Quien Llevara Nuestra Bandera
Un popular periódico de la ciudad colocaba en una nota de judiciales el día de ayer; “En materia de orden público, todo está controlado para este domingo”, por su parte otro diario titulaba en una nota que trataba acerca el mismo tema; “Ejército se ‘toma’ el centro de la ciudad”.
Cerca de ocho mil soldados se necesitan para mantener el orden publicó en el departamento del Atlántico. El actual Candidato presidente, Álvaro Uribe, ha manejado a lo largo de estos cuatro años un discurso centrado en la, “Política de seguridad Democrática”, pero hoy, luego de cuatro años de hablar de todas las ventajas de esta política y los beneficios que han sido contados tan arduamente en cifras por el primer mandatario, aun se necesitan ocho mil soldados para hacer que la gente se sienta segura en el caribe; Entonces, ¿Que tan efectiva fue la política de seguridad del presidente?, si aun hoy para estar seguros se necesitan 8000 soldados, ¿Que tan cierta es la política de seguridad en la que ha estado trabajando durante cuatro años el actual estado?, política por la cual se le aumento el presupuesto a la defensa y se le redujeron a otros sectores de interés social para los colombianos.
Todas las encuestas apuntan a que el próximo 28 de mayo los colombianos elegirán al presidente que aumento la edad para pensionarse, al mandatario que recorto los beneficios de los obreros, disminuyendo el pago de horas extras, entre tantas cosas que no aparecen en las cifras mágicas que son pronunciadas cada vez que Uribe se sube a dar discursos en las populares Juntas Comunales, que se hicieron durante estos cuatro años en todo el país. Valdría la pena que los colombianos se preguntasen que es lo que realmente quieren en este nuevo periodo presidencial que esta por venir, valdría la pena que se preguntasen si realmente se sienten seguros este domingo con la presencia de miles de soldados por las calles, que mas que inspirar seguridad, están gritando con sus armas que hay una amenaza cerca.
Esta en la decisión de los votantes, si quieren seguir con las cifras del actual presidente y sus políticas de “seguridad democrática” durante estos cuatro años. Seria bueno que los colombianos se preguntasen de una manera honesta, en manos de quien quedara el destino de nuestra bandera el próximo 28 de mayo.
En Sala de Urgencias.
Por: Alberto Mario Suárez D.

Una noche de sábado cuando el sol acaba de colocarse, un grupo de personas hace un ligero tumulto a las afueras del recinto, se ubican frente una puerta de hierro marrón y oxidada, la cual, da paso al corredor en el que algunos gritan mientras cubren sus heridas, y otros corren vestidos de blanco de un lado a otro. Es el lugar donde son atendidas las personas mas pobres de la ciudad. Con una arquitectura antigua y cuya forma da la apariencia de un castillo, en la esquina de la calle 33 con 33, se encuentra El Hospital de Barranquilla.
“Esto es una noche trágica”, cuenta David Hasis, un herrero de 35 años que hace 8 cuida la entrada al caudaloso recinto, David habla a las personas por una pequeña ventana de la puerta que apenas deja ver su rostro, al interior un cerrojo que maneja con ambas manos, decide cuantos familiares entran con el enfermo.
Cuando comienza la noche, David ha dado entrada a dos personasheridas de bala, y para él, son solo las primeras de muchas que vienen, sean de bala, o cualquier mal que padezcan. Según cuenta David, a diferencia de otros lugares en los que la gente no es atendida a menos que paguen o se encuentren afiliadas aun sistema de salud, en el Hospital de Barranquilla, todos pueden entrar, pero no saldrán hasta que cancelen sus cuentas, “hasta que no paguen, no los puedo dejar salir”.
Después de atravesar el umbral de acero que cuida aquel herrero, hay un corredor en el que un olor a Alcohol muy profundo, hace el ambiente un tanto perturbador, personas van y vienen de un lado a otro bajo una luz amarilla tenue, las paredes posen unas pequeñas marcas rojas, dejan ver que alguien dejaba parte de su cuerpo derramándose en el lugar. El movimiento y drama que se vive en aquel pasillo, da la impresión de ser un recinto donde se curaran heridos de guerra.
Familiares cuyos rostros guardan desesperación, señores de batas blancas que corren por salvar vidas, enfermos de todas las causas, y hasta algunos policías, están el en corredor, estos últimos investigan los heridos de historias violentas.
Uno de los cuartos que se encuentra del lado derecho del pasillo, aloja a Nelson Rojano, un lavador de carros que callo mientras caminaba por una calle de la ciudad y se lesiono una pierna, es una de las 120 personas de los cuartos de urgencias, cuartos que solo tienen capacidad para 20, “Dicen que me van hacer una operación, pero que no hay los implementos”,Hace 23 días esta tendido en una camilla, los cual lo tiene sumido en una profunda depresión, pues desde su llegada se encuentra esperando una intervención quirúrgica, o algún procedimiento que le haga mejorar.
“A la institución le hace falta todo, menos pacientes, eso es lo que siempre hay”, cuenta Hernando Sanjuanelo, Medico de 43 años que se la pasa de un lado a otro en el pasillo de urgencias, y también lidera a los que como él, cada día libran una batalla para salvar las esperanzas de los que llegan buscando ayuda al Hospital.
Con el pasar de las noches, sus ojos brillantes han guardado la sabiduría que solo los años en la sala de urgencias le han podido dar, para Hernando, la batalla que libra el hospital una noche como esta, mas allá de ser culpa de la naturaleza y las enfermedades que vienen con ella, o las desgracias que acompañan a los que asisten a la sala de urgencias, el drama que vive el Hospital de Barranquilla para Hernando, es culpa del Estado, porque según él, el Estado ha negado los recursos necesarios al hospital para prestar un servicio digno.
Hacen falta desde camillas, y sabanas para las camillas, hasta recursos para cubrir la nomina de los médicos que laboran día a día, cuyos rostros reflejan la pasión por salvar vidas, y a la vez el sudor de la impotencia de no tener los materiales necesarios para llevar su obra en la mejor forma a las personas.
“Si me tocara volver hacer mi año de internado, lo volvería hacer aquí sin pensarlo dos veces”, dice Paola David, una estudiante de Medicina que se encuentra a punto de recibir su titulo, y que realiza el año de internado cuidando enfermos en el cuarto del corredor donde se encuentra alojado Nelson, el que espera desde hace 23 días su intervención. Paola se viste con una bata azul, y para ella, sin importar todo el tiempo que ha estado en el Hospital, cada noche sigue siendo un drama distinto. Cuando era niña una enfermedad en los riñones que la tuvo a punto de partir de este mundo, la hizo querer entregarse al mundo de los que rescatan a los enfermos, ahora es una mas que camina por el pasillo.
Tanto a Paola como a Hernando, lo que más les aflige del hospital, es no tener condiciones para realizar una labor que no da espacio a la improvisación, pues la labor medica consiste en salvar vidas como la de Nelson y la de los 120 que se encuentran en el pasillo de urgencias, y en esto no hay tiempo de espera, o de excusas.
Al hospital, como dice el doctor Hernando, le hace falta de todo, menos enfermos, y ganas de trabajar de aquellos que con una bata blanca que en sala de urgencias, cuentan cada noche una historia diferente, o como diría el mismo Hernando, “Todas las noches en el Hospital de Barranquilla, son especiales, porque se aprende, se salvan vidas, y se ayuda a la gente que no le interesa al estado”.
Periodico el Punto. Mayo 2006

Una noche de sábado cuando el sol acaba de colocarse, un grupo de personas hace un ligero tumulto a las afueras del recinto, se ubican frente una puerta de hierro marrón y oxidada, la cual, da paso al corredor en el que algunos gritan mientras cubren sus heridas, y otros corren vestidos de blanco de un lado a otro. Es el lugar donde son atendidas las personas mas pobres de la ciudad. Con una arquitectura antigua y cuya forma da la apariencia de un castillo, en la esquina de la calle 33 con 33, se encuentra El Hospital de Barranquilla.
“Esto es una noche trágica”, cuenta David Hasis, un herrero de 35 años que hace 8 cuida la entrada al caudaloso recinto, David habla a las personas por una pequeña ventana de la puerta que apenas deja ver su rostro, al interior un cerrojo que maneja con ambas manos, decide cuantos familiares entran con el enfermo.
Cuando comienza la noche, David ha dado entrada a dos personasheridas de bala, y para él, son solo las primeras de muchas que vienen, sean de bala, o cualquier mal que padezcan. Según cuenta David, a diferencia de otros lugares en los que la gente no es atendida a menos que paguen o se encuentren afiliadas aun sistema de salud, en el Hospital de Barranquilla, todos pueden entrar, pero no saldrán hasta que cancelen sus cuentas, “hasta que no paguen, no los puedo dejar salir”.
Después de atravesar el umbral de acero que cuida aquel herrero, hay un corredor en el que un olor a Alcohol muy profundo, hace el ambiente un tanto perturbador, personas van y vienen de un lado a otro bajo una luz amarilla tenue, las paredes posen unas pequeñas marcas rojas, dejan ver que alguien dejaba parte de su cuerpo derramándose en el lugar. El movimiento y drama que se vive en aquel pasillo, da la impresión de ser un recinto donde se curaran heridos de guerra.
Familiares cuyos rostros guardan desesperación, señores de batas blancas que corren por salvar vidas, enfermos de todas las causas, y hasta algunos policías, están el en corredor, estos últimos investigan los heridos de historias violentas.
Uno de los cuartos que se encuentra del lado derecho del pasillo, aloja a Nelson Rojano, un lavador de carros que callo mientras caminaba por una calle de la ciudad y se lesiono una pierna, es una de las 120 personas de los cuartos de urgencias, cuartos que solo tienen capacidad para 20, “Dicen que me van hacer una operación, pero que no hay los implementos”,Hace 23 días esta tendido en una camilla, los cual lo tiene sumido en una profunda depresión, pues desde su llegada se encuentra esperando una intervención quirúrgica, o algún procedimiento que le haga mejorar.
“A la institución le hace falta todo, menos pacientes, eso es lo que siempre hay”, cuenta Hernando Sanjuanelo, Medico de 43 años que se la pasa de un lado a otro en el pasillo de urgencias, y también lidera a los que como él, cada día libran una batalla para salvar las esperanzas de los que llegan buscando ayuda al Hospital.
Con el pasar de las noches, sus ojos brillantes han guardado la sabiduría que solo los años en la sala de urgencias le han podido dar, para Hernando, la batalla que libra el hospital una noche como esta, mas allá de ser culpa de la naturaleza y las enfermedades que vienen con ella, o las desgracias que acompañan a los que asisten a la sala de urgencias, el drama que vive el Hospital de Barranquilla para Hernando, es culpa del Estado, porque según él, el Estado ha negado los recursos necesarios al hospital para prestar un servicio digno.
Hacen falta desde camillas, y sabanas para las camillas, hasta recursos para cubrir la nomina de los médicos que laboran día a día, cuyos rostros reflejan la pasión por salvar vidas, y a la vez el sudor de la impotencia de no tener los materiales necesarios para llevar su obra en la mejor forma a las personas.
“Si me tocara volver hacer mi año de internado, lo volvería hacer aquí sin pensarlo dos veces”, dice Paola David, una estudiante de Medicina que se encuentra a punto de recibir su titulo, y que realiza el año de internado cuidando enfermos en el cuarto del corredor donde se encuentra alojado Nelson, el que espera desde hace 23 días su intervención. Paola se viste con una bata azul, y para ella, sin importar todo el tiempo que ha estado en el Hospital, cada noche sigue siendo un drama distinto. Cuando era niña una enfermedad en los riñones que la tuvo a punto de partir de este mundo, la hizo querer entregarse al mundo de los que rescatan a los enfermos, ahora es una mas que camina por el pasillo.
Tanto a Paola como a Hernando, lo que más les aflige del hospital, es no tener condiciones para realizar una labor que no da espacio a la improvisación, pues la labor medica consiste en salvar vidas como la de Nelson y la de los 120 que se encuentran en el pasillo de urgencias, y en esto no hay tiempo de espera, o de excusas.
Al hospital, como dice el doctor Hernando, le hace falta de todo, menos enfermos, y ganas de trabajar de aquellos que con una bata blanca que en sala de urgencias, cuentan cada noche una historia diferente, o como diría el mismo Hernando, “Todas las noches en el Hospital de Barranquilla, son especiales, porque se aprende, se salvan vidas, y se ayuda a la gente que no le interesa al estado”.
Periodico el Punto. Mayo 2006





