Sólo sé que no sé nada
Aquí estoy otra vez. Me manifiesto de nuevo en el ágora de los unos y los ceros llamada blogosfera para deciros que estos últimos días han sido extraños. Qué digo extraños, ¡extrañísimos!. Las tonalidades grises han brillado por su ausencia. Todo ha ido del blanco más impoluto al negro zaíno sin reparar en grises perla o marengo.
La historia comienza con una malísima noticia: la madre de un ser, cada vez más allegado a mí, falleció. Como si la conociera, oye. Me quedé medio pallá, atontada toda la tarde. Hasta que no hablé con mi amigo y vi que la cosa, dentro de lo posible en tales circunstancias, estaba más o menos bien, no estuve un poco más relajada (que no es lo mismo que tranquila).
La noche de esa misma tarde recibí una paradójica llamada en la que una voz masculina preguntaba por mí:
- ¿Misss Calamity?
- Sí. Yo misma.
- Hola. Soy Fulanito de Tal de la empresa Pepe Leches Advertising. Tenemos aquí un currículum tuyo en el que te ofreces como directora de arte. Nosotros estamos buscando un director de arte para ya mismo.
- Ah, bien.
En ese momento yo estaba como las vacas mirando al tren. Vamos a ver: hace dos años que no envío ni un solo currículum. A nadie. ¡¿Cómo demonios iba alguien a tener una vida laboral mía?! Se supone, mejor dicho, supongo que una vez que termina un proceso de selección la empresa seleccionadora se deshace de los papeles que no sirven, ¿no? Pues no. Algunas les conservan.
Al final no tuve la entrevista el viernes. La tuve ayer. Y fue la entrevista que menos me he preparado en mi vida. Primero, porque no tenía en condiciones el portafolio (me faltaban por introducir los trabajos del último año y medio) y no me daba tiempo a ponerlo en perfecto estado de revista en tres días. Segundo, porque a saber qué versión de currículum tenía Fulanito de Tal. Tercero, porque me tomaba todo esto como un ensayo para próximos y fructíferos encuentros laborales.
Así que ayer:
Llegué tarde (una hora larga) a la entrevista. También pillé un atasco de tres pares de narices a la salida de la M-40…
Ni maquillaje, ni peine, ni traje, ni nada de nada. Más que ir a una entrevista parecía que iba a comprar el pan al China Town que hay debajo de mi casa. Me faltó ir con el pantalón del chándal para completar el total look.
Llevé la carpeta desordenada, los gráficos sin pegar bien y, ¡coño!, se me olvidó en casa una versión actualizada de mi currículum. Verídico. Ni currículum llevaba.
Fui prácticamente de empalmada (con tres horitas escasas de sueño) y llegué mareadísima por la infinitud de rotondas que tuvimos que pillar a toda leche con el Golf-o.
Las espectativas que me había formado con que aquello saliera medianamente bien se acercaban más al cero que al diez en una escala numérica. Fui sin esperanzas. Y como fui desesperanzada, la desinhibición hizo acto de presencia en las casi dos horas que duró el tête a tête candidata-empresa. ¡Leche! hasta solté algún taco y todo en plan colegas de toda la vida.
En fin, que esta mañana venía yo a mi curro de “toda la vida” pensando que nada iba a ser diferente a ayer o antes de ayer cuando, ¡oh!, un e-mail en mi buzón de correo personal me anunciaba que ¡había sido elegida entre todos los candidatos! :O
El puesto que ofrecen es jugoso (sobre todo en cuanto a retribución monetaria se refiere, pedazo sueldo). El entrevistador y director creativo ejecutivo parece majo. Trabajan para dos jugueteras españolas (ay, con lo que a mí me gustan los juguetes). No es una ofi, es un chalet. Y está muy al suroeste de la comunidad madrileña, o sea, donde Cristo pegó las tres voces...
¿Qué demonios hago?
Pues por lo pronto me voy a un sepelio. Sí, queridos, otro. Entre tanto bajón y subidón adrenalítico dominguero el círculo se cierra con la muerte del padre de un ex compañero de trabajo y gran amigo. Me enteré anoche, al salir de la accidentada entrevista, cuando un número extraño sonó en mi teléfono de nuevo. Qué vida ésta.
Besos. Calamity, el retorno.
PD.Hoy es un gran día para el sector femenino: 75 años hace que podemos votar las mujeres en este país. Gracias, Clara Campoamor, allá donde estés.
PD. Ay, ay, ay, tengo que decidirme hoy, mecachis, qué angustia.
La historia comienza con una malísima noticia: la madre de un ser, cada vez más allegado a mí, falleció. Como si la conociera, oye. Me quedé medio pallá, atontada toda la tarde. Hasta que no hablé con mi amigo y vi que la cosa, dentro de lo posible en tales circunstancias, estaba más o menos bien, no estuve un poco más relajada (que no es lo mismo que tranquila).
La noche de esa misma tarde recibí una paradójica llamada en la que una voz masculina preguntaba por mí:
- ¿Misss Calamity?
- Sí. Yo misma.
- Hola. Soy Fulanito de Tal de la empresa Pepe Leches Advertising. Tenemos aquí un currículum tuyo en el que te ofreces como directora de arte. Nosotros estamos buscando un director de arte para ya mismo.
- Ah, bien.
En ese momento yo estaba como las vacas mirando al tren. Vamos a ver: hace dos años que no envío ni un solo currículum. A nadie. ¡¿Cómo demonios iba alguien a tener una vida laboral mía?! Se supone, mejor dicho, supongo que una vez que termina un proceso de selección la empresa seleccionadora se deshace de los papeles que no sirven, ¿no? Pues no. Algunas les conservan.
Al final no tuve la entrevista el viernes. La tuve ayer. Y fue la entrevista que menos me he preparado en mi vida. Primero, porque no tenía en condiciones el portafolio (me faltaban por introducir los trabajos del último año y medio) y no me daba tiempo a ponerlo en perfecto estado de revista en tres días. Segundo, porque a saber qué versión de currículum tenía Fulanito de Tal. Tercero, porque me tomaba todo esto como un ensayo para próximos y fructíferos encuentros laborales.
Así que ayer:
Las espectativas que me había formado con que aquello saliera medianamente bien se acercaban más al cero que al diez en una escala numérica. Fui sin esperanzas. Y como fui desesperanzada, la desinhibición hizo acto de presencia en las casi dos horas que duró el tête a tête candidata-empresa. ¡Leche! hasta solté algún taco y todo en plan colegas de toda la vida.
En fin, que esta mañana venía yo a mi curro de “toda la vida” pensando que nada iba a ser diferente a ayer o antes de ayer cuando, ¡oh!, un e-mail en mi buzón de correo personal me anunciaba que ¡había sido elegida entre todos los candidatos! :O
El puesto que ofrecen es jugoso (sobre todo en cuanto a retribución monetaria se refiere, pedazo sueldo). El entrevistador y director creativo ejecutivo parece majo. Trabajan para dos jugueteras españolas (ay, con lo que a mí me gustan los juguetes). No es una ofi, es un chalet. Y está muy al suroeste de la comunidad madrileña, o sea, donde Cristo pegó las tres voces...
¿Qué demonios hago?
Pues por lo pronto me voy a un sepelio. Sí, queridos, otro. Entre tanto bajón y subidón adrenalítico dominguero el círculo se cierra con la muerte del padre de un ex compañero de trabajo y gran amigo. Me enteré anoche, al salir de la accidentada entrevista, cuando un número extraño sonó en mi teléfono de nuevo. Qué vida ésta.
Besos. Calamity, el retorno.
PD.Hoy es un gran día para el sector femenino: 75 años hace que podemos votar las mujeres en este país. Gracias, Clara Campoamor, allá donde estés.
PD. Ay, ay, ay, tengo que decidirme hoy, mecachis, qué angustia.
Estamos de celebration
Por causas ajenas a la voluntad de la abajo firmante, se anuncia que la celebración del primer cumple-año de este blog que ustedes andan leyendo en este preciso instante, no se está llevando a cabo como la menda pretendía (esto es, con diversas tartas, orejuelas, huesillos, galletitas, refrescos y demás).
Pueden recoger su invitación un poquito más abajo. Estaremos de nuevo on line en aproximadamente una semana.

Ay, amigos blogueros, os adoro. No sabéis lo que os debo… Gracias por visitar esta humilde cuadra en la que habita una vaquita desencencerrada y algo fanfarrona que de vez en cuando le da por emborronar hojas de Word para angustia de vosotros, sufridos lectores. Gracias, gracias, gracias.
Y, ¡cómo no! besos a raudales. Misss Calamity.
PD. Seguimos con el medio mobbing empresarial y sin internete en casa. Os leo, queridos, os leo, pero no puedo teclearos nada o casi nada.
PD. Tengo una entrevista de trabajo el viernes ¡bien! Es a tomar po’l saco de Madrid, pero voy a ir. Total, seguro que allí no tienen toque de queda tecleril.
Pueden recoger su invitación un poquito más abajo. Estaremos de nuevo on line en aproximadamente una semana.

Ay, amigos blogueros, os adoro. No sabéis lo que os debo… Gracias por visitar esta humilde cuadra en la que habita una vaquita desencencerrada y algo fanfarrona que de vez en cuando le da por emborronar hojas de Word para angustia de vosotros, sufridos lectores. Gracias, gracias, gracias.
Y, ¡cómo no! besos a raudales. Misss Calamity.
PD. Seguimos con el medio mobbing empresarial y sin internete en casa. Os leo, queridos, os leo, pero no puedo teclearos nada o casi nada.
PD. Tengo una entrevista de trabajo el viernes ¡bien! Es a tomar po’l saco de Madrid, pero voy a ir. Total, seguro que allí no tienen toque de queda tecleril.
Bésame, tonto
Recuerdo muchos besos. Besos propios y besos ajenos. Besos robados y besos no correspondidos. Besos de hipopótamo, que son los que se dan apretando muy pero que muy fuerte a aquel que es besado. Besos de colibrí, casi sin tocar con los labios a los otros labios. Besos ventosa y de tornillo, apasionados y húmedos. Miles de besos.
Hace poco apareció en la televisión un estudio sobre los besos más recordados del cine. No recuerdo, valga de redundancia, cuál era el que más a fuego estaba clavado en la retina del común de los mortales. ¿Lo que el viento se llevó? Tal vez.
Baño mi pensamiento con dos grandes y artísticos besos: el de Doisneau y el de Klimt. Y celebro el 50 aniversario de este beso:

Para mí fue mi primer beso.
Cualquiera diría tanto tiempo después que el mismísimo y moralista Disney emparejó a una señorita de bien con un homeless. El futuro ya no es lo que pensábamos, ¿verdad?
Besos para todos, nunca mejor dicho, y pásenme buen fin de semana. Misss Calamity.
P.D. Pensaba escribir sobre mis avatares del día a día. Sólo deciros que se cerró el grifo. En la ofi se ha vuelto a decretar el toque de queda sobre el impacto de tecla. No me dejan escribir… Os leeré, queridos todos, pero no podré dejaros mis miguitas de pan todo lo extensa y ampliamente que me gustaría.
P.D. Busco trabajo. Busco casa. Busco a Misss Calamity. Busco mi lugar en el mundo.
Hace poco apareció en la televisión un estudio sobre los besos más recordados del cine. No recuerdo, valga de redundancia, cuál era el que más a fuego estaba clavado en la retina del común de los mortales. ¿Lo que el viento se llevó? Tal vez.
Baño mi pensamiento con dos grandes y artísticos besos: el de Doisneau y el de Klimt. Y celebro el 50 aniversario de este beso:

Para mí fue mi primer beso.
Cualquiera diría tanto tiempo después que el mismísimo y moralista Disney emparejó a una señorita de bien con un homeless. El futuro ya no es lo que pensábamos, ¿verdad?
Besos para todos, nunca mejor dicho, y pásenme buen fin de semana. Misss Calamity.
P.D. Pensaba escribir sobre mis avatares del día a día. Sólo deciros que se cerró el grifo. En la ofi se ha vuelto a decretar el toque de queda sobre el impacto de tecla. No me dejan escribir… Os leeré, queridos todos, pero no podré dejaros mis miguitas de pan todo lo extensa y ampliamente que me gustaría.
P.D. Busco trabajo. Busco casa. Busco a Misss Calamity. Busco mi lugar en el mundo.
Cuatro eran cuatro las hijas de Elena…
¿O eran tres? Sí, definitivamente eran tres las hijas de Elena, ¿alguien conoce sus nombres? El caso es que mi admirado Txarly (boing, boing, boing) me encomienda la tarea de exhibir ante vosotros, internautas de mis entretelas, cuatro cosillas de mí misma. Yo, fiel cumplidora de sus deseos, apechugo con las consecuencias de tal menester. Se admiten valientes que lean/interpreten tal maraña de gustos y disgustos de cuatro en cuatro. Allá vamos y que dios nos pille confesados.
(Se recomienda hacerse la señal de la cruz antes de empezar con la lectura. No se me ofendan los católicos, hombre, por favor).
Cuatro trabajos que he tenido:
- Gasolinera (sí, de los que servían gasolina con la manguera –boquerel en el argot petrolífero- en el depósito de los coches).
- Corresponsal en un pueblo perdido de la geografía española.
- Locutora en la radio (de noche, para más inri).
- ¡Carnicera!
Cuatro trabajos que he querido tener:
– Reportera, cámara al cuello, en algún recóndito lugar del mundo.
– Investigadora de Física Nuclear
– Crítico de la peor película / libro / disco de la semana (no iba a dejar títere con cabeza. Juas, juas, juas).
– Millonaria (qué coño, vamos, podridísima de pelas, en plan Paris Hilton y tal).
Cuatro películas que puedo ver una y otra vez (¿sólo cuatro? Uf):
– El Club de la Lucha (conste que prefiero físicamente a Edward Norton).
– Mujeres al borde de un ataque de nervios (viva Carmen Maura. Vale y Chus Lampreave, ea).
– Drácula (la de Coppola, ojo, con ese Keanu que está como un queso y con Gary Oldman que ya me gustaría a mí que me mordiera un poquitín…)
– Apocalypse Now (en fin, qué se puede decir de una obra maestra)
Cuatro series que me encantan:
- Doctor en Alaska
- Ulises 31
- Fraggel Rock (incluso he visto la reposición en una cadena alemana los domingos por la mañana. En alemán. Evidentemente llegaba a casa en condiciones que me hacían entender incluso el alemán. :P)
- Fama (quería ser como Coco, pero me falta mucha melanina y toda la elasticidad del mundo).
Cuatro series muy recomendadas y populares de las que no he visto ni un minuto:
– CSI (ni Las Vegas, ni Miami, ni ninguna)
– Roma (con lo que me gusta a mí la Historia, ay).
– Hospital Central, Los hombres de Paco, Aquí no hay quien viva, Los Serrano…
– (he dicho más de cuatro, abusones).
Cuatro lugares en donde he vivido:
– Barcelona
– Burgos
– Palencia
– Segovia
Cuatro sitios en los que he estado de vacaciones:
– Estambul
– Florencia
– Lisboa (por ti, mi adorado tormento. :*)
– Moscú
Cuatro platos favoritos:
- Chocolate (de cualquier manera y forma, excepto en helado).
- Humus
- Patatas a la importancia (un plato típico de mi tierra que está que te mueres de rico)
- Saquetti al queso gorgonzola
Cuatro sitios que visito a diario (si son de la red, los siguientes):
- Bloglines (en fin, estoy enganchada, qué pasa)
- RAE (sí, ya sé que venemérita se escribe con “b”)
- Common People Music, Muzikalia, MondoSonoro, The Belle Music, IndyRock…
- La Netro de Madrid o la Guía del Ocio (con el aburrimiento que tengo durante todo el día lo único de lo que tengo ganas es de huir al cine o a algún concierto para desconectar).
Cuatro lugares en donde preferiría estar en este momento:
– En Palencia, corriendo y jugando cerca de La Balastera con mi pelirrojillo Flöyd. Mejor en el norte de Palencia, con mis montañucas y mi Pisuerga y mi enano pelirrojo también, of course, como personajes de tan bucólica estampa (llamadme Heidi de ahora en adelante. Ja, ja, ja).
– En la Barceloneta, descalza sobre la arena, oyendo el suave oleaje del Mediterráneo, con fondo de cláxones y polución gobernados por un Colón que apunta hacia América.
– En Yerebatan Camii, cerca de Aya Irene, tomando un apple tea. Simplemente.
– En cualquier sitio menos aquí (con lo cerquita que tengo el Retiro, ay, que es asomarme por la ventana y verlo. Tan cerca y tan lejos).
Cuatro sufridos bloggers que deberían continuar esta cosa:
- Gilda (que sé que los haces)
- Mardolo (que sé que te molan estas cosas).
– Tony (que apenas sé nada de ti).
– Tú, sí, tú que estás leyendo este meme.
Hale, a abrir los corazones (Igartiburu dixit) ante la blogocosa. Besitos. Cal.
(Se recomienda hacerse la señal de la cruz antes de empezar con la lectura. No se me ofendan los católicos, hombre, por favor).
Cuatro trabajos que he tenido:
- Gasolinera (sí, de los que servían gasolina con la manguera –boquerel en el argot petrolífero- en el depósito de los coches).
- Corresponsal en un pueblo perdido de la geografía española.
- Locutora en la radio (de noche, para más inri).
- ¡Carnicera!
Cuatro trabajos que he querido tener:
– Reportera, cámara al cuello, en algún recóndito lugar del mundo.
– Investigadora de Física Nuclear
– Crítico de la peor película / libro / disco de la semana (no iba a dejar títere con cabeza. Juas, juas, juas).
– Millonaria (qué coño, vamos, podridísima de pelas, en plan Paris Hilton y tal).
Cuatro películas que puedo ver una y otra vez (¿sólo cuatro? Uf):
– El Club de la Lucha (conste que prefiero físicamente a Edward Norton).
– Mujeres al borde de un ataque de nervios (viva Carmen Maura. Vale y Chus Lampreave, ea).
– Drácula (la de Coppola, ojo, con ese Keanu que está como un queso y con Gary Oldman que ya me gustaría a mí que me mordiera un poquitín…)
– Apocalypse Now (en fin, qué se puede decir de una obra maestra)
Cuatro series que me encantan:
- Doctor en Alaska
- Ulises 31
- Fraggel Rock (incluso he visto la reposición en una cadena alemana los domingos por la mañana. En alemán. Evidentemente llegaba a casa en condiciones que me hacían entender incluso el alemán. :P)
- Fama (quería ser como Coco, pero me falta mucha melanina y toda la elasticidad del mundo).
Cuatro series muy recomendadas y populares de las que no he visto ni un minuto:
– CSI (ni Las Vegas, ni Miami, ni ninguna)
– Roma (con lo que me gusta a mí la Historia, ay).
– Hospital Central, Los hombres de Paco, Aquí no hay quien viva, Los Serrano…
– (he dicho más de cuatro, abusones).
Cuatro lugares en donde he vivido:
– Barcelona
– Burgos
– Palencia
– Segovia
Cuatro sitios en los que he estado de vacaciones:
– Estambul
– Florencia
– Lisboa (por ti, mi adorado tormento. :*)
– Moscú
Cuatro platos favoritos:
- Chocolate (de cualquier manera y forma, excepto en helado).
- Humus
- Patatas a la importancia (un plato típico de mi tierra que está que te mueres de rico)
- Saquetti al queso gorgonzola
Cuatro sitios que visito a diario (si son de la red, los siguientes):
- Bloglines (en fin, estoy enganchada, qué pasa)
- RAE (sí, ya sé que venemérita se escribe con “b”)
- Common People Music, Muzikalia, MondoSonoro, The Belle Music, IndyRock…
- La Netro de Madrid o la Guía del Ocio (con el aburrimiento que tengo durante todo el día lo único de lo que tengo ganas es de huir al cine o a algún concierto para desconectar).
Cuatro lugares en donde preferiría estar en este momento:
– En Palencia, corriendo y jugando cerca de La Balastera con mi pelirrojillo Flöyd. Mejor en el norte de Palencia, con mis montañucas y mi Pisuerga y mi enano pelirrojo también, of course, como personajes de tan bucólica estampa (llamadme Heidi de ahora en adelante. Ja, ja, ja).
– En la Barceloneta, descalza sobre la arena, oyendo el suave oleaje del Mediterráneo, con fondo de cláxones y polución gobernados por un Colón que apunta hacia América.
– En Yerebatan Camii, cerca de Aya Irene, tomando un apple tea. Simplemente.
– En cualquier sitio menos aquí (con lo cerquita que tengo el Retiro, ay, que es asomarme por la ventana y verlo. Tan cerca y tan lejos).
Cuatro sufridos bloggers que deberían continuar esta cosa:
- Gilda (que sé que los haces)
- Mardolo (que sé que te molan estas cosas).
– Tony (que apenas sé nada de ti).
– Tú, sí, tú que estás leyendo este meme.
Hale, a abrir los corazones (Igartiburu dixit) ante la blogocosa. Besitos. Cal.
San Ballantine’s
Nunca ha existido San Valentín en mi memoria. El 14 de Febrero es para mí el cumpleaños de Gasolinero, un amigo de la cuadrilla del pueblo, mi primer jefe legal, por cierto (¡Felicidades Jose, aunque no vayas a leer esto nunca!).
En su defecto el 14 de Febrero era o aún es para Anita Terromoto y la abajo firmante el Día del Pimiento Verde. Por qué. Pues no lo sé con exactitud. Sólo sé que tal día como hoy hace algún año que otro la Terremoto y yo preparábamos una carta llena de ricos platillos a base de pimiento verde para alimentar nuestras neuronas antes de ir a clase de vaya usted a saber qué en la Universidad.

En la puerta y portero del 5º A –nuestro piso alquilado- colgábamos una especie de guirnalda, hecha con boli bic y plastidecor, que anunciaba tal fecha e invitaba a cualquiera que se pasara por tales señas a entrar y degustar semejantes viandas… Nunca asistió nadie y Ana y yo nos encargábamos de comer toda la extensa carta de recetas a base de pimiento verde.
Después, sin pasar por la Universidad (un día es un día), nos abandonábamos a nuestra suerte por las calles de Segovia. Ella iba acompañada de un tal Cacique. Yo me dejaba acariciar por San Ballantine’s, aunque le era infiel con un suave y rojizo irlandés en cuanto se descuidaba un poquitín.
Evidentemente ninguna de las dos tenía novio/amante/amor. ¡Ni falta que nos hacía! Preferíamos un kleenex de un único uso a un pañuelito bordado con las iniciales de esos de “para toda la vida”.
Feliz San Ballantine’s ;D. Calamity.
En su defecto el 14 de Febrero era o aún es para Anita Terromoto y la abajo firmante el Día del Pimiento Verde. Por qué. Pues no lo sé con exactitud. Sólo sé que tal día como hoy hace algún año que otro la Terremoto y yo preparábamos una carta llena de ricos platillos a base de pimiento verde para alimentar nuestras neuronas antes de ir a clase de vaya usted a saber qué en la Universidad.

En la puerta y portero del 5º A –nuestro piso alquilado- colgábamos una especie de guirnalda, hecha con boli bic y plastidecor, que anunciaba tal fecha e invitaba a cualquiera que se pasara por tales señas a entrar y degustar semejantes viandas… Nunca asistió nadie y Ana y yo nos encargábamos de comer toda la extensa carta de recetas a base de pimiento verde.
Después, sin pasar por la Universidad (un día es un día), nos abandonábamos a nuestra suerte por las calles de Segovia. Ella iba acompañada de un tal Cacique. Yo me dejaba acariciar por San Ballantine’s, aunque le era infiel con un suave y rojizo irlandés en cuanto se descuidaba un poquitín.
Evidentemente ninguna de las dos tenía novio/amante/amor. ¡Ni falta que nos hacía! Preferíamos un kleenex de un único uso a un pañuelito bordado con las iniciales de esos de “para toda la vida”.
Feliz San Ballantine’s ;D. Calamity.
Adiós, vecino
Hace ya un año de esto:

Todavía recuerdo aquella noche, ebria de fiesta y escándalo en el Queen de Chueca, recorriendo las calles de Madrid en busca de un taxi desocupado, escuchando la notica, estupefacta. Pensé que fue un mal sueño. Hasta que bajé a comprar el periódico el domingo.
Todavía recuerdo las tardes de aquel agosto tórrido y desierto en el AZCA de Madrid. Mi té helado se asomaba a la ventana tapiada por la sombra del Windsor mientras pensaba en estrategias para vender vinos de Rioja y móviles suecos.
Todavía recuerdo. Aún recuerdo.
Besillos. Cal (feliz lunes también)
Todavía recuerdo aquella noche, ebria de fiesta y escándalo en el Queen de Chueca, recorriendo las calles de Madrid en busca de un taxi desocupado, escuchando la notica, estupefacta. Pensé que fue un mal sueño. Hasta que bajé a comprar el periódico el domingo.
Todavía recuerdo las tardes de aquel agosto tórrido y desierto en el AZCA de Madrid. Mi té helado se asomaba a la ventana tapiada por la sombra del Windsor mientras pensaba en estrategias para vender vinos de Rioja y móviles suecos.
Todavía recuerdo. Aún recuerdo.
Besillos. Cal (feliz lunes también)
Editors – Live in Madrid, 08/02/06
Siempre he sido más partidaria de ver los partidos de fútbol de segunda división que de ver la Liga de las Estrellas (qué grandilocuentes se ponen algunos cuando hablan de deporte, arg). Y no es porque el equipo de Palencia juegue en segunda B (que también), sino porque dan muchísimo más espectáculo y emoción al evento que, por ejemplo, un apagado Real Madrid (sin acritud, ¿eh?).
Lo mismo sucedió antes de ayer. Para mí el día D, esto es, el día en el que, por fin, Editors (www.editorsofficial.co.uk) tocaban en España. No les conoce nisu(1), pero el cartel de “entradas agotadas” para ver a los cuatro de Birmingham colgaba desde hacía varios días tanto en la Sala Caracol como en los puntos de venta oficiales. Tenían que haber venido en Diciembre, pero no pudo ser precisamente por la venta casi al momento de las entradas para la recoleta sala Moby Dick.

Yo no sé si alguno de vosotros ha experimentado la sensación esa de estar flotando entre las nubes sin necesidad de utilizar drogas ni alcohol… Así salía yo el miércoles del concierto de la banda británica. Una hora escasa de música espesa, potente, rockandrollera y genial. Nada nuevo en el horizonte, salvo dos canciones que interpretaron y que no localizo en su cortísima discografía (un par de maxi singles y un largo, “The Black Room”, que es de lo mejor que mis oídos han escuchado durante el último año).
El concierto empezó con bastante retraso. Actuaron primero Gliss, un grupo del que desconozco absolutamente todo. No les presté excesiva atención. O tal vez fueron ellos los que hicieron que mi atención no se centrara en su música sino en las pintillas de la gente que allí se congregaba (mira que le gusta a la gente ir disfrazada a los conciertos de música indie, oye).
Me pareció curioso, cuando no molesto, que hicieran las pruebas de sonido entre la actuación de los unos y los otros. Un buen rato se tiraron afinando guitarras, tocando platos, bombos y mareando al público con “eh, eh, eh, ah, ah, ah, yes, yes, it’s all ok?” (no penséis mal, guarretes, eran los ensayos sonoros del micro).
El caso es que el tinglado en cuestión comenzó casi a las once de la noche. Mis predicciones no fallaron: Lights, primer corte del disco, se configuró como el pórtico de entrada hacia el espectáculo. Tom Smith, voz principal, guitarra y teclados, emergió de repente de la sombra con un foco por detrás que hacía todavía más espectral su apariencia. Está tan delgadito y parece tan pequeño que casi hay que mirar dos veces para intuirle. Parece mentira que semejante vozarrón salga de una caja torácica tan diminuta.
Recuerdos de lugares en los que nunca he estado se acercaron al balcón de mi memoria. Por momentos vi a Ian Curtis en el escenario, mirando hacia arriba, con el baile de San Vito en el cuerpo y los ojos cerrados. Si la reencarnación es cierta, Smith podría perfectamente ser la transmutación actual del Curtis que falleció en los lejanos 80.
Interpretaron el disco completo con tal audacia que parece mentira que ninguno de los cuatro músicos supere apenas la veintena. Hicieron enloquecer y saltar a la gente como que fueran una banda consagrada. Sobre todo cuando sonaron los primeros acordes de Munich, primer single del grupo que agotó sus existencias el primer día que se puso a la venta, y de Bullets, para mí la más floja del grupo.
Especial mención para Fingers in the Factories y sobre todo para Open your arms, mi favorita, que interpretaron con algo más de ritmo combinando perfectamente la esencia de una balada desgarradora y oscura con el ambiente de fiesta del concierto (¿quién dijo que lo siniestro es aburrido?).
Sólo una pequeña crítica, no me gustó cómo sonó la guitarra de Chris Urbanowicz al principio de Open your arms. Luego, quizá tras pisar el pedal correcto, los acordes se configuraron de acuerdo con la armonía del momento.
Estos cuatro chicos sí que saben lo que es un acople de sonido hecho adrede (y no los Depeche Mode, querida Gilda). Sólo falta que ahora no les pille por banda un manager de esos a los que el mercado, las estadísticas de las ventas y los 40 Principiantes se la ponen dura para que estos chicos lleguen a ser alguien muy grande en el panorama musical actual.
Besos y buen fin de semana para todos. Misss Calamity.
PD. Creo que en El País de las Tentaciones de hoy viene algún artículo referente a Editors… No lo sé, aquí lo tengo a mi lado esperando para ser leído desde las nueve de la mañana que lo compré.
(1) Nisu= ni su madre.
Lo mismo sucedió antes de ayer. Para mí el día D, esto es, el día en el que, por fin, Editors (www.editorsofficial.co.uk) tocaban en España. No les conoce nisu(1), pero el cartel de “entradas agotadas” para ver a los cuatro de Birmingham colgaba desde hacía varios días tanto en la Sala Caracol como en los puntos de venta oficiales. Tenían que haber venido en Diciembre, pero no pudo ser precisamente por la venta casi al momento de las entradas para la recoleta sala Moby Dick.

Yo no sé si alguno de vosotros ha experimentado la sensación esa de estar flotando entre las nubes sin necesidad de utilizar drogas ni alcohol… Así salía yo el miércoles del concierto de la banda británica. Una hora escasa de música espesa, potente, rockandrollera y genial. Nada nuevo en el horizonte, salvo dos canciones que interpretaron y que no localizo en su cortísima discografía (un par de maxi singles y un largo, “The Black Room”, que es de lo mejor que mis oídos han escuchado durante el último año).
El concierto empezó con bastante retraso. Actuaron primero Gliss, un grupo del que desconozco absolutamente todo. No les presté excesiva atención. O tal vez fueron ellos los que hicieron que mi atención no se centrara en su música sino en las pintillas de la gente que allí se congregaba (mira que le gusta a la gente ir disfrazada a los conciertos de música indie, oye).
Me pareció curioso, cuando no molesto, que hicieran las pruebas de sonido entre la actuación de los unos y los otros. Un buen rato se tiraron afinando guitarras, tocando platos, bombos y mareando al público con “eh, eh, eh, ah, ah, ah, yes, yes, it’s all ok?” (no penséis mal, guarretes, eran los ensayos sonoros del micro).
El caso es que el tinglado en cuestión comenzó casi a las once de la noche. Mis predicciones no fallaron: Lights, primer corte del disco, se configuró como el pórtico de entrada hacia el espectáculo. Tom Smith, voz principal, guitarra y teclados, emergió de repente de la sombra con un foco por detrás que hacía todavía más espectral su apariencia. Está tan delgadito y parece tan pequeño que casi hay que mirar dos veces para intuirle. Parece mentira que semejante vozarrón salga de una caja torácica tan diminuta.
Recuerdos de lugares en los que nunca he estado se acercaron al balcón de mi memoria. Por momentos vi a Ian Curtis en el escenario, mirando hacia arriba, con el baile de San Vito en el cuerpo y los ojos cerrados. Si la reencarnación es cierta, Smith podría perfectamente ser la transmutación actual del Curtis que falleció en los lejanos 80.
Interpretaron el disco completo con tal audacia que parece mentira que ninguno de los cuatro músicos supere apenas la veintena. Hicieron enloquecer y saltar a la gente como que fueran una banda consagrada. Sobre todo cuando sonaron los primeros acordes de Munich, primer single del grupo que agotó sus existencias el primer día que se puso a la venta, y de Bullets, para mí la más floja del grupo.
Especial mención para Fingers in the Factories y sobre todo para Open your arms, mi favorita, que interpretaron con algo más de ritmo combinando perfectamente la esencia de una balada desgarradora y oscura con el ambiente de fiesta del concierto (¿quién dijo que lo siniestro es aburrido?).
Sólo una pequeña crítica, no me gustó cómo sonó la guitarra de Chris Urbanowicz al principio de Open your arms. Luego, quizá tras pisar el pedal correcto, los acordes se configuraron de acuerdo con la armonía del momento.
Estos cuatro chicos sí que saben lo que es un acople de sonido hecho adrede (y no los Depeche Mode, querida Gilda). Sólo falta que ahora no les pille por banda un manager de esos a los que el mercado, las estadísticas de las ventas y los 40 Principiantes se la ponen dura para que estos chicos lleguen a ser alguien muy grande en el panorama musical actual.
Besos y buen fin de semana para todos. Misss Calamity.
PD. Creo que en El País de las Tentaciones de hoy viene algún artículo referente a Editors… No lo sé, aquí lo tengo a mi lado esperando para ser leído desde las nueve de la mañana que lo compré.
(1) Nisu= ni su madre.
Enjoy the silence
Depeche Mode, Live in Madrid 06/02/06
Todavía no había abandonado yo a mis muñecas cuando en la tele aparecían unos señores extraños vestidos de negro que cantaban algo que parecía tremendamente triste. Un sonido repetitivo y melancólico de guitarra y sintetizador llamaba mi atención sobre el resto de ruido vital de aquellos días. Miraba la pantalla obnubilada y veía a un rey con su capa de armiño y grana buscando un buen sitio entre unas nevadas montañas, silla plegable en mano, para, supongo, ver algo que nunca he sabido de qué se trataba. Corría el año 1990 y gracias a ese no saber qué estaba buscando el triste rey mi vida se ha salvado de estar escuchando a bisbales y chenoas, a camelas y beyoncés. Al menos se ha salvado de gastar dinero en tales basuras musicales (no escucharlos es complicado, están hasta en la sopa).

Antes de ayer acudí por segunda vez en mi vida a ver a Depeche Mode en concierto. Esta vez gracias a la Divina Gilda que se acordó de mí para una invitación de sobra. No tenía pensado ir (insuficiencia monetaria para comprar entradas fue la causa principal), pero ante un aquí te pillo, aquí te mato la abajo firmante no se pudo resistir. De la ofi al concierto, del tirón, sin pasar por casa y hacerme una metamorfosis concertil (ropa cómoda, zapatos planos y tal).
No me gusta hacer críticas de grandes bandas de música. Ellos ya tienen su espacio en periódicos, revistas y radios. Incluso en el final de los telediarios de la televisión, justo antes de poner los títulos de crédito (qué manera más bonita de cerrar los catastróficos noticieros en estos tiempos que corren). Lo de Coldplay fue una excepción y me temo que esto va a ser otra excepción…
De los teloneros, The Bravery, poco puedo decir. Casi no les vimos. Apenas llegamos a la conclusión de sus tres últimos temas. Esta banda promete. Ya les había escuchado en la radio antes e incluso he visto su actuación de Glastonbury el año pasado. Con su trabajo en los próximos álbumes que editen nos demostrarán si realmente fueron buenos o simplemente una necesidad del mercado discográfico. Ya sabéis, parece que vuelve el sonido del Manchester de los 80.
Los Depeche empezaron con el plato fuerte. A pain that I’m used to, primer single del último álbum “Playing the angel” (2.005), rompió con su estremecedor sonido de máquinas y rock cada vez más duro e inaccesible. Tocaron otra canción del mismo LP (todavía no le tengo muy estudiado, no recuerdo qué canción fue, ¿John, the revelator, tal vez?) y pasaron directamente a los éxitos de antaño.
Aquí el público ya estaba al borde del frenesí, a pesar de ser el principio de un espectáculo con casi dos horas de duración. Mucho jovencito no había. La mayoría de los que estábamos en el Palacio de Deportes superábamos la treintena con creces (padres con hijos también había, que conste), así que el concierto se basó casi en su totalidad en las canciones que les llevaron de nuevo al main stream tras aquel éxito fulgurante que supuso su álbum de debut “Speak and Spell” (1.981), es decir, desde el “Violator” (1.990) hasta el “Exciter” (2.001).
Question of time fue la tercera y coreada canción. Policy of truth, Precius -segundo single que actualmente se puede oir por ahí- nos condujeron a una maravillosa interpretación del tema Walking on my shoes, una de mis preferidas sin lugar a dudas.
Vamos que sonaron todas las canciones tatareables para cualquiera que escuche un poquito las (insoportables) emisoras de radio fórmula de este país. No profundizaron absolutamente nada en el repertorio (extensísimo y magnífico) que tienen. Se rindieron a la evidencia de la comercialidad. ¡Vamos, es que tocaron hasta Everything counts y Just can’t get enough! En fin.
Mención especial a la puesta en escena y el espectáculo. Sencillamente brutal. Se nota la mano de Anton Corbijn en la escenografía. Me gustó sobre manera la interpretación escénica que tuvo I feel you, otra de mis preferidas. Una preciosa mujer se pintaba la raya de los ojos de un negro profundo para posar en una fotografía desnuda, sólo abrigada con unas medias negras y unos enormes carteles que gritaban la palabra “sex” por detrás. Y como estos cientos de detalles. Pinchad aquí si queréis ver la galería que Divina Gilda ha hecho del concierto (gracias Anita, ;D).
Del sonido, bah, mejor no cuento ese horrible acople que se produjo justo al principio del concierto… Eso sí, concierto recomendadísimo. Uno de esos a los que hay que acudir antes de pasar a mejor vida.
Besos para todos. Cal.
Todavía no había abandonado yo a mis muñecas cuando en la tele aparecían unos señores extraños vestidos de negro que cantaban algo que parecía tremendamente triste. Un sonido repetitivo y melancólico de guitarra y sintetizador llamaba mi atención sobre el resto de ruido vital de aquellos días. Miraba la pantalla obnubilada y veía a un rey con su capa de armiño y grana buscando un buen sitio entre unas nevadas montañas, silla plegable en mano, para, supongo, ver algo que nunca he sabido de qué se trataba. Corría el año 1990 y gracias a ese no saber qué estaba buscando el triste rey mi vida se ha salvado de estar escuchando a bisbales y chenoas, a camelas y beyoncés. Al menos se ha salvado de gastar dinero en tales basuras musicales (no escucharlos es complicado, están hasta en la sopa).

Antes de ayer acudí por segunda vez en mi vida a ver a Depeche Mode en concierto. Esta vez gracias a la Divina Gilda que se acordó de mí para una invitación de sobra. No tenía pensado ir (insuficiencia monetaria para comprar entradas fue la causa principal), pero ante un aquí te pillo, aquí te mato la abajo firmante no se pudo resistir. De la ofi al concierto, del tirón, sin pasar por casa y hacerme una metamorfosis concertil (ropa cómoda, zapatos planos y tal).
No me gusta hacer críticas de grandes bandas de música. Ellos ya tienen su espacio en periódicos, revistas y radios. Incluso en el final de los telediarios de la televisión, justo antes de poner los títulos de crédito (qué manera más bonita de cerrar los catastróficos noticieros en estos tiempos que corren). Lo de Coldplay fue una excepción y me temo que esto va a ser otra excepción…
De los teloneros, The Bravery, poco puedo decir. Casi no les vimos. Apenas llegamos a la conclusión de sus tres últimos temas. Esta banda promete. Ya les había escuchado en la radio antes e incluso he visto su actuación de Glastonbury el año pasado. Con su trabajo en los próximos álbumes que editen nos demostrarán si realmente fueron buenos o simplemente una necesidad del mercado discográfico. Ya sabéis, parece que vuelve el sonido del Manchester de los 80.
Los Depeche empezaron con el plato fuerte. A pain that I’m used to, primer single del último álbum “Playing the angel” (2.005), rompió con su estremecedor sonido de máquinas y rock cada vez más duro e inaccesible. Tocaron otra canción del mismo LP (todavía no le tengo muy estudiado, no recuerdo qué canción fue, ¿John, the revelator, tal vez?) y pasaron directamente a los éxitos de antaño.
Aquí el público ya estaba al borde del frenesí, a pesar de ser el principio de un espectáculo con casi dos horas de duración. Mucho jovencito no había. La mayoría de los que estábamos en el Palacio de Deportes superábamos la treintena con creces (padres con hijos también había, que conste), así que el concierto se basó casi en su totalidad en las canciones que les llevaron de nuevo al main stream tras aquel éxito fulgurante que supuso su álbum de debut “Speak and Spell” (1.981), es decir, desde el “Violator” (1.990) hasta el “Exciter” (2.001).
Question of time fue la tercera y coreada canción. Policy of truth, Precius -segundo single que actualmente se puede oir por ahí- nos condujeron a una maravillosa interpretación del tema Walking on my shoes, una de mis preferidas sin lugar a dudas.
Vamos que sonaron todas las canciones tatareables para cualquiera que escuche un poquito las (insoportables) emisoras de radio fórmula de este país. No profundizaron absolutamente nada en el repertorio (extensísimo y magnífico) que tienen. Se rindieron a la evidencia de la comercialidad. ¡Vamos, es que tocaron hasta Everything counts y Just can’t get enough! En fin.
Mención especial a la puesta en escena y el espectáculo. Sencillamente brutal. Se nota la mano de Anton Corbijn en la escenografía. Me gustó sobre manera la interpretación escénica que tuvo I feel you, otra de mis preferidas. Una preciosa mujer se pintaba la raya de los ojos de un negro profundo para posar en una fotografía desnuda, sólo abrigada con unas medias negras y unos enormes carteles que gritaban la palabra “sex” por detrás. Y como estos cientos de detalles. Pinchad aquí si queréis ver la galería que Divina Gilda ha hecho del concierto (gracias Anita, ;D).
Del sonido, bah, mejor no cuento ese horrible acople que se produjo justo al principio del concierto… Eso sí, concierto recomendadísimo. Uno de esos a los que hay que acudir antes de pasar a mejor vida.
Besos para todos. Cal.
Va por ti
Tengo un amigo, un gran amigo podría decir sin miedo a equivocarme, que está pasando una mala racha. No hay razón aparente... La acedía se ha hecho de él así de repente. Sucede a veces que la tristeza se hace un hueco en los corazones sensibles cuando uno anda desprevenido. Se instala ahí -parece que está a gusto entre venas, arterias y válvulas- y no hay manera de echarla. Se aferra a las paredes del rojo músculo como un virus lo haría a las mitocondrias de las células.
Y como yo no sé escribir poesía ni me salen palabras bonitas en estas circunstancias, copio al maestro Sabina, acompañado de la gran Chavela, expertos ambos en estas lides de soledades y extrañezas:
Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario te tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo ni cuándo
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentiras,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Un beso. Cal.
Y como yo no sé escribir poesía ni me salen palabras bonitas en estas circunstancias, copio al maestro Sabina, acompañado de la gran Chavela, expertos ambos en estas lides de soledades y extrañezas:
Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario te tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo ni cuándo
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentiras,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Un beso. Cal.
Atando cabos
Acabo de llegar a una conclusión. Así de repente y ahora mismo. Lo he visto tan claro como la luz que dicen que hay al final del túnel.
Estudié periodismo y fotografía principalmente porque me gustaba viajar y dar a conocer a las personas los acontecimientos que sucedieran delante de mis narices.
Llegué al mundo del diseño gráfico y la publicidad por mi amor inquebrantable hacia el mundo del Arte. Del Arte con mayúsculas: Pintura, Arquitectura, Teatro, Literatura, Cinematografía, Danza y Escultura (yo me atrevo sin ningún temor a introducir aquí a la Fotografía, madre absoluta del Cine, aunque quieran hacernos creer que no). Y voy a intentar salir de este mundo, que sólo me ha hecho odiar paulatinamente y de manera más primitiva todas las sucias estrategias de la mercadotecnia y a la ganancia de dinero a espuertas, sin dar portazos y con la cabeza muy alta.
Por que me rechazaran en la tercera entrevista de la National Geographic no voy a tirar la toalla. No. Existen otros mundos que no son la Geographic. Incluso mejores me atrevería a asegurar.
Veremos a ver si el lunes sigo con las ideas tan claras… Ay, qué vida ésta.
Feliz fin de semana a todos. Yo, creo, me voy a Extremadura, a Plasencia, a la tierra de mi madre. A desconectar que falta me hace, en serio. Misss Calamity.
Estudié periodismo y fotografía principalmente porque me gustaba viajar y dar a conocer a las personas los acontecimientos que sucedieran delante de mis narices.
Llegué al mundo del diseño gráfico y la publicidad por mi amor inquebrantable hacia el mundo del Arte. Del Arte con mayúsculas: Pintura, Arquitectura, Teatro, Literatura, Cinematografía, Danza y Escultura (yo me atrevo sin ningún temor a introducir aquí a la Fotografía, madre absoluta del Cine, aunque quieran hacernos creer que no). Y voy a intentar salir de este mundo, que sólo me ha hecho odiar paulatinamente y de manera más primitiva todas las sucias estrategias de la mercadotecnia y a la ganancia de dinero a espuertas, sin dar portazos y con la cabeza muy alta.
Por que me rechazaran en la tercera entrevista de la National Geographic no voy a tirar la toalla. No. Existen otros mundos que no son la Geographic. Incluso mejores me atrevería a asegurar.
Veremos a ver si el lunes sigo con las ideas tan claras… Ay, qué vida ésta.
Feliz fin de semana a todos. Yo, creo, me voy a Extremadura, a Plasencia, a la tierra de mi madre. A desconectar que falta me hace, en serio. Misss Calamity.
Con los ojos de aquel que nunca ha visto
He venido hace poco al trabajo, apenas un par de horas. Sí, hoy he estado de escaqueo. Y, con toda la honestidad posible, creo que me lo merezco. Llevo un mes de auténtica locura y todavía me quedan quince días más de infarto al menos en el trabajo (como diría NiCo, nunca pensé que pudiera saber tanto de ciertas cosas). Más tarde llegarán el tedio y la desidia durante las ocho horas diarias de jornada laboral. Los avisos y el no poder darle a la tecla. Ahora que puedo, me aprovecho, aunque el tiempo vaya en mi contra.
Decía que acabo de venir de darme un paseo. Sí, un paseo. Y con taconazos, ea. Hoy tenía que ir a entregar el trabajo sobre el humor. Prefería llevarlo en mano. Enviarlo por correo electrónico hubiera sido una misión imposible (cuarenta y dos megas de archivo, ni más ni menos). Mandarlo por mensajero, una misión imposible para mi bolsillo.
La sede del club ha cambiado de domicilio. Nunca había estado en la nueva, muy bonita, por cierto, con su patio y su fuente y su todo. Muy cool, muy chic, muy creativa. En cambio sabía perfectamente dónde estaba. Mi pérdida y mi reencuentro de hoy han sido adrede.
He caracoleado por la Plaza del Dos de Mayo, por la calle Velarde (¡cómo cambian el 24 Electric Bar y La Vía Láctea cuando no son las luces de neón las que alumbran su fachada!), por Divino Pastor… Me he asombrado con los azulejos de una antigua huevería y una viejísima farmacia con anuncios modernistas en sus paredes (dónde esconderán estas tiendas por las noches, me pregunto). Mis ojos se han parado ante varios carteles de “se vende”, ¡ilusa de mí!, que colgaban de los balconcillos forjados a base de tiempo y paciencia.
He cambiado mi recorrido con un suave salto de pocos grados y he enfilado mis pasos, dejándome llevar por la inercia de las cuestas, hasta el Teatro Alfil para después subir hasta los fallecidos Cines Luna y retornar, no sin antes esbozar una grandísima sonrisa en mi faz, a la gris rutina de estas cuatro paredes verdeblanquecinas.
He vuelto al estudio pensando que no está tan mal vivir aquí después de todo.
Besitos. Calamity.
PD. ¿Sabíais que es aquí, en la calle Arenal de Madrid, donde está la casa del Ratoncito Pérez?
Decía que acabo de venir de darme un paseo. Sí, un paseo. Y con taconazos, ea. Hoy tenía que ir a entregar el trabajo sobre el humor. Prefería llevarlo en mano. Enviarlo por correo electrónico hubiera sido una misión imposible (cuarenta y dos megas de archivo, ni más ni menos). Mandarlo por mensajero, una misión imposible para mi bolsillo.
La sede del club ha cambiado de domicilio. Nunca había estado en la nueva, muy bonita, por cierto, con su patio y su fuente y su todo. Muy cool, muy chic, muy creativa. En cambio sabía perfectamente dónde estaba. Mi pérdida y mi reencuentro de hoy han sido adrede.
He caracoleado por la Plaza del Dos de Mayo, por la calle Velarde (¡cómo cambian el 24 Electric Bar y La Vía Láctea cuando no son las luces de neón las que alumbran su fachada!), por Divino Pastor… Me he asombrado con los azulejos de una antigua huevería y una viejísima farmacia con anuncios modernistas en sus paredes (dónde esconderán estas tiendas por las noches, me pregunto). Mis ojos se han parado ante varios carteles de “se vende”, ¡ilusa de mí!, que colgaban de los balconcillos forjados a base de tiempo y paciencia.
He cambiado mi recorrido con un suave salto de pocos grados y he enfilado mis pasos, dejándome llevar por la inercia de las cuestas, hasta el Teatro Alfil para después subir hasta los fallecidos Cines Luna y retornar, no sin antes esbozar una grandísima sonrisa en mi faz, a la gris rutina de estas cuatro paredes verdeblanquecinas.
He vuelto al estudio pensando que no está tan mal vivir aquí después de todo.
Besitos. Calamity.
PD. ¿Sabíais que es aquí, en la calle Arenal de Madrid, donde está la casa del Ratoncito Pérez?





