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Como veo las cosas y unos cuantos cuentos.
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Crónica Urbana


Era un poco más de media noche, mi primo, Camilo, estaba sentado a mi mano derecha en una banca a las afueras del conjunto residencial donde vivo. Él es de Bogotá y pasaba vacaciones en mi casa. Era 16 de julio, se celebraban las fiestas de la Virgen del Carmen. La noche estaba tranquila, llegábamos de una fiesta no muy buena, en ella, se quedaron mi hermana y una tipa que andaba saliendo con mi primo hasta aquella noche.

El 16 de julio se celebra en todo el país, el suroccidente mi ciudad se llena ese día de fuegos artificiales y equipos de sonido gigantes que alguna vez alguien llamó, (Pick Up), mejor conocidos como, Picós, colocan a bailar a cuadras enteras en medio de la calle.

Mi primo quería conocer muy bien todo lo que pasaba en la ciudad un día como ese. Fuímos a una esquina cercana donde recuerdo cuando niño siempre colocaban un castillo de fuegos artificiales mientras una procesión de personas caminaban detrás de una imagen de la virgen, moviéndose de un lado a otro para esquivar las explosiones de fuegos artificiales que salían por el aire, por el piso, por donde menos lo esperase alguien que no quiere ser quemado mientras camina en plegarias que intentan acercarlo a Dios. Además del castillo, los fuegos artificiales y la virgen, también estaba aquel monstruo gigante que colocaba a bailar y a tomar cerveza a la calle entera.

Para ser honesto, desde aquellos días, no había vuelto aquella festividad. La calle estaba vacía, no habían chispas brotando de algún castillo, ni multitudes que caminaban en busca de Dios. No sabía a donde llevar a mi primo, ni donde carajos quedaría un picó cerca. Se suponía yo era el costeño, el guía, el anfitrión.
Sabía que Camilo no estaba bien con no haberlo encontrado, él es de esa clase de personas que siempre esta buscando algo más de lo que la vida tráe, de los que no le teme a ningún lugar, ni guarda prejuicios de ninguna clase, siempre está dispuesto hacer cualquier cosa con tal de vivir algo que valga la pena recordar.

Caminamos una cuadra arriba y venía un tipo que había visto y cruzado palabras con él un par de veces. Gary, un caminar tambaleante que dejaba ver cierto estado de ebriedad, lo caracterizaba en ese instante, caminaba por la mitad de la calle evitando la oscuridad de las aceras, y supongo que procuraba tener espacio por si el alcohol en sus venas lo hacían caer.

Gary, tenía puesta una gorra de medio lado, contó que venía de un barrio muchas calles abajo donde había una fiesta de la virgen, y decidió volver a casa porque al ambiente podía ser peligroso para él. Gary ya podía respirar profundo, pues había salido de aquel lugar.

Aunque no andaba con Gary, sabía que él no era precisamente el “mejor muchacho” del mundo, pero entre todas las cosas que me habían contado de él, era un tipo al que le guardaba cierto aprecio, aún casi sin conocerlo. Después de mucha insistencia por parte mía y de mi primo, Gary accedió llevarnos al lugar. Aquel instante era uno de esos momentos donde hubiese valido la pena escuchar a la mamá, a la abuela o a esa extraña sensación en tu mente que te dice que no lo hagas.

Las calles pavimentadas comenzaron a cambiar mientras caminábamos cuadras abajo, el terreno era más dañado, una luz amarilla tenue de los postes en la calle iluminaba el camino que parecía ahora el de cualquier pueblo fantasma.

Esta no era una buena idea pero ya no había marcha atrás, entramos a una cuadra donde la música de ritmo caribeño comenzó a retumbar los oídos de forma demencial. La gente bailaba, los carros hacían sonar estruendosos sistemas de sonido, sus dueños, recostados en las puertas de los vehículos, sostenían una botella mientras tomaban a mujeres por la cintura. En el fondo, después de una barrera de humo apareció un monstruo gigante, en cuyo centro había unas luces rojas que decían, “El chileno”, era el Pick Up, que buscábamos aquella noche. La sed de verlo estaba saciada. Para mi no había nada mas que hacer allí.

Pasaron un par de minutos cuando Gary corrió delante de nosotros huyendo de algo y buscando unos amigos de él presentes en la fiesta. Mi primo estaba sentado unos metros cerca de mi en un muro y dos tipos cerca de él, lo estaban mirando de forma extraña. Ya no era el susto, comenzaba a sentirme ansioso y quería irme de allí. Sin decirle nada, mi primo se acerco a mí a decirme que saliéramos caminando y me preparara para correr por que dos tipos se estaban acercando a mi por mí espalda.

Salí de la cuadra caminando a paso rápido, y después junto con mi primo y unas gotas de sudor frío que estaba en mi frente, corrí como pocas veces lo he hecho. Las cuadras pasaron rápido y no pensaba en nada mas que en una tragedia con Gary, en su funeral, y en mi cargo de conciencia por haberlo salido del lugar y haberlo dejado allí.

Llegamos al conjunto, agitados, en silencio, nos quedamos sentados en la banca donde todo comenzó mirando por la puerta del conjunto media hora por lo menos. Mi primo intentaba convencerme que no me preocupara, que todo estaría bien. Después de unos minutos apareció Gary con su caminar tambaleante, solo le faltaba la gorra y la tranquilidad que traía la primera vez que lo vi esa noche.


Canción de la Semana

El paraguas

Te quiero regalar el cielo mi amor
mejor llevemos paraguas
yo quiero regalarte el cielo mi vida
sin inundar nuestras almas(bis)

Quiero cubrirte de cualquier rayo de sol
y dar a luz mejor después de esta canción
prefiero ver las estrellas desde el planetario
crear constelación aún no es necesario

Para ver juntos varios eclipses
mejor conmigo protección siempre utilices
ni tu ni yo nos debemos de ir al cielo
no quiero nunca nos demos golpes de pecho

Te quiero regalar el cielo mi amor
mejor llevemos paraguas
yo quiero regalarte el cielo mi vida
sin inundar nuestras almas(bis)

Con esta ráfaga de amor tan cargada
será mejor que usemos un traje antibalas
no quiero morir ni matarte de amor
quiero cuidarte y que me cuides por favor

Para ver juntos (para ver juntos varios eclipses)varios eclipses
mejor conmigo protección siempre utilices
ni tu ni yo nos debemos de ir al cielo no
no quiero nunca nos demos golpes de pecho

Te quiero regalar el cielo mi amor
mejor llevemos paraguas
yo quiero regalarte el cielo mi vida
sin inundar nuestras almas(bis)

El paraguas
Autor: Doctor Krapula.