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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


Si quieres saber algo más de la sin cencerro, mi difunto blog es eso, un difunto, así que naranjas de la China.
Enlaces
Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Máter España
La primera vez que reparé en la letra, en el significado ea, de esta canción de Sabina -a éste paso me va a tener que cobrar derechos de autor, ya es la seguna o tercera de la que hablo en esta bitácora- conducíamos por las curvas carreteras de Cameros, una preciosa zona riojana que deberiáis visitar, y me percataba de lo bonita y distinta que es esta España nuestra...

Y me da una lástima tremenda estar asistiendo a la pantomima y el teatro de baratillo que se está llevando a cabo con nosotros por parte de instituciones, medios de comunicación, politiquillos...

Os dejo con la letra.

Máter España
de barba peregrina,
que falta a misa de doce,
que no conoce rutina,
masona, judía, cristiana,
pagana y moruna.
Máter España,
más guapa que ninguna.

Madrastra España
a la hora de la siesta,
la puta que se enamora,
la fruta que se indigesta,
que al filo de la cucaña
mira pa otro lado.
bendita España
de Azañas y Machados.

Cómplice España
tormento redentor,
Perejil, Ceuta y Melilla,
cotos de caza menor,
catalán, galego, euskera,
lacandón, Castilla,
tópica España,
fibra óptica y ladillas.

Huérfana España
raíces y cimientos,
epidemias, cicatrices,
blasfemias y sacramentos,
¿por quién doblan las campanas?
San Fermín en vena,
la de Triana
contra la Macarena.

Judas España
del mus y del café,
Al Andalus, Malasaña,
gitanito aserejé,
la del mono azul cobalto
y el caballo verde,
guardia de asalto
que ladra pero muerde.

Chusco y legaña
de todas o ninguno,
tricolor bandera blanca,
Millán Astray, Unamuno,
cervantina cojitranca
de áspero pasado
¿Quién me ha robado
el siglo veintiuno?

Máter España...
 
Ulises y Penélope
Esta vez ha sido Ática y no Ítaca la que ha confirmado la fidelidad y el amor que Penélope profesa por Ulises.



(Ulises es, además del héroe homérico, mi cámara de fotos.)

Feliz fin de semana. Miss Calamity.
 
Cosas que empiezan, cosas que acaban
Ayer mismo terminó mi curso en la Escuela de Letras de Madrid. De todos los cursillos que he hecho éste ha sido el que más me ha gustado (junto con mis estudios de Fotografía en el IEFC de Barcelona).

En esa última clase terminé un cuadernito de pastas duras, rojo apagado, con eje central de alambre blanco. Un cuaderno que me ha acompañado durante más de diez años. Empezó con mis apuntes de jardinería y unos planos. Pasó a ser el libro de cuentas. Más tarde de anotaciones de lo más variopinto, de dibujos a aforismos y pintadas del Metro. Y finalizó por contener los apuntes de este curso del que os hablo.



Hoy me voy ¡por fin! a Grecia. Sólo a Atenas, quizá nos acerquemos a Delfos o a Corinto o nos hagamos los 42 kilómetros que separan a la capital griega de la ciudad de Maratón... El tiempo, cruel dictador, nos dirá.

Me voy acompañada de una nueva libreta que compré en la Librería de Lavapiés el pasado martes. No quería una típica tipo Moleskine hemigweniana, tan masificada en los tiempos que corren, así que me decanté por una Paper Blanks exacta a la de la foto de aquí arriba. Empezará como un cuaderno de bitácora que narre mis peripecias por Ática, pero, ¿cómo acabará?

Pásenme un buen fin de semana. Miss Calamity.
 
Muerte dulce
Cuando un jugador de Mus pierde una mano mientras se recuentan las piedras o amarracos de la partida sin necesidad de haber echado un órdago previamente, se dice que ha sido Muerte Dulce. Los adversarios te ganan el juego y tú y tu compañero no os habíais dado cuenta.

Algunos días, sobre todo de camino al trabajo o, peor, de vuelta a casa desde el trabajo, tengo esa extraña sensación. Alguien o algo se ha apoderado de mi vida y yo ni siquiera he sido consciente. En el momento que lo pienso empiezo a ser consecuente con la idea y trato de recuperar mis amarracos perdidos, pero en ese instante el juego ya ha concluido y ya has perdido la partida. Un pitillo te quita cinco minutos de vida; el trabajo ocho horas diarias (por lo menos).