No es que tenga miedo de las leyendas de los pueblos. Casi todos las tienen, y finalmente son historias que, contadas de generación en generación, han ido adornándose de detalles muy poco creíbles.
En el pueblo donde vive Laura no existe oficialmente ninguna leyenda. Lo que existe es un silencio sepulcral y unas miradas cómplices cuando nombras el murete del Raculán.

El murete del Raculán es un pequeño muro, semiderruido, junto al camino de San Cosme y no muy apartado del río. Los que no somos del pueblo solemos nombrarlo en algún bar o en alguna tienda sólo para observar, comprobar y corroborar que se produce ese silencio y esas miradas. Y ese cambiar de tema rápidamente. En alguna ocasión hemos comprobado como los gatos o los perros se alejan de ese lugar, mirándolo de reojo o agachando el hocico. Incluso hemos llegado a echar a un gato hacia el muro y ha salido despavorido, como poseído, en dirección contraria.
Hemos sacado el tema cuando hemos visto a un grupo de niños jugando en la calle. Se miran y se van corriendo.
Podríamos afirmar que a los niños simplemente se les ha dicho que no hablen del tema, y menos con forasteros. Y estamos convencidos de que cuando llegan a una edad determinada (probablemente cuando deben abandonar el pueblo para ir al instituto) les cuentan el secreto del murete del Raculán. Un secreto transmitido en alguna ceremonia de iniciación en la que no tienen cabida los extraños.
Por eso no quiero vivir en el pueblo donde vive Laura. No porque me dé miedo el murete del Raculán, sino porque no están dispuestos a compartir conmigo el secreto.
Buen post
Saludos







