchas familias, más grupos de chicos y chicas, también ocupados en el cortejo y apareo estivales. Ellos son muy jóvenes, a veces demasiado niños (hasta me preocupa este peligroso bordear la pederastia), y van en manada, como los cachorros de cazador, olisqueando a las chicas y batallando entre ellos, para demostrar quién es el más fuerte, quién de todos está al mando. Movimientos felinos, lentos y sinuosos, grandes chapoteos en el agua, gritos de placer cuando se vence al contrario. Y yo, mientras tanto, tumbado al sol devastador del mediodía, siguiéndolos con el rabillo del ojo, siempre atento a las figuras clásicas que representan al borde de la piscina, de pie en un grupo compacto, tumbados también sobre su toalla, extendiéndose la crema por brazos y torso y piernas y muslos. Ni qué decir que salgo de allí morenísimo y con unas ganas locas de tirarme al primero que se cruce en mi camino… Así voy pasando los días: una bomba de relojería humana que cualquier mañana estallará. De momento, salvo con Ángel, toca apretarse los machos y esperar.
Anoche estuve por Lavapiés con H&C. Hablando de la declaración de la renta (este año ya no me escapo), que aún no he hecho, me comentaron que puedo desgravar el alquiler y recibir como devolución una pastizara. No me vendría nada mal cara a las vacaciones...
Anoche estuve por Lavapiés con H&C. Hablando de la declaración de la renta (este año ya no me escapo), que aún no he hecho, me comentaron que puedo desgravar el alquiler y recibir como devolución una pastizara. No me vendría nada mal cara a las vacaciones...
GATO Y RATÓN
Anoche, de nuevo, dormí con Ángel. Quedamos en Tribunal (“en el sitio de siempre”, me dijo, lo que resulta gracioso si consideramos que era la segunda vez que nos veíamos) y fuimos hasta el Angie, donde nos esperaban E y Susana la gallega. Fue una manera de calmar las iras de E –últimamente de lo más rara y susceptible–, que consideraba muy mal el que, habiendo decidido salir a tomar algo, las abandonara por un polvo. Me hinché a coca-cola mientras ellas continuaban con sus cervezas y Ángel se pedía un Aquarius, no entiendo cómo alguien puede beberse eso. Parece que el chico encajó, mal que bien, en nuestra charla, que en algunos casos incluso monopolizó, pero yo no estuve cómodo en ningún momento, tenía la impresión de verle por primera vez, con los ojos despiadados de ellas, ojos y oídos que juzgaban cada gesto suyo, cada frase dicha. No hay cosa peor que ver a alguien reflejado en la mirada de tus amigos. Descubrí en Ángel a un chico estupendo, sensible y agradable, pero con un punto racista hacia los sudamericanos (ni recuerdo con qué término despectivo los llama, pero desde luego es un término muy despectivo) y cierta homofobia interiorizada que asusta. Lo primero que me dejó claro es que odia la pluma… ¿Cómo puede aborrecer algo que, quizás, está también en él? ¿Es consciente de que odiando la pluma se odia a sí mismo? Una cosa es que no te ponga alguien con pluma, de acuerdo, pero de ahí a odiarla dista un mundo de incomprensión y de autocensura. En fin, allá él. Por lo demás, también comprobé que no pilla mi sentido del humor, que uno tras otro, los chistes y bromas con que suelo expresarme caían en saco roto. No sé, la verdad es que me sentí, de algún modo (injustamente) avergonzado. María la rubia, con todos sus defectos, lo expresó muy bien, en una frase cruel pero justísima: “Hay tíos que sirven para la cama, pero que nunca debes pasear por ahí ni presentar a los amigos”.
Luego en casa, tras ver la tele un rato, hablaron los cuerpos; y en ese terreno el entendimiento fue completo. Cuando las pieles se encuentran, en un espacio neutral y a medio camino entre el sexo y la ternura, desaparecen los obstáculos de una relación a la que no veo continuidad alguna. Probablemente nos llamemos el sábado, quizás para un cine, aunque no creo que se quede a dormir: hay fiesta en casa de E por la despedida de M** la médico y Laura, he prometido que iré y, si voy, desde luego me apetece hacerlo solo. De momento, pues, más Valmont que Danceny.
Luego en casa, tras ver la tele un rato, hablaron los cuerpos; y en ese terreno el entendimiento fue completo. Cuando las pieles se encuentran, en un espacio neutral y a medio camino entre el sexo y la ternura, desaparecen los obstáculos de una relación a la que no veo continuidad alguna. Probablemente nos llamemos el sábado, quizás para un cine, aunque no creo que se quede a dormir: hay fiesta en casa de E por la despedida de M** la médico y Laura, he prometido que iré y, si voy, desde luego me apetece hacerlo solo. De momento, pues, más Valmont que Danceny.
DE CALORES, SEXO Y PANTALLAZOS VARIOS
Calor asfixiante. Y me digo que esto no es nada comparado con lo que nos espera... Hoy tenía que asistir a la presentación de algo gastronómico en el Reina Sofía, con algún famoso (David Delfín, Sergi Arola) y famosillo por ahí pululando. Pero entre el cansancio de recoger el monitor de la antigua casa de Javi para subirlo hasta la mía (cuatro pisos a pulso, demasiado para quien, como yo, es un tirillas sin fuerza alguna), el tema agotador de las correcciones para Fundación Autor –con M sobresaturado de trabajo y toda la historia empantanada, con el riesgo evidente de que C se mosquee–, más los antibióticos que estoy tomando, gracias a los cuales voy perfectamente aplatanado por la vida, no me quedaron ganas para la tontería de lo social. Así que hago pellas y, a la misma hora en que debía estar con un canapé en la mano y un zumo de tomate en la otra, escuchando tópicos y repartiendo sonrisas y besos al aire, me relajo con un café en La Antorcha y espero a que den las dos y media para comer con M S. Al trabajo y a mi supuesta profesionalidad, que les vayan dando.
Conocí a Ángel la otra noche, nos caímos bien, subió a casa y follamos. El mes que viene cumple veintidós y aunque no es mi tipo ideal –pero me atrae, y mucho–, posee toda la ternura e inocencia de sus pocos años, algo que suele desarmarme. En la cama, por ejemplo, me abrazaba y comía a besos, cosa que el decálogo del gay del siglo XXI tiene taxativamente prohibido en una primera cita. El caso es que me gustó tanta dosis de cariño (cuando lo normal es que me ponga en guardia y haga saltar todas mis alarmas de soltero recalcitrante). Lo más seguro es que volvamos a vernos. Y eso que me consta, porque me conozco, que la cosa no va a ir mucho más allá. ¿Qué hago? ¿Me cargo estos preliminares que casi seguro se quedarán en eso o hago el paripé del amor, a ver qué pasa? En ocasiones me siento un Valmont en potencia, otras veces sé cuán Danceny puedo llegar a ser. En todo caso, siempre un rompecorazones de pacotilla o un falso ingenuo. Ay.
En el periódico, entronización de ML-R como pontífice máximo (así que me toca discutir con ella lo de una hipotética subida de sueldo y la nueva tarifa de las columnas). Pereza, pereza, pereza. Nos han restringido el uso de Internet y, cuando aparece alguna palabra "sospechosa" (desde gay a puta, pasando por cocaína, follar, etcétera), salta el pantallazo con el anagrama de la empresa y bloquea la página. Parecemos niños pequeños en una guardería de diseño. Lo que ya me tocó los cojones –y de qué manera– es que anteayer no me permitió entrar en el blog para terminar el Diario, por los términos non gratos empleados en él. Hubiera cogido al informático, un gay resentido al que no soporto, y le hubiese dado de hostias.
Conocí a Ángel la otra noche, nos caímos bien, subió a casa y follamos. El mes que viene cumple veintidós y aunque no es mi tipo ideal –pero me atrae, y mucho–, posee toda la ternura e inocencia de sus pocos años, algo que suele desarmarme. En la cama, por ejemplo, me abrazaba y comía a besos, cosa que el decálogo del gay del siglo XXI tiene taxativamente prohibido en una primera cita. El caso es que me gustó tanta dosis de cariño (cuando lo normal es que me ponga en guardia y haga saltar todas mis alarmas de soltero recalcitrante). Lo más seguro es que volvamos a vernos. Y eso que me consta, porque me conozco, que la cosa no va a ir mucho más allá. ¿Qué hago? ¿Me cargo estos preliminares que casi seguro se quedarán en eso o hago el paripé del amor, a ver qué pasa? En ocasiones me siento un Valmont en potencia, otras veces sé cuán Danceny puedo llegar a ser. En todo caso, siempre un rompecorazones de pacotilla o un falso ingenuo. Ay.
En el periódico, entronización de ML-R como pontífice máximo (así que me toca discutir con ella lo de una hipotética subida de sueldo y la nueva tarifa de las columnas). Pereza, pereza, pereza. Nos han restringido el uso de Internet y, cuando aparece alguna palabra "sospechosa" (desde gay a puta, pasando por cocaína, follar, etcétera), salta el pantallazo con el anagrama de la empresa y bloquea la página. Parecemos niños pequeños en una guardería de diseño. Lo que ya me tocó los cojones –y de qué manera– es que anteayer no me permitió entrar en el blog para terminar el Diario, por los términos non gratos empleados en él. Hubiera cogido al informático, un gay resentido al que no soporto, y le hubiese dado de hostias.
LOS PEPEROS Y LAS MANIFAS
Parece que me los han cambiado, a estos chicos del PP, tan repeinados y modositos ellos, con sus polos de Ralph Lauren y su pizca de colonia bien olorosa y macho; a estas chicas del PP, mitad señoritas de provincias a la busca de un novio opositor, mitad arpías vestiditas de Chanel. Con esto de que los sociatas están dándole la vuelta al guante de España, andan ellos muy perdidos y con ganas de montar bulla. Así que se han armado de democracia mal entendida y le han cogido gusto a esto de las manifestaciones, que corear enseñas incendiarias detrás de una pancarta es como la droga dura que jamás probaron durante su adolescencia de reliquias y alcanfor (o sí, porque el Partido Popular está lleno de sorprendentes personajes, que antaño fueron más rojos que Carrillo y hogaño le rezan a la Santina para que nada cambie y, virgencita, virgencita, se queden como están, que están muy bien). Primero fue ese engendro en contra del diálogo con ETA, utilizando el candor de las víctimas como ariete contra la bestia negra que ven en Zapatero. Las víctimas, como tal, es lógico que se nieguen al diálogo con los asesinos etarras, yo no soportaría la idea de que aquél que mató a mi padre se paseara tan ufano por ahí. Del mismo modo que comprendo el fundamentalismo radical de alguien que ha sufrido directamente el zarpazo del terrorismo –palabra que, por cierto, George W. Bush y sus secuaces de las Azores han desvirtuado completamente–, no se lo permito a quien, en política, lo utiliza para confundir y dividir opiniones. Los políticos tienen el deber moral de solucionar esta lacra que dura ya demasiado, y el precio a pagar no me parece mucho (dialogar) si con ello se consigue que nunca más haya víctimas, ni de un bando ni del otro. Ver a Rajoy, a José María Aznar y a todos los otros clamando contra cualquier tipo de negociación me parece de un cinismo imperdonable.
La semana pasada le tocó el turno al tema del archivo de Salamanca. Bien: considerando que sólo van a trasladarse los documentos robados –no se olvide esto: fueron expoliados a sus legítimos dueños– durante la Guerra Civil, lo que supone un exiguo 2% del material que se guarda allí, y que estos documentos van a ser microfilmados para que cualquiera en Salamanca pueda seguir consultándolos, la movida que el PP ha montado allá no deja de ser un nuevo intento de hacer pupa a un Gobierno que les provoca sarpullidos por todo el cuerpo. El archivo está en la capital salmantina, pero no pertenece a un lugar en concreto, es propiedad del Estado y de todos los españoles. Con estas masnifestaciones, de nuevo, lo que se consigue es enfrentar a unas nacionalidades con otras, dar marcha atrás en un hipotético proceso de reconciliación nacional y tocar las narices a ZP y los suyos. Que es de lo que se trata.
En cuanto a la manifa prevista para este sábado en Madrid, qué voy a decir. Es difícil que yo me beneficie de la ley de matrimonio gay, más que nada porque uno cree poco en el matrimonio y menos en la durabilidad de las relaciones sentimentales. Pero no dejo por ello de ser un ciudadano de segunda, un pobre invertido (para quienes convocan la marcha) que merecería, cuando menos, estar encerrado entre cuatro paredes para hacer el menor ruido posible. Y si es con unas cuantas descargas, de cuando en cuando, de electroshock, mejor que mejor. Dicen que es a favor de la familia, institución sagrada en cuyo seno se han cometido siempre las mayores tropelías. Nadie ataca a la familia como tal, su supervivencia o su desaparición no dependen de que unos cuantos homosexuales se casen y tengan hijos. Eso es una estupidez que insulta a la inteligencia de cualquiera con más de dos dedos de frente... Si los gays y lesbianas ya pueden, desde hace años, adoptar individualmente, si ya hay papás maricones y mamás bolleras educando a sus retoños, de lo que se trata es de que esos niños (y esas parejas que no disfrutan de los mismos derechos que todo el mundo, pero sí pagan religiosamente sus impuestos, ojito) no vayan desnudos de legislación por el mundo. Se otorgan unos derechos a quienes no los detentaban, no se retiran estos derechos a nadie.
En fin. Qué aburrido tener que repetir, una y otra y otra vez, lo mismo. Sin que estas verdades de Perogrullo consigan alumbrar sus cabecitas repeinadas de chicos y chicas del PP. Así que seamos comprensivos con nuestros particulares neanderthales del siglo XXI y hagamos oídos sordos a la necedad de sus discursos. Porque la batalla social la tenemos ganada, se pongan como se pongan estos aprendices de Franco.
La semana pasada le tocó el turno al tema del archivo de Salamanca. Bien: considerando que sólo van a trasladarse los documentos robados –no se olvide esto: fueron expoliados a sus legítimos dueños– durante la Guerra Civil, lo que supone un exiguo 2% del material que se guarda allí, y que estos documentos van a ser microfilmados para que cualquiera en Salamanca pueda seguir consultándolos, la movida que el PP ha montado allá no deja de ser un nuevo intento de hacer pupa a un Gobierno que les provoca sarpullidos por todo el cuerpo. El archivo está en la capital salmantina, pero no pertenece a un lugar en concreto, es propiedad del Estado y de todos los españoles. Con estas masnifestaciones, de nuevo, lo que se consigue es enfrentar a unas nacionalidades con otras, dar marcha atrás en un hipotético proceso de reconciliación nacional y tocar las narices a ZP y los suyos. Que es de lo que se trata.
En cuanto a la manifa prevista para este sábado en Madrid, qué voy a decir. Es difícil que yo me beneficie de la ley de matrimonio gay, más que nada porque uno cree poco en el matrimonio y menos en la durabilidad de las relaciones sentimentales. Pero no dejo por ello de ser un ciudadano de segunda, un pobre invertido (para quienes convocan la marcha) que merecería, cuando menos, estar encerrado entre cuatro paredes para hacer el menor ruido posible. Y si es con unas cuantas descargas, de cuando en cuando, de electroshock, mejor que mejor. Dicen que es a favor de la familia, institución sagrada en cuyo seno se han cometido siempre las mayores tropelías. Nadie ataca a la familia como tal, su supervivencia o su desaparición no dependen de que unos cuantos homosexuales se casen y tengan hijos. Eso es una estupidez que insulta a la inteligencia de cualquiera con más de dos dedos de frente... Si los gays y lesbianas ya pueden, desde hace años, adoptar individualmente, si ya hay papás maricones y mamás bolleras educando a sus retoños, de lo que se trata es de que esos niños (y esas parejas que no disfrutan de los mismos derechos que todo el mundo, pero sí pagan religiosamente sus impuestos, ojito) no vayan desnudos de legislación por el mundo. Se otorgan unos derechos a quienes no los detentaban, no se retiran estos derechos a nadie.
En fin. Qué aburrido tener que repetir, una y otra y otra vez, lo mismo. Sin que estas verdades de Perogrullo consigan alumbrar sus cabecitas repeinadas de chicos y chicas del PP. Así que seamos comprensivos con nuestros particulares neanderthales del siglo XXI y hagamos oídos sordos a la necedad de sus discursos. Porque la batalla social la tenemos ganada, se pongan como se pongan estos aprendices de Franco.