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La ventana
Como veo las cosas y unos cuantos cuentos.
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Historia de un Naufragio


El sol empezaba a caer aquella tarde. Sus pasos eran lentos intentando hacer pasar el tiempo despacio. Ella vestía un pequeño traje de dibujos de rosas, el color de sus ojos era miel. Dos trenzas caían por su pecho y sus senos se asomaban ligeramente por el escote. Vladimir no podía parar de mirarla mientras caminaba tomando su mano derecha. Faltaba poco para la que sería la boda. Él era un tipo normal, delgado, de un caminar un poco encorbado y usualmente no tenía mucho dinero.

Mientras reía de las cosas que Vladimir le decía en el camino, Carolina pudo ver como se acercaba un gran amigo de su prometido en la distancia.
- Mira amor, hay viene Daniel. Hace mucho que no lo veía.- dijo la novia.
Vladimir solo asintió con un movimiento de su cabeza. Guardaba una sonrisa en su rostro y Daniel se acercaba a pasos rápidos.

Un abrazo digno de un festejo de año nuevo fue la huella que dejó el encuentro entre los dos grandes amigos. Daniel soltó al que era casi su hermano y se acerco muy despacio a Carolina para darle un beso en la mejilla, tomo su mano izquierda y la apretó ligeramente mientras la miraba a los ojos por un instante.

Vladimir, que se sintió un poco incomodo en ese momento, soltó la mano de su novia y la rodeo por la espalda con su brazo. Ella sonreía con él y se refugiaba en su cuerpo. Daniel bajo un poco la mirada y luego reaccionó de golpe para invitarlos a dar un paseo por el mar en bote. La pareja acepto y los tres tomaron el camino que los llevaría a un puerto cercano.

Una embarcación antigua y de pintura corroída fue lo que vieron los tres viajeros cuando llegaron al muelle. Un hombre mayor, de barba y ropas sucias les dijo que sólo podía llevarlos, siempre y cuando su amigo, un anciano indigente, viniera con ellos en el viaje.

Los tres amigos no lo pensaron mucho y accedieron fácilmente a la propuesta de Julio, el marinero. El viaje comenzó bien, el mar, y el crepúsculo sobre las aguas marcaban el final de la tarde. La pareja no dejaba de besarse mientras estaban en la proa. Daniel observaba el mar en silencio y con cierta melancolía desde otra parte del barco. Julio, que tenía el timón del barco, no dejaba de mirar las piernas de Carolina mientras la brisa soplaba y subía su vestido a cada instante.

Cuando la noche empezaba a caer. El cielo se coloco gris y en cuestión de minutos una tormenta despertó la furia escondida en el mar, mar que en poco tiempo destruyó la embarcación de viejo marinero y dejó a los tripulantes del barco a la suerte de las olas.

Era de mañana, pedazos del barco estaban regados a lo largo de la playa. Carolina abrió los ojos, sintió un gran dolor en su cuerpo cuando intento levantarse, estaba semidesnuda pues el traje se le había soltado en la parte superior. Arreglaba su vestido y se cubría el cuerpo nuevamente. Julio la miraba desde otra parte de la playa sin que ella se diera cuenta.

Carolina empezó a caminar por la playa en busca de Vladimir, su vestido estaba roto en muchas partes, se alcanzaba a ver el borde de una de sus piernas y el escote era más grande, sus senos se asomaban dejando ver los grandes atributos de la joven de 19.

Julio se acerco. Ella tomó cierta distancia mientras el hombre que no dejaba de mirarle el pecho le hablaba.

-Mira mona, ellos está en una playa de otra isla que queda aquí cerquita, yo lo sé porque vi como las olas los arrastro hacía allá cuando el barco se hundió.

Carolina rompió en llanto, coloco las manos en su rostro. Julio tenía una sonrisa difícil de ocultar. Miro a su amigo el indigente en otro punto de la playa mientras Carolina no lo veía y le hizo una señal de éxito con el dedo pulgar.

-Señor, y será que usted me podría llevar, yo me agarro de su espalda y usted me lleva nadando.

Julio tomo un suspiro,- Bueno Mona, yo llevo mucho navegando con ese indigente que ves allá sentado, que según él está disfrutando del paisaje en la isla, te imaginaras como abra sido mi vida estos últimos años, y bueno, yo necesito distraerme. – Carolina lo miraba con desconfianza, atónita intentando descubrir lo que le quería decir el Marinero -. Yo necesito distraerme, y ahora que estas tu aquí así de bonita, porque no vamos pa allá atrás y la pasamos, tu sabes como...

La virginal Joven, indignada golpeo a Julio en el rostro con la palma de su mano y sin decir palabras se fue a otra parte de la playa lejos del marinero y su amigo el indigente.

Julio quedo estático, sobándose, en su mente se repetía la frase, “ella cae, ella cae”. Su amigo el indigente lo miraba, lo señalaba y se reía de él.

En la otra playa Daniel lloraba mientras miraba el mar. – Porque lloras por Carolina, yo soy su prometido se supone que debería estar así yo, no tu, que te pasa. - dijo Vladimir -, Daniel tarareo un poco antes de dar su respuesta. - No pienses mal compadre, no pienses mal, lloro por ustedes, después de este terrible accidente seguro su boda se cancela,- dijo Daniel entre sollozos. – De donde sacas que se cancela, que te pasa Daniel, apenas me vea con ella seguiremos con nuestros planes, no digas eso. – Tranquilo Vlado, no te pongas así conmigo, ya discúlpame, son sólo cosas que pienso por los nervios.

Pasaron dos días, Carolina no podía con la tristeza. El día anterior había vuelto a pedirle a Julio que la llevara, la conversación fue la misma, aunque Julio intento tocarle los senos, lo cual hizo que terminara en peores términos que la primera. Cuando caía la tarde, no pudo más, se acerco a Julio y le dijo que fueran a una parte sola de la isla, donde el indigente no pueda verlos.

Julio retiraba sus ropas mientras caminaba. Llegaron a un pequeño monte que al principio le parecía incomodo a Carolina, pero cuando se acostó en la arena se dío cuenta que no lo era tanto. Carolina pretendía decirle a Julio que las cosas pasarían despacio, no había dicho la primera palabra cuando Julio salto encima de ella y arranco sus ropas de forma salvaje.

-Señor, espere, espere, - decía carolina mientras el marinero envuelto en sudor embestía su cuerpo contra la delicada figura de la joven. Julio se detuvo un instante,- que pasa, que pasa, le dijo. – Cuando va terminar, no ha estado mal, pero ya es suficiente.- Ya tranquila, ya casi, le dijo Julio.

3 Horas después apareció la pareja en la playa, era de noche. El marinero le dijo que saldrían por la mañana. Carolina, que ahora caminaba adolorida, acepto sin muchos titubeos y se fue a esperar el día que venía. Mientras tanto el indigente amigo de Julio lo recibía dándole un masaje en los hombros mientras le decía, - Campeón, Campeón.

El sol empezaba a salir. Vladimir pudo ver que Julio comenzaba a nadar mar adentro desde su playa y que su novia estaba en la playa hablando con Daniel. Se acerco corriendo hasta donde ellos, empujo a Daniel y abrazo a su novia. Carolina le dio un beso mientras lloraba.

Vladimir estaba feliz, la novia no había parado de llorar dos horas después del reencuentro. – Pero que te pasa amor, acaso no estas feliz de verme otra vez, que los dos estemos vivos. – Dijo Vlado -, - Si estoy feliz de verte, estoy feliz, es sólo que para venir acá, Julio me propuso que, me propuso que...-. Las lagrimas no paraban y Carolina estaba cada vez más nerviosa.- Julio qué amor, Julio qué, dime. – Julio me propuso que me acostara con él, y bueno ahora siento mis caderas un poco más anchas, casi no puedo verte a los ojos, todo lo hice porque te amo.

Vladimir guardo silencio, se levanto. Carolina intentaba detenerlo. Vladimir la empujo, y le dijo – Hasta nunca, hasta nunca, no eres digna de mi. Carolina rompió en llanto y quedo sentada en la playa mientras Vladimir se alejaba. Pasaron unos cuantos minutos cuando Daniel se acerco, tomo sus manos y le dio un beso en la mejilla, - tranquila, cuando venía hacía acá Vladimir me contó lo que pasó. Yo te amo igual Carolina, yo te amo igual, puedes estar conmigo, ahora que lleguemos a la ciudad te amare como nunca te han amado, te cuidare y cuando lleguemos a mi casa, cuando lleguemos a mi casa, ya veras, ya veras.. –. Carolina sonrío, le dio las gracias a Daniel, tomo su mano y le dijo,
- Daniel, tranquilo, estas islas tienen unos montes que parecen incómodos, pero en realidad, no lo son tanto…
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Trabajo de inferencia; Clase Cronica y Reportaje 2006.

Cancion de la Semana.

El oficio de ser mama

La vi jugando frente a mi
con su vestido a cuadrille.
Cuando dejo caer de golpe
su pañal sobre mis pies.
Ya casi basta de regalos
y una balon en cada mano.
Y asi fue como yo me declare.

Hola natalia, como estas?
llego el momento de hablar.
Deja de comerte los mococos
y escucharme de verdad.
Aunque yo estoy en prescolar
y vos estes en el jardin.
Hay algo que hoy yo te quiero decir.

Quiero tenerte junto a mi
Y desnudarnos a escondidas.
Cuando la seo no nos vea
te hare el amor en el arenero del jardin.
Te besareee
como nadie lo ha hecho hasta aqui.

Vamos a hablar con mis papas
vamos a hablar con tus papas
ellos no tienen que apoyar
si nos queremos casar.
Y si nos dicen que NO
total yo se manejar,
en mi triciclo veloz
ambos podemos escapar.

Pero el problema comenzo
despues de la prueba de amor
A cada rato vomitaba
y con frecuencia se mareaba
Su cuerpo comenzo a cambiar
en unos meses engordo
y pensamos que era exeso de Manon

Y una mañana en el jardin
ella gritaba de dolor
mientras la seo la atendia
yo caminaba por el hall.
Fumando inquieto sin saber
que pasaria en el salon.
De golpe escucho llantos
y la puerta que se abrio.
Es un varon
te felicito Juan Manuel
me saludaban las maestras
y yo que nada podia entender cuando recorde
esa mañana en que la arena la ame.

Vamos a hablar con mis papas
vamos a hablar con tus papas .....

Vamos los tres a otro lugar
para volver a empezar
Rendire libre prescolar
y me pondre a trabajar.
Vos cuidaras el bebe
le cambiaras el paal
y le daras de mamar
y poco a poco a prenderas
el oficio de ser MAMA

El oficio de ser mama
Autor; Macaferri y asociados
 
Un día de Artista Callejero...


Hace poco nos mandaron a escribir una crónica de imersión en clase de periodismo , eso, es asumir un roll completamente para contar una historia. Ya una vez había hecho lo que hice, pero acompañado, y con esa persona dando los discursos y tomando la iniciativa para hacer las cosas. Esta vez me tocaba a mi solo. Porque esta era mi historia....

Un día de Artista Callejero...


Por: Alberto Mario Suárez.

Era roja y en el centro tenía un degradado de negro, tenía tres cuerdas doradas y tres de plástico. Fue mi regalo de cumpleaños a los 16, uno de los mejores que me ha dado mi papá un 22 de febrero.

A final de año comencé mis primeras presentaciones en reuniones familiares y de amigos. Algo pasaba en ellas. A nadie le gustaba escucharme. Decían en un tono jocoso que había algo en mi voz que fastidiaba. Un amigo me dijo una vez que sentía como cuando iba al odontólogo, mi voz para él era como esa “fresita” que todo el mundo odia.

Por aquellos días creí que eso pasaba porque era el comienzo, pero hasta el día de hoy mi mamá hace un gesto de burlesco cuando me ve con la guitarra. Se que lo hace solo por jugarse conmigo. Pero que mi propia madre haga eso es la prueba magna que algo con mi vocación de artista anda mal

Martes, 10 de la mañana, el sol reventaba el pavimento. Camisa roja, bermuda azul y unos tenis sin media era la vestimenta que llevaba. La esquina del conjunto donde vivo en el Barrio San José era el lugar elegido.

Después de un tiempo de no cantar casi nada había llegado el día de intentarlo otra vez. Esta vez lo haría frente a gente desconocida. En aquel momento tenía ganas de ser escuchado y de cantar, no importaba como ni delante de quienes. A esa hora de la mañana creía que cantar en un bus era como arriesgarse a acercarse a una mujer desconocida, lo único que se puede perder es un poco de orgullo, y eso con los días se olvida.

Estuve unos cuantos minutos esperando el bus de Caldas Recreo, la ruta del centro. Mientras esperaba toque un par de veces la canción con la que pretendía presentarme aquella audiencia desconocida, “De Madrugada”, una canción de un grupo muy viejo llamado Ekhymosis, fue la primera que aprendí a tocar y era la “mejor” que podía representar.

El bus llego. Mi mirada lo siguió. Mis ganas también, todo menos mis pasos. No fui capaz de acercarme. Espere el segundo en la esquina, pasaron unos diez minutos. Mi mano seguía pasando por las cuerdas de la guitarra mientras tarareaba la canción con un poco de nerviosismo. “Las monedas se me quedaron en la casa, sino con mucho gusto te ayudaría”, me dijo una vecina en un tono jocoso, mientras pasaba por mi lado.

La salude, reí, mientras veía como se acercaba el bus en la distancia levantando una nube de polvo a los lados del camino. “Señor me da permiso para can...”, las palabras pasaron por el aire, mientras el bus se alejaba de mi, y me dejaba acompañado de una extraña sensación de vergüenza e impotencia en la esquina.

Tome la guitarra entre mis manos y busque un nuevo lugar, el sudor se derramaba sobre mi frente y el sol se reflejaba en el pavimento haciéndolo hervir con cada paso.

Semáforo de la calle Murillo con carrera 21, era el nuevo sitio. Pasaron quince minutos en la esquina, podía sentir miedo en ese instante, pero ya era la hora de arriesgarse. Semáforo en rojo, tome aire y unos cuantos pasos me llevaron al primer bus del día.

“Me deja cantar en el bus?”, con un ligero movimiento en su cabeza, el conductor de un bus de Coolítoral me dio la bandera verde para realizar la primera presentación de la jornada. “Buenos días a todos, les voy a cantar una canción que habla acerca la esperanza, se llama De Madrugada y si alguien le gusta y me quiere dar algo al final, se lo agradecería”, ese fue el discurso de introducción, de donde me salio no se, pero creo que en aquel instante sonó convincente.

Comencé a tocar las primeras notas y me di cuenta que era incomodo, aunque podía guardar más equilibrio del que creí iba a tener. Algunas personas me miraron, para otros el paisaje de la ventana era un espectáculo mas agradable. “No dejemos que se nos queme la ilusión antes de que muera el sol antes de que muera yo, por mi parte cambiare, donde quieras estaré…” cantaba y en la medida que avanzaba de un coro a otro me sentía como bailando con alguien al que no le puedo coger el paso.

“Bueno muchas gracias”, dije al terminar, busque los ojos de las personas a ver quien me daba algo, un señor se inclino ligeramente para sacar un par de monedas del bolsillo, cuando él lo hizo, dos más se animaron y baje con 600 pesos. Cerca de la iglesia de Chiquinquirá, en uno de los semáforos de la calle.

Me monte en el segundo bus sin pensarlo mucho. Dije mi discurso otra vez y las notas salieron. Me sentía mas seguro. Lo comencé a disfrutar, jugué con los coros y con la melodía en la guitarra.

Paso medio día, el balance; Tres buses y mil trescientos pesos en mis bolsillos. Me cambie al otro lado de la calle para tomar los buses que venían bajando. Hasta ese instante la gente me miraba cuando comenzaba a cantar y después su atención se perdía en el camino. Aquí nunca tuve la atención de nadie, y al final solo me dieron doscientos pesos. No se porque, pero eso me dolió, aunque tuviese mucho más dinero en mis bolsillos antes de subirme en el primer bus sentí que no era justo.

Cuando baje de aquel bus vi un niño de gorra y de pasos lentos que vendía dulces y me pregunte como se sentiría él cuando eso le pasara. El bus que vino fue aun peor, pues nadie me dio nada. Baje unas cuantas cuadras con el sudor que no se detenía y con el furor de artista apagado.

Tome el que creí sería el último y allí cante con todas las ganas que pude, solo dos señoras me miraban mientras cantaba y se sonreían ligeramente al escucharme. Al final nadie se movía. Un muchacho me dio una moneda de doscientos y después unas cuatro personas se animaron. Baje con 800 pesos y me sentí en paz en aquel instante por aquellas señoras que me escucharon.

Ese hubiese sido un buen momento para retirarme, pero tome otro bus del que me fui en blanco. Estaba cerca de mi casa, Murillo con 21 otra vez.

Mientras caminaba de regreso me di cuenta que hacer esa clase de cosas es un trabajo como cualquier otro, en que se sufre y se tienen momentos buenos y malos. Pero más que cualquier moneda, la mejor compensación que se puede dar aquellos que están en frente, es verlos, y saber que traen con ellos. Ya se que significa estar allí con una guitarra queriendo ser escuchado por un publico anónimo que solo pierde su mirada en la Jungla de cemento….

Cancion de la Semana

De Madrugada


No dejemos que
se nos queme la ilusión
antes de que caiga el sol
antes de que muera yo
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...
que aún podemos continuar

Una lágrima vá
deslizandose en mi piel
y no voy a permitir
que esto vuelva a suceder
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...

Que aún podemos ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya a cruzar...

Déjame un buscar, un sitio en otro lugar
donde me pueda perder
en tu cuerpo sin querer
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...

Que aún podemos ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya...
ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya a cruzar...(bis)

No dejemos que se nos queme la ilusion
antes de que caiga el sol
antes de que muera yo
por mi parte cambiare
donde quieras estare
mil caminos andare por que se.. (bis)

De Madrugada.
Autor: Ekhymosis.