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Un día de Artista Callejero...


Hace poco nos mandaron a escribir una crónica de imersión en clase de periodismo , eso, es asumir un roll completamente para contar una historia. Ya una vez había hecho lo que hice, pero acompañado, y con esa persona dando los discursos y tomando la iniciativa para hacer las cosas. Esta vez me tocaba a mi solo. Porque esta era mi historia....

Un día de Artista Callejero...


Por: Alberto Mario Suárez.

Era roja y en el centro tenía un degradado de negro, tenía tres cuerdas doradas y tres de plástico. Fue mi regalo de cumpleaños a los 16, uno de los mejores que me ha dado mi papá un 22 de febrero.

A final de año comencé mis primeras presentaciones en reuniones familiares y de amigos. Algo pasaba en ellas. A nadie le gustaba escucharme. Decían en un tono jocoso que había algo en mi voz que fastidiaba. Un amigo me dijo una vez que sentía como cuando iba al odontólogo, mi voz para él era como esa “fresita” que todo el mundo odia.

Por aquellos días creí que eso pasaba porque era el comienzo, pero hasta el día de hoy mi mamá hace un gesto de burlesco cuando me ve con la guitarra. Se que lo hace solo por jugarse conmigo. Pero que mi propia madre haga eso es la prueba magna que algo con mi vocación de artista anda mal

Martes, 10 de la mañana, el sol reventaba el pavimento. Camisa roja, bermuda azul y unos tenis sin media era la vestimenta que llevaba. La esquina del conjunto donde vivo en el Barrio San José era el lugar elegido.

Después de un tiempo de no cantar casi nada había llegado el día de intentarlo otra vez. Esta vez lo haría frente a gente desconocida. En aquel momento tenía ganas de ser escuchado y de cantar, no importaba como ni delante de quienes. A esa hora de la mañana creía que cantar en un bus era como arriesgarse a acercarse a una mujer desconocida, lo único que se puede perder es un poco de orgullo, y eso con los días se olvida.

Estuve unos cuantos minutos esperando el bus de Caldas Recreo, la ruta del centro. Mientras esperaba toque un par de veces la canción con la que pretendía presentarme aquella audiencia desconocida, “De Madrugada”, una canción de un grupo muy viejo llamado Ekhymosis, fue la primera que aprendí a tocar y era la “mejor” que podía representar.

El bus llego. Mi mirada lo siguió. Mis ganas también, todo menos mis pasos. No fui capaz de acercarme. Espere el segundo en la esquina, pasaron unos diez minutos. Mi mano seguía pasando por las cuerdas de la guitarra mientras tarareaba la canción con un poco de nerviosismo. “Las monedas se me quedaron en la casa, sino con mucho gusto te ayudaría”, me dijo una vecina en un tono jocoso, mientras pasaba por mi lado.

La salude, reí, mientras veía como se acercaba el bus en la distancia levantando una nube de polvo a los lados del camino. “Señor me da permiso para can...”, las palabras pasaron por el aire, mientras el bus se alejaba de mi, y me dejaba acompañado de una extraña sensación de vergüenza e impotencia en la esquina.

Tome la guitarra entre mis manos y busque un nuevo lugar, el sudor se derramaba sobre mi frente y el sol se reflejaba en el pavimento haciéndolo hervir con cada paso.

Semáforo de la calle Murillo con carrera 21, era el nuevo sitio. Pasaron quince minutos en la esquina, podía sentir miedo en ese instante, pero ya era la hora de arriesgarse. Semáforo en rojo, tome aire y unos cuantos pasos me llevaron al primer bus del día.

“Me deja cantar en el bus?”, con un ligero movimiento en su cabeza, el conductor de un bus de Coolítoral me dio la bandera verde para realizar la primera presentación de la jornada. “Buenos días a todos, les voy a cantar una canción que habla acerca la esperanza, se llama De Madrugada y si alguien le gusta y me quiere dar algo al final, se lo agradecería”, ese fue el discurso de introducción, de donde me salio no se, pero creo que en aquel instante sonó convincente.

Comencé a tocar las primeras notas y me di cuenta que era incomodo, aunque podía guardar más equilibrio del que creí iba a tener. Algunas personas me miraron, para otros el paisaje de la ventana era un espectáculo mas agradable. “No dejemos que se nos queme la ilusión antes de que muera el sol antes de que muera yo, por mi parte cambiare, donde quieras estaré…” cantaba y en la medida que avanzaba de un coro a otro me sentía como bailando con alguien al que no le puedo coger el paso.

“Bueno muchas gracias”, dije al terminar, busque los ojos de las personas a ver quien me daba algo, un señor se inclino ligeramente para sacar un par de monedas del bolsillo, cuando él lo hizo, dos más se animaron y baje con 600 pesos. Cerca de la iglesia de Chiquinquirá, en uno de los semáforos de la calle.

Me monte en el segundo bus sin pensarlo mucho. Dije mi discurso otra vez y las notas salieron. Me sentía mas seguro. Lo comencé a disfrutar, jugué con los coros y con la melodía en la guitarra.

Paso medio día, el balance; Tres buses y mil trescientos pesos en mis bolsillos. Me cambie al otro lado de la calle para tomar los buses que venían bajando. Hasta ese instante la gente me miraba cuando comenzaba a cantar y después su atención se perdía en el camino. Aquí nunca tuve la atención de nadie, y al final solo me dieron doscientos pesos. No se porque, pero eso me dolió, aunque tuviese mucho más dinero en mis bolsillos antes de subirme en el primer bus sentí que no era justo.

Cuando baje de aquel bus vi un niño de gorra y de pasos lentos que vendía dulces y me pregunte como se sentiría él cuando eso le pasara. El bus que vino fue aun peor, pues nadie me dio nada. Baje unas cuantas cuadras con el sudor que no se detenía y con el furor de artista apagado.

Tome el que creí sería el último y allí cante con todas las ganas que pude, solo dos señoras me miraban mientras cantaba y se sonreían ligeramente al escucharme. Al final nadie se movía. Un muchacho me dio una moneda de doscientos y después unas cuatro personas se animaron. Baje con 800 pesos y me sentí en paz en aquel instante por aquellas señoras que me escucharon.

Ese hubiese sido un buen momento para retirarme, pero tome otro bus del que me fui en blanco. Estaba cerca de mi casa, Murillo con 21 otra vez.

Mientras caminaba de regreso me di cuenta que hacer esa clase de cosas es un trabajo como cualquier otro, en que se sufre y se tienen momentos buenos y malos. Pero más que cualquier moneda, la mejor compensación que se puede dar aquellos que están en frente, es verlos, y saber que traen con ellos. Ya se que significa estar allí con una guitarra queriendo ser escuchado por un publico anónimo que solo pierde su mirada en la Jungla de cemento….

Cancion de la Semana

De Madrugada


No dejemos que
se nos queme la ilusión
antes de que caiga el sol
antes de que muera yo
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...
que aún podemos continuar

Una lágrima vá
deslizandose en mi piel
y no voy a permitir
que esto vuelva a suceder
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...

Que aún podemos ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya a cruzar...

Déjame un buscar, un sitio en otro lugar
donde me pueda perder
en tu cuerpo sin querer
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...

Que aún podemos ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya...
ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya a cruzar...(bis)

No dejemos que se nos queme la ilusion
antes de que caiga el sol
antes de que muera yo
por mi parte cambiare
donde quieras estare
mil caminos andare por que se.. (bis)

De Madrugada.
Autor: Ekhymosis.
 
Comentario:
Hey te doy un tip para la proxima...
Cuando te montes a cantar trata de cantar dos o mas canciones, pues a mi no me parece que una persona se le debe colaborar cuan do no muestra de verdad su trabajo, osea u7na cancion. Es mas facil decir q tienes una niña en un hospital, que cantar una sola cancion!!!
Manten el pulso y el equilibrio!!!
 
Comentario:
yo te hubiese dado hasta $10.000 (chilenos)aunque sea medio desabrido para cantar como me dijiste alguna vez jajajaja
Desde que escribiste ese articulo en tu blog anterior, en el que acompañaste a un amigo a tocar en el bus, intento no perder de vista a quien ofrece su música...
paz!!
No