Serias reflexiones sobre el humor
Me adelanto como los almendros y hago públicos mis pensamientos acerca del humor antes de que sean descubiertos en ningún otro sitio.
Antes de pediros consejo ya había meditado muy y mucho sobre el tema. El humor. ¿Qué es el humor? ¿Por qué unos tienen sentido del humor y otros no? ¿bueno, y por qué es un sentido y no un sentimiento? ¿Por qué le hay bueno y por qué malo? ¿Por qué expresarlo en ciertas ocasiones está mal visto (un funeral, por ejemplo, como decía Txarly) o muy bien visto (ser la alegría de la huerta en una boda, por poner otro ejemplo de índole ceremoniosa)? ¿Es la risa un signo distintivo del humor (qué tendría que decir de esto grandes humoristas como Eugenio, más seco que una patata encima de un escenario)…? Esto simplemente desde el punto de vista ontológico del humor.
Desde la perspectiva socioeconómica: ¿nos quedan motivos para poder reir? Y si no nos reímos, ¿qué demonios nos queda? Rutina, estrés, falta de emoción, desidia (gracias Gwydir y Toni por vuestro punto de vista). Vas en el Metro por las mañana (Jartos, qué razón tienes) y es que, de verdad, da pena, parece una procesión de Semana Santa sin vírgenes y con cientos de crucificados. Ir en coche tampoco es diferente. Por las mañanas miro a los que me rodean en medio del atasco que se genera en Atocha y les falta caer sobre el volante muertos de asco y aburrimiento (al menos eso enjuician sus largas caras). Es un pez que se muerde de la cola, al parecer. La apatía genera más apatía.
Y podría perfectamente aplicar la frase de Portorosa al sector publicitario, que es el que medianamente conozco y sobre lo que debería de hablar: no hay suficiente. Más que que no haya, es que los satélites que rodean y controlan tal sector no lo tienen: empresarios con miedo al ridículo, asociaciones que ven en la hipérbole una ofensa, competidores que se dan por aludidos, directores creativos que se aferran a lo correcto…Un verdadero ascazo que sólo nos lleva a repetir una y mil veces la fórmula que funciona (“pues va a ser que no”. Argggg).
Posiblemente en el siglo III antes de Cristo me habría ganado bien la vida aburriendo a los viandantes que pasearan por el ágora ateniense, pero ni esto es el siglo III a.C. ni yo quiero aburriros con divagaciones (serias) sobre el humor. Así que resumiendo: creo que el humor es lo único que nos queda.
Sí, sí. Me explico. Cada vez estamos más uniformados. Cada vez la vida se compone de más fórmulas y procesos que sólo hacen que nuestra rutina sea la fotocopia de la fotocopia de la fotocopia del día en el que asumimos aquellas (fórmulas) y aquellos (procesos).
Dentro de esta inmensidad gris y amorfa de repente alguien suelta una carcajada contagiosa (gracias Xavie aunque opino que los tontos sí ríen. Son los cretinos los que no saben hacerlo). Y entonces el gris se torna rosa chicle. O verde pistacho. O púrpura, o azul, o naranja, o amarillo… Y entonces, sólo entonces, dejamos de ser todos iguales para empezar a ser de nuevo cada uno un yo único e irrepetible.
Besitos para todos aderezados con risas y carcajadas a diestro y siniestro. Calamity.
PD. Si quieres verlo, pincha aquí
Antes de pediros consejo ya había meditado muy y mucho sobre el tema. El humor. ¿Qué es el humor? ¿Por qué unos tienen sentido del humor y otros no? ¿bueno, y por qué es un sentido y no un sentimiento? ¿Por qué le hay bueno y por qué malo? ¿Por qué expresarlo en ciertas ocasiones está mal visto (un funeral, por ejemplo, como decía Txarly) o muy bien visto (ser la alegría de la huerta en una boda, por poner otro ejemplo de índole ceremoniosa)? ¿Es la risa un signo distintivo del humor (qué tendría que decir de esto grandes humoristas como Eugenio, más seco que una patata encima de un escenario)…? Esto simplemente desde el punto de vista ontológico del humor.
Desde la perspectiva socioeconómica: ¿nos quedan motivos para poder reir? Y si no nos reímos, ¿qué demonios nos queda? Rutina, estrés, falta de emoción, desidia (gracias Gwydir y Toni por vuestro punto de vista). Vas en el Metro por las mañana (Jartos, qué razón tienes) y es que, de verdad, da pena, parece una procesión de Semana Santa sin vírgenes y con cientos de crucificados. Ir en coche tampoco es diferente. Por las mañanas miro a los que me rodean en medio del atasco que se genera en Atocha y les falta caer sobre el volante muertos de asco y aburrimiento (al menos eso enjuician sus largas caras). Es un pez que se muerde de la cola, al parecer. La apatía genera más apatía.
Y podría perfectamente aplicar la frase de Portorosa al sector publicitario, que es el que medianamente conozco y sobre lo que debería de hablar: no hay suficiente. Más que que no haya, es que los satélites que rodean y controlan tal sector no lo tienen: empresarios con miedo al ridículo, asociaciones que ven en la hipérbole una ofensa, competidores que se dan por aludidos, directores creativos que se aferran a lo correcto…Un verdadero ascazo que sólo nos lleva a repetir una y mil veces la fórmula que funciona (“pues va a ser que no”. Argggg).
Posiblemente en el siglo III antes de Cristo me habría ganado bien la vida aburriendo a los viandantes que pasearan por el ágora ateniense, pero ni esto es el siglo III a.C. ni yo quiero aburriros con divagaciones (serias) sobre el humor. Así que resumiendo: creo que el humor es lo único que nos queda.
Sí, sí. Me explico. Cada vez estamos más uniformados. Cada vez la vida se compone de más fórmulas y procesos que sólo hacen que nuestra rutina sea la fotocopia de la fotocopia de la fotocopia del día en el que asumimos aquellas (fórmulas) y aquellos (procesos).
Dentro de esta inmensidad gris y amorfa de repente alguien suelta una carcajada contagiosa (gracias Xavie aunque opino que los tontos sí ríen. Son los cretinos los que no saben hacerlo). Y entonces el gris se torna rosa chicle. O verde pistacho. O púrpura, o azul, o naranja, o amarillo… Y entonces, sólo entonces, dejamos de ser todos iguales para empezar a ser de nuevo cada uno un yo único e irrepetible.
Besitos para todos aderezados con risas y carcajadas a diestro y siniestro. Calamity.
PD. Si quieres verlo, pincha aquí
Auxilio y excusa (o excusa y auxilio)
A ver queridos amigos blogueros, esta vida parece que está hecha para joder la marrana, con perdón por la expresión. Me explico.
No sé si todas las pymes de este país funcionan de la misma manera (espero y creo que no), pero en dos años (casi) que llevo en ésta me he percatado de que tenemos sólo dos tipos de estadios laborales:
1. No hacer nada o muy poco: ese tipo de encargos que si te aplicas les terminas en dos horas a lo máximo. Y como no quieres pasar las otras seis mirando, lo vas prorrogando hasta el infinito. Es, haciendo un símil estúpido, como cuando te quedan 50 euros para pasar el mes y todavía marca el día 15 en el calendario. Esos 50 euros les estiras hasta la llegada de la siguiente nómina. Como veis, no es el estado ideal, pese a que muchos piensen que tocarse la bola todo el día sería como una estancia en el Olimpo.
2. No dar abasto: llega de repente, sin previsión ni aviso ninguno, tal cantidad de trabajo que se tiene que parar el mundo. Los productos de tu nevera se echan a perder porque no tienes tiempo ni para comer. Entras en la horrible rutina de levantarte para trabajar hasta que San Juan quiera bajar su santo dedo. Normalmente le baja cuando ya lo único que puedes hacer es meterte al sobre para dormir unas pocas horas. Todo tu tiempo es por y para el trabajo. Para aquellos curiosos y sindicalistas: no; las horas de “guardia” no son pagadas.
Este rollo patatero es sólo para decir que ahora me hallo en el Estadio Laboral Dos.
Así que hoy no me voy a andar con mis típicas perífrasis interminables para no llegar a ningún lado. Voy al grano: tengo que hacer una interpretación gráfica sobre el humor para un libro en el que año a año presento mis piezas junto a las de otras personas que también intervienen en él. Y dicha interpretación tiene que estar para el ¡¡¡31 de Enero!!!
Ya tengo alguna cosilla pensada y sé que esto no es nada profesional, pero ahora os pregunto a vosotros: ¿CREEIS QUE HEMOS PERDIDO EL SENTIDO DEL HUMOR?

Hale, venga, a darle al coco. Se agradecerá la participación con unas copichuelas y/o cañitas, cafeses y una charla interesantísima con la menda lerenda ('cause I worth it).
Besitos y ¡venga, venga! Calamity.
P. D. Prometo enseñároslo si me da tiempo a hacerlo. Claro esto es trabajo fuera del trabajo. ¿Entendéis ahora porque no aparezco por la blogosfera ni un minutejo? Mi bloglines va a petar.
P.D. La ilustración que acompaña a este post no es “mía”. Quiero decir, está inspirada por un cartel para un espectáculo de Tangos de Roberto Firpo que se llamó “La Carcajada”.
P. D. Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac...
No sé si todas las pymes de este país funcionan de la misma manera (espero y creo que no), pero en dos años (casi) que llevo en ésta me he percatado de que tenemos sólo dos tipos de estadios laborales:
1. No hacer nada o muy poco: ese tipo de encargos que si te aplicas les terminas en dos horas a lo máximo. Y como no quieres pasar las otras seis mirando, lo vas prorrogando hasta el infinito. Es, haciendo un símil estúpido, como cuando te quedan 50 euros para pasar el mes y todavía marca el día 15 en el calendario. Esos 50 euros les estiras hasta la llegada de la siguiente nómina. Como veis, no es el estado ideal, pese a que muchos piensen que tocarse la bola todo el día sería como una estancia en el Olimpo.
2. No dar abasto: llega de repente, sin previsión ni aviso ninguno, tal cantidad de trabajo que se tiene que parar el mundo. Los productos de tu nevera se echan a perder porque no tienes tiempo ni para comer. Entras en la horrible rutina de levantarte para trabajar hasta que San Juan quiera bajar su santo dedo. Normalmente le baja cuando ya lo único que puedes hacer es meterte al sobre para dormir unas pocas horas. Todo tu tiempo es por y para el trabajo. Para aquellos curiosos y sindicalistas: no; las horas de “guardia” no son pagadas.
Este rollo patatero es sólo para decir que ahora me hallo en el Estadio Laboral Dos.
Así que hoy no me voy a andar con mis típicas perífrasis interminables para no llegar a ningún lado. Voy al grano: tengo que hacer una interpretación gráfica sobre el humor para un libro en el que año a año presento mis piezas junto a las de otras personas que también intervienen en él. Y dicha interpretación tiene que estar para el ¡¡¡31 de Enero!!!
Ya tengo alguna cosilla pensada y sé que esto no es nada profesional, pero ahora os pregunto a vosotros: ¿CREEIS QUE HEMOS PERDIDO EL SENTIDO DEL HUMOR?

Hale, venga, a darle al coco. Se agradecerá la participación con unas copichuelas y/o cañitas, cafeses y una charla interesantísima con la menda lerenda ('cause I worth it).
Besitos y ¡venga, venga! Calamity.
P. D. Prometo enseñároslo si me da tiempo a hacerlo. Claro esto es trabajo fuera del trabajo. ¿Entendéis ahora porque no aparezco por la blogosfera ni un minutejo? Mi bloglines va a petar.
P.D. La ilustración que acompaña a este post no es “mía”. Quiero decir, está inspirada por un cartel para un espectáculo de Tangos de Roberto Firpo que se llamó “La Carcajada”.
P. D. Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac...
Cinco manías
Mi siempre admirado señor de Portorosa me invita a participar en este curioso juego. Y para mí, que todo lo que él dice va a misa, supone una misión por hacer, un deber casi casi. Así que aquí me hallo saliendo de la acedía de los últimos días para mostrar estas intimidades a vosotros internautas que pasáis por mi cuadra y amigos. He de dar las gracias a tan estimable gallego por hacerme coger de nuevo la marcha del teclado que tenía absolutamente abandonada por razones que se mueven entre la depre más absoluta y la desgana total hacia la escritura (gracias mil, en serio, por sacarme del bache bloggeril. También he de agradecer a otro que anda por aquí sin txapela su interés. :***). Os dejo con el rollete maniático.
LAS REGLAS DEL JUEGO SON:
El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas e indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo: "Has sido elegido" y recordándoles que lean el vuestro.
Allá van (y que sea lo que dios quiera).
1. El orden.
Más que la limpieza, que también, el orden. Odio por encima de casi todas las cosas que los objetos no estén en su sitio. Porque cada cosa tiene su lugar y punto. Y no es ni cinco centímetros más allá o más acá. Si un cuadro está ligeramente descentrado es porque tiene que estar así. Mi mesa es, a ojos de otros, un caos. Mi caos es estéticamente atractivo. Es un desorden ordenado a conciencia.
Me puedo pasar horas y horas y horas con lo que yo llamo mis días Feng Shui: saco absolutamente todo de un sitio (armario, estanterías, cajones de la sala etcétera), hago un escrutinio entre los objetos que valen (aunque no valgan para nada) y los que no valen y sólo vuelvo a colocar los que valen.
2. Cerrar cajones y puertas.
No puedo. Ay, es que es superior a mí. Ver una puerta del armario de la cocina o un cajón del salón o yo qué sé abierto, no puedo, no puedo. Me tengo que levantar y cerrarlo porque sino, no sé hacer otra cosa. No me concentro. Lo he hecho incluso en restaurantes.
Ah y jamás, jamás de los jamases he dormido con el armario abierto. Además tengo un sexto sentido para saber que está abierto porque alguna vez mi adorado Paquete me ha abierto un poquito las puertecillas por la noche y yo me he despertado ipso facto a cerrarlas.
3. Nominar objetos.
Casi todos mis objetos tienen nombre propio. No tienen por qué ser objetos especiales ni nombres particulares. Eso sí, cuando un objeto adquiere su nombre es difícil que me deshaga de él. Cobra vida propia, tiene alma, carita, y cuando lo voy a tirar, me mira con ojos de cordero degollado y no puedo.
Por ejemplo. Mi guitarra española se llama Lola. Ya venía con nombre de fábrica (Dolores), yo sólo le puse un diminutivo más amable. Mis almohadas se llaman JJ (la que está en la Quinta de los Sustos), longaniza (la que me ha regalado mi chaval hace unos días) y chorizo (porque tiene un lado descosido y en vez de coserlo está anudado a modo de chorizo). Las cámaras de fotos se llaman Ulises (Canon Eos 5), Bit (Canon Power Shot), Baby (Chinon CP 7m que, lo siento, me la regalaron con doce años y ya se sabe, la hormona revolucionada y tal) y Lubi (una antigua rusa de paso 6x6). Mis estilográficas, casi todas, tienen nombre. Mis prefes son Eöwyn (una Waterman lacada en azul), Lamy (una Lamy roja fuego con la que estoy escribiendo ahora mismo), Eloisa (una Elysée alucinantemente bonita y práctica que me acompañó toda la Universidad), Viridiana (una Waterman verde esmeralda), La Monti (una Mont Blanc regalo de papá y mamá)… Mis bonsáis Satán (me lo regalaron el 6 del 6 del 96), Belver Yin (protagonista de mi novela favorita de Jesús Ferrero), Emir Kusturica (porque es un olmo yugoslavo)… Un cortador de cebolla de la cocina se llama el robot. Paso de nombraros todas mis barbies… Ah, mi PC se llama Consuelito (una historia muy larga de narrar aquí). Y el Mac, ¡el Mac no tiene nombre, hombre, que no es mío!
4. Guardar todas las entradas.
Incluso algunas del cine. Sobre todo de películas que o me han gustado mucho o han significado algo para mí o simplemente por la compañía (sí, todavía guardo las entradas para “El Bola”, la primera cita oficial de Paquete y yo).
Tengo entradas incluso-incluso de Sergio Dalma y de Amistades Peligrosas. Sí, sí, debería de tirarlas para no ensuciar mi prestigio musical (ja, ja, ja), pero, oyes, una tuvo una adolescencia muy conflictiva y, ya se sabe, un instinto de manada muuuuy arraigado.
Una antigua caja de puros Farias, de esas que imitan la madera, hace de refugio para pases de museo, conciertos, entradas de teatro e incluso una de la final de la Copa del Rey en el Bernabeu… Mis más queridas: la entrada para ver a Radiohead en Las Ventas de Madrid, la entrada para ver a Sabina en el mismo sitio, Nick Cave en La Riviera, el Festival Rodríguez (uno madrileño que despareció con la misma velocidad que nació), Interpol en La Riviera, la entrada de Yo La Tengo –firmada por Ira Kaplan- y la gira Pop Mart de U2 en el Vicente Calderón. Bueno, y el Hermitage de San Petersburgo. Y el Louvre de París.
5.La soledad del señor Roca.
Pues sí. No puedo ir al baño acompañada. No puedo, no puedo. No me sale hacer pis si hay alguien conmigo (y no hablemos de lo otro). Imposible. Tampoco puedo si sé que alguien espía. Me explico. Como de todos es conocida mi manía del baño, mis hermanas y alguien más de cuyo nombre no quiero acordarme, me persiguen hasta la puerta del baño y se quedan allí apostados haciéndomelas pasar canutas.
Aunque, qué queréis que os diga, no hay nada como llevar un par de copichuelas de más para que se quite algo (no todo) la vergüenza.
Y más, muchas más. Digamos que estas son las más sobresalientes. Pero con el teléfono también tengo un ciento de ellas (como no coger a nadie con oculto o responder con frases tipo “Servicios de Salud Mental, dígame”. Aquellos que han dejado mensaje en mi contestador saben a lo que me refiero, ¿verdad?).Y con las cadenas del correo, ejem, he de deciros que no suelo leer ninguna, salvo que esté más aburrida que una mona. Y por supuesto, no las continúo. O no suelo hacerlo (I’m sorry, Portorosa). Así que el que quiera, que siga con este juego (yo me lavo las manos como Pilatos, je, je).
Besitos para todos. Cal.
LAS REGLAS DEL JUEGO SON:
El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas e indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo: "Has sido elegido" y recordándoles que lean el vuestro.
Allá van (y que sea lo que dios quiera).
1. El orden.
Más que la limpieza, que también, el orden. Odio por encima de casi todas las cosas que los objetos no estén en su sitio. Porque cada cosa tiene su lugar y punto. Y no es ni cinco centímetros más allá o más acá. Si un cuadro está ligeramente descentrado es porque tiene que estar así. Mi mesa es, a ojos de otros, un caos. Mi caos es estéticamente atractivo. Es un desorden ordenado a conciencia.
Me puedo pasar horas y horas y horas con lo que yo llamo mis días Feng Shui: saco absolutamente todo de un sitio (armario, estanterías, cajones de la sala etcétera), hago un escrutinio entre los objetos que valen (aunque no valgan para nada) y los que no valen y sólo vuelvo a colocar los que valen.
2. Cerrar cajones y puertas.
No puedo. Ay, es que es superior a mí. Ver una puerta del armario de la cocina o un cajón del salón o yo qué sé abierto, no puedo, no puedo. Me tengo que levantar y cerrarlo porque sino, no sé hacer otra cosa. No me concentro. Lo he hecho incluso en restaurantes.
Ah y jamás, jamás de los jamases he dormido con el armario abierto. Además tengo un sexto sentido para saber que está abierto porque alguna vez mi adorado Paquete me ha abierto un poquito las puertecillas por la noche y yo me he despertado ipso facto a cerrarlas.
3. Nominar objetos.
Casi todos mis objetos tienen nombre propio. No tienen por qué ser objetos especiales ni nombres particulares. Eso sí, cuando un objeto adquiere su nombre es difícil que me deshaga de él. Cobra vida propia, tiene alma, carita, y cuando lo voy a tirar, me mira con ojos de cordero degollado y no puedo.
Por ejemplo. Mi guitarra española se llama Lola. Ya venía con nombre de fábrica (Dolores), yo sólo le puse un diminutivo más amable. Mis almohadas se llaman JJ (la que está en la Quinta de los Sustos), longaniza (la que me ha regalado mi chaval hace unos días) y chorizo (porque tiene un lado descosido y en vez de coserlo está anudado a modo de chorizo). Las cámaras de fotos se llaman Ulises (Canon Eos 5), Bit (Canon Power Shot), Baby (Chinon CP 7m que, lo siento, me la regalaron con doce años y ya se sabe, la hormona revolucionada y tal) y Lubi (una antigua rusa de paso 6x6). Mis estilográficas, casi todas, tienen nombre. Mis prefes son Eöwyn (una Waterman lacada en azul), Lamy (una Lamy roja fuego con la que estoy escribiendo ahora mismo), Eloisa (una Elysée alucinantemente bonita y práctica que me acompañó toda la Universidad), Viridiana (una Waterman verde esmeralda), La Monti (una Mont Blanc regalo de papá y mamá)… Mis bonsáis Satán (me lo regalaron el 6 del 6 del 96), Belver Yin (protagonista de mi novela favorita de Jesús Ferrero), Emir Kusturica (porque es un olmo yugoslavo)… Un cortador de cebolla de la cocina se llama el robot. Paso de nombraros todas mis barbies… Ah, mi PC se llama Consuelito (una historia muy larga de narrar aquí). Y el Mac, ¡el Mac no tiene nombre, hombre, que no es mío!
4. Guardar todas las entradas.
Incluso algunas del cine. Sobre todo de películas que o me han gustado mucho o han significado algo para mí o simplemente por la compañía (sí, todavía guardo las entradas para “El Bola”, la primera cita oficial de Paquete y yo).
Tengo entradas incluso-incluso de Sergio Dalma y de Amistades Peligrosas. Sí, sí, debería de tirarlas para no ensuciar mi prestigio musical (ja, ja, ja), pero, oyes, una tuvo una adolescencia muy conflictiva y, ya se sabe, un instinto de manada muuuuy arraigado.
Una antigua caja de puros Farias, de esas que imitan la madera, hace de refugio para pases de museo, conciertos, entradas de teatro e incluso una de la final de la Copa del Rey en el Bernabeu… Mis más queridas: la entrada para ver a Radiohead en Las Ventas de Madrid, la entrada para ver a Sabina en el mismo sitio, Nick Cave en La Riviera, el Festival Rodríguez (uno madrileño que despareció con la misma velocidad que nació), Interpol en La Riviera, la entrada de Yo La Tengo –firmada por Ira Kaplan- y la gira Pop Mart de U2 en el Vicente Calderón. Bueno, y el Hermitage de San Petersburgo. Y el Louvre de París.
5.La soledad del señor Roca.
Pues sí. No puedo ir al baño acompañada. No puedo, no puedo. No me sale hacer pis si hay alguien conmigo (y no hablemos de lo otro). Imposible. Tampoco puedo si sé que alguien espía. Me explico. Como de todos es conocida mi manía del baño, mis hermanas y alguien más de cuyo nombre no quiero acordarme, me persiguen hasta la puerta del baño y se quedan allí apostados haciéndomelas pasar canutas.
Aunque, qué queréis que os diga, no hay nada como llevar un par de copichuelas de más para que se quite algo (no todo) la vergüenza.
Y más, muchas más. Digamos que estas son las más sobresalientes. Pero con el teléfono también tengo un ciento de ellas (como no coger a nadie con oculto o responder con frases tipo “Servicios de Salud Mental, dígame”. Aquellos que han dejado mensaje en mi contestador saben a lo que me refiero, ¿verdad?).Y con las cadenas del correo, ejem, he de deciros que no suelo leer ninguna, salvo que esté más aburrida que una mona. Y por supuesto, no las continúo. O no suelo hacerlo (I’m sorry, Portorosa). Así que el que quiera, que siga con este juego (yo me lavo las manos como Pilatos, je, je).
Besitos para todos. Cal.
Las mejores amigas (I). Anita Terremoto
En seis lustros de vida he ido advirtiendo de que los amigos van cambiando al igual que los años. Gente con la que te llevabas a las mil maravillas en el cole no deja de ser un auténtico desconocido hoy en día. Recuerdo a María Jesús, mi primera amiga del alma. Éramos uña y carne. Estábamos todo el día juntas. Por supuesto a nuestro alrededor giraban satélites. Uno se llamaba Olga, una niña recién llegada de Barcelona que tenía unos barriguitas muy bonitos que todavía no comercializaban en nuestro pueblo. O Nacho, el “novio” de María Jesús. Eran novios porque él se dedicaba a levantarle la falda en los largos y plácidos recreos del colegio de monjas. Y los satélites decanos, esto es, la hermana de María Jesús, Adela, y sus amigas. Sólo estaban un curso por encima de nosotras, pero ellas eran “las mayores”.
Un día María Jesús se fue. Sus padres cambiaron las nevadas tierras del norte de Palencia por la playa de la Contxa. No he vuelto a saber de ella. Incluso puede ser que nos hayamos cruzado infinidad de veces por la calle y no nos hayamos reconocido.
En los últimos cursos de EGB estuvimos Ángela y yo acompañadas de los satélites Rosana y Alicia. En BUP mi prima Eus, la que vive Londres, que aún sigue siendo una de mis grandes amigas. Y también Isabel, y Quela, y Julia, y Apa... Ángela se casó. Isabel vive aquí en Madrid y de vez en cuando nos vemos. Quela, no sé, la vi el día que cumplía treinta años llorando a moco y baba porque su novio se había ido precisamente ese día a una concentración de moteros (tremendo majadero). De Julia no sé nada. Espero que sea una gran abogada en Valladolid. Apa va a tener su primer hijo dentro de cinco meses.
De la Universidad conservo cuatro grandísimas amigas: Gitanilla, que es bailaora en un tablao flamenco de Bruselas; Villa, mi eterna amiga y farmacéutica favorita; Ameva (con uve, sí, no es una falta), la arquitecto-account planner-modelo fotográfica entre amigos-chicaparatodo, de la que hablaré algún día porque la niña –una auténtica Bridget Jones pese a que ella insista que soy yo la más Bridget de las dos (espero que no)- da para conversar largo y tendido. Hace un año que no sé de ella, pero eso significa que está feliz. Si le pasara algo malo, lo sabría la primera. Tenedlo por seguro.
Y mi cuarta gran amiga: Anita. Menuda es Anita. Hemos estado ¡¡¡ocho años sin vernos!!!, pero un repentino viaje a La Rioja hizo que nos volviéramos a encontrar. Y fue igual que en los programas de televisión en los cuales dos hermanos que llevan cienes y cienes de años sin verse se reencuentran: achuchones, sonrisas, abrazos, besos y lagrimillas tontuelas. Los típicos ¡¡¡pero si estás igual!!!, aunque es verdad, ella está igual, sigue pareciendo aquella chavaluca de Navarra con acento mañico (algo muy largo de explicar) de sonrisa sempiterna. Nunca he conocido a nadie más feliz en mi vida. La Terremoto siempre estaba bien. Si acaso se apuraba un poquito en vísperas de exámenes, pero nada que no pudiéramos solucionar bajando a la tienda de chuches de la esquina para atiborrarnos de ricas gominolas antiansiedad.
Me viene a la memoria aquel día en que Anita y yo andábamos sentadas por las escaleras del acueducto de Segovia esperando a que el reloj marcara las ocho de la mañana para que nos abrieran la puerta de la residencia. Teníamos un hambre canino y estábamos molidas porque llevábamos casi doce horas con el andamiaje en los pies puesto. Una triste rodaja de limón, pisoteada y sucia, hizo acto de presencia en escena y Anita se empeñó –el hambre es muy mala- en que aquello era un calamar rebozado abandonado por algún hombre sin alma. Al vuelo la tuve que cazar antes de que tocara aquel trozo de fruta inmundo para llevárselo a la boca. Añado que el alcohol también es muy malo para eso de ver donde no hay.
Recuerdo nuestra particular Guerra del Agua en la cual nos vaciamos unos quince calderos de agua la una encima de la otra y de una tercera chica que nos acompañaba en medio de aquella diminuta residencia estudiantil. Las paredes estuvieron caladas y llenas de manchas de humedad más de dos semanas. Y las monjas se tuvieron que ir a cambiar el hábito por querer pararnos en semejante tropelía. Ilusas.
Sonrío cuando rememoro nuestras noches por Zaragoza con un diente pintado de negro pidiendo copas en los bares de manera correcta e incluso seria para más tarde mostrar la mejor de nuestras sonrisas y comprobar quien era el guapo que podía contener la carcajada ante tamaña fealdad.
Repaso aquel momento en el que nos distanciamos. El día que ella empezó a ser una periodista con título y yo preferí la compañía masculina de una noche a la suya que era fraternal y eterna de verdad...
Hoy Anita Terremoto cumple 32 añazos. ¡Felicidades Ana!
Feliz fin de semana. Besitos. Calamity.
Un día María Jesús se fue. Sus padres cambiaron las nevadas tierras del norte de Palencia por la playa de la Contxa. No he vuelto a saber de ella. Incluso puede ser que nos hayamos cruzado infinidad de veces por la calle y no nos hayamos reconocido.
En los últimos cursos de EGB estuvimos Ángela y yo acompañadas de los satélites Rosana y Alicia. En BUP mi prima Eus, la que vive Londres, que aún sigue siendo una de mis grandes amigas. Y también Isabel, y Quela, y Julia, y Apa... Ángela se casó. Isabel vive aquí en Madrid y de vez en cuando nos vemos. Quela, no sé, la vi el día que cumplía treinta años llorando a moco y baba porque su novio se había ido precisamente ese día a una concentración de moteros (tremendo majadero). De Julia no sé nada. Espero que sea una gran abogada en Valladolid. Apa va a tener su primer hijo dentro de cinco meses.
De la Universidad conservo cuatro grandísimas amigas: Gitanilla, que es bailaora en un tablao flamenco de Bruselas; Villa, mi eterna amiga y farmacéutica favorita; Ameva (con uve, sí, no es una falta), la arquitecto-account planner-modelo fotográfica entre amigos-chicaparatodo, de la que hablaré algún día porque la niña –una auténtica Bridget Jones pese a que ella insista que soy yo la más Bridget de las dos (espero que no)- da para conversar largo y tendido. Hace un año que no sé de ella, pero eso significa que está feliz. Si le pasara algo malo, lo sabría la primera. Tenedlo por seguro.
Y mi cuarta gran amiga: Anita. Menuda es Anita. Hemos estado ¡¡¡ocho años sin vernos!!!, pero un repentino viaje a La Rioja hizo que nos volviéramos a encontrar. Y fue igual que en los programas de televisión en los cuales dos hermanos que llevan cienes y cienes de años sin verse se reencuentran: achuchones, sonrisas, abrazos, besos y lagrimillas tontuelas. Los típicos ¡¡¡pero si estás igual!!!, aunque es verdad, ella está igual, sigue pareciendo aquella chavaluca de Navarra con acento mañico (algo muy largo de explicar) de sonrisa sempiterna. Nunca he conocido a nadie más feliz en mi vida. La Terremoto siempre estaba bien. Si acaso se apuraba un poquito en vísperas de exámenes, pero nada que no pudiéramos solucionar bajando a la tienda de chuches de la esquina para atiborrarnos de ricas gominolas antiansiedad.
Me viene a la memoria aquel día en que Anita y yo andábamos sentadas por las escaleras del acueducto de Segovia esperando a que el reloj marcara las ocho de la mañana para que nos abrieran la puerta de la residencia. Teníamos un hambre canino y estábamos molidas porque llevábamos casi doce horas con el andamiaje en los pies puesto. Una triste rodaja de limón, pisoteada y sucia, hizo acto de presencia en escena y Anita se empeñó –el hambre es muy mala- en que aquello era un calamar rebozado abandonado por algún hombre sin alma. Al vuelo la tuve que cazar antes de que tocara aquel trozo de fruta inmundo para llevárselo a la boca. Añado que el alcohol también es muy malo para eso de ver donde no hay.
Recuerdo nuestra particular Guerra del Agua en la cual nos vaciamos unos quince calderos de agua la una encima de la otra y de una tercera chica que nos acompañaba en medio de aquella diminuta residencia estudiantil. Las paredes estuvieron caladas y llenas de manchas de humedad más de dos semanas. Y las monjas se tuvieron que ir a cambiar el hábito por querer pararnos en semejante tropelía. Ilusas.
Sonrío cuando rememoro nuestras noches por Zaragoza con un diente pintado de negro pidiendo copas en los bares de manera correcta e incluso seria para más tarde mostrar la mejor de nuestras sonrisas y comprobar quien era el guapo que podía contener la carcajada ante tamaña fealdad.
Repaso aquel momento en el que nos distanciamos. El día que ella empezó a ser una periodista con título y yo preferí la compañía masculina de una noche a la suya que era fraternal y eterna de verdad...
Hoy Anita Terremoto cumple 32 añazos. ¡Felicidades Ana!
Feliz fin de semana. Besitos. Calamity.
Le Couperet
El pasado fin de semana por fin pude ver la última película de Costa Gavras, un director al que sigo fielmente año tras año (y ya tiene muchos años el mozo). En España el título ha sido (mal) traducido por Arcadia, aunque aún así dicha etiqueta no hace perder todo el significado al filme: Arcade fue un demiurgo, hijo de Zeus y Calixto –la ninfa, no confundamos-, que fue dado como vianda al propio Zeus cuando fue a visitar al cuidador en la Tierra del dios niño, de nombre Licaón. Le Couperet en castellano significa algo así como el hacha o el machete de cocinero.
José García da vida a Bruno Davert, un ingeniero químico madurito y bien posicionado, que pierde su empleo tras quince años de fiel servicio en una empresa dedicada al sector papelero. Davaert piensa al principio de su despido que aquello es jauja: finiquito con paga por despido improcedente, quince meses de paro y quince meses –entre comillas- de vacaciones. Pero, oh, cuál es su sorpresa cuando pasan los quince meses y nadie, ninguna empresa del sector, ha llamado a su puerta. O lo que es lo mismo, no ha sido aceptado para ninguna de las ofertas de empleo que han salido: demasiado especializado, poco especializado, no responde al perfil… Viles excusas que significan una única cosa: que es viejo a pesar de sus sólo 45 años de edad.
Desesperado y viendo que va a tener que renunciar a su burguesa vida parisina, urde una estrategia para hacerse con el puesto de ingeniero en Arcadia, la mayor y mejor dispuesta empresa del sector papelero. Una estrategia no exenta de una mala práctica deontológica: asesinar uno a uno a su competencia laboral directa, vamos, a sus posibles opositores a la hora de aspirar al puesto de trabajo en Arcadia. No os voy a decir cómo lo hace (no quiero descuajeringaros la película).
Ayer, aquí por los madriles, un trabajador de una empresa de seguridad la emprendió a tiros con sus compañeros de trabajo cargándose a dos ellos para acto seguido volarse la tapa de los sesos con la misma escopeta de caza. ¿Me puede decir alguien que es lo que está pasando en esta pútrida sociedad capitalista? ¿Cómo puede alguien desesperarse hasta el punto de llegar a la locura más absoluta y asesinar a sus compañeros de trabajo?
Besitos. Cal.
PD.:Aunque a veces me han dado muuuuuchas ganas de matar a alguien en el propio trabajo... Recuerdo a un rubito de bote... Mejor no hablo. Schsss, chitón.
José García da vida a Bruno Davert, un ingeniero químico madurito y bien posicionado, que pierde su empleo tras quince años de fiel servicio en una empresa dedicada al sector papelero. Davaert piensa al principio de su despido que aquello es jauja: finiquito con paga por despido improcedente, quince meses de paro y quince meses –entre comillas- de vacaciones. Pero, oh, cuál es su sorpresa cuando pasan los quince meses y nadie, ninguna empresa del sector, ha llamado a su puerta. O lo que es lo mismo, no ha sido aceptado para ninguna de las ofertas de empleo que han salido: demasiado especializado, poco especializado, no responde al perfil… Viles excusas que significan una única cosa: que es viejo a pesar de sus sólo 45 años de edad.
Desesperado y viendo que va a tener que renunciar a su burguesa vida parisina, urde una estrategia para hacerse con el puesto de ingeniero en Arcadia, la mayor y mejor dispuesta empresa del sector papelero. Una estrategia no exenta de una mala práctica deontológica: asesinar uno a uno a su competencia laboral directa, vamos, a sus posibles opositores a la hora de aspirar al puesto de trabajo en Arcadia. No os voy a decir cómo lo hace (no quiero descuajeringaros la película).
Ayer, aquí por los madriles, un trabajador de una empresa de seguridad la emprendió a tiros con sus compañeros de trabajo cargándose a dos ellos para acto seguido volarse la tapa de los sesos con la misma escopeta de caza. ¿Me puede decir alguien que es lo que está pasando en esta pútrida sociedad capitalista? ¿Cómo puede alguien desesperarse hasta el punto de llegar a la locura más absoluta y asesinar a sus compañeros de trabajo?
Besitos. Cal.
PD.:Aunque a veces me han dado muuuuuchas ganas de matar a alguien en el propio trabajo... Recuerdo a un rubito de bote... Mejor no hablo. Schsss, chitón.
Sofismas sobre el cigarrillo
He de admitirlo, he mentido como una bellaca: sí que fumo en mi puesto de trabajo. Al menos en uno de los dos que tengo. Fumo en el restaurante donde curro los fines de semana. Poco, porque en ese intervalo de tiempo que va desde la una de la tarde hasta las cinco o las seis no me da tiempo ni a respirar, así que menos aún como para ponerme a encender un cigarrillo y aspirar tranquilamente la nicotina y el alquitrán, entre otras sustancias que mejor no saber. Poco además porque estoy con mi “estrategia” para dejarlo.
Cual fue mi sorpresa cuando el pasado Viernes, fiesta de la Epifanía, alias de Reyes, llego al restaurante y, ¡ajá!, no se puede fumar. No es que el restaurante se haya convertido en una isla paradisíaca para no fumadores, qué va, es un espacio donde está permitido fumar (salvo en la cocina porque no se puede, nunca se ha podido y nunca se podrá). El caso es que todos los clientes pueden darle a la chimenea, hacer uso de mecheros, ceniceros y cerillas, ahumarme con sus purazos post prandium, pero ninguno de los que trabajamos allí podemos. Ni siquiera el dueño que es fumador compulsivo.
Para colmo el restaurante está en un centro comercial así que para darle al pitillo se pone la cosa francamente chunga. Menos mal que está la terraza de verano –habitualmente cerrada en invierno- que sirve como pequeño gueto para fumadores irredentos. ¿Lo veis normal? Yo no, desde luego.
Besitos y feliz comienzo (Lunes de nuevo, ay señor, señor). Cal.
Cual fue mi sorpresa cuando el pasado Viernes, fiesta de la Epifanía, alias de Reyes, llego al restaurante y, ¡ajá!, no se puede fumar. No es que el restaurante se haya convertido en una isla paradisíaca para no fumadores, qué va, es un espacio donde está permitido fumar (salvo en la cocina porque no se puede, nunca se ha podido y nunca se podrá). El caso es que todos los clientes pueden darle a la chimenea, hacer uso de mecheros, ceniceros y cerillas, ahumarme con sus purazos post prandium, pero ninguno de los que trabajamos allí podemos. Ni siquiera el dueño que es fumador compulsivo.
Para colmo el restaurante está en un centro comercial así que para darle al pitillo se pone la cosa francamente chunga. Menos mal que está la terraza de verano –habitualmente cerrada en invierno- que sirve como pequeño gueto para fumadores irredentos. ¿Lo veis normal? Yo no, desde luego.
Besitos y feliz comienzo (Lunes de nuevo, ay señor, señor). Cal.
Haring, el egipcio
Acabamos de llegar Paquete (algún día escribiré porqué le llamo paquete, razón que está muy lejos de aquella en la que se asocia paquete a algo inservible) y yo, como aquel que dice, de ver la magnífica muestra que ha hecho la Fundación Canal con la obra gráfica del trasgresor –en su momento- grafista, pintor, graffitero, grabador, llamémoslo X, Keith Haring. Si no habéis ido a verla y tenéis ocasión –finaliza el próximo día 8 de Enero-, no dejéis de hacerlo. Es gratuita. Si no podéis, pasearos por aquí.

Estábamos mi adorado y yo disfrutando de sus “Blue Prints”, uno de los últimos trabajos como artista gráfico antes de morir de Sida en el que se mostraba verdaderamente crítico con la sociedad que le había tocado vivir exponiendo abiertamente en un duro blanco y negro temas, digamos, peliagudos para el pueblo yanqui como son la homosexualidad, las drogas, el pensamiento divergente versus único, los ataques extraterrestres y la megalomanía, etcétera cuando aparece una cándida familia formada por padre, madre, niño a punto de ostentar pelusilla en el bigote y bebé bien cebado en la sillita de paseo. Los padres estaban un poco perplejos con tanta –perdón- polla, culo, jeringa y marciano cuando el uno exclama en bajito al otro:
- Bueno, tienen pinta de dibujos egipcios, pero no sé yo…
- Creo que nos hemos equivocado de exposición.
Mientras el pre adolescente se quedaba mirando obnubilado un miembro viril negro penetrando el trasero de otro, los padres recularon, dieron media vuelta y se fueron a trote cochinero de la sala con dibujos, ejem, egipcios.
Evidentemente creo que sí se habían equivocado de exposición. “Faraón” –una espectacular muestra de arte antiguo egipcio con piezas recién traídas del Museo del Cairo que también deberíais ir a ver- está en el otro edificio.
Bienvenida seas rutina mía.
Besos para todos. Calamity.
P.D. : Qué cruz, qué cruz. Los weblogs de Ya Internet Factory tienen problemas con los servidores. Siento no poder corregir los textos una vez colgados, ni poner comentarios en aquellos que sois de Ya (Jartos, Amaya, Coolazul, Soliloco, Molusco, Mardolo, Sonny, Julitros, Mot…Gilda, ya veo que te has cambiado de casa blogueril). Segunda vez que me pasa. Me parece que me voy a hacer una bitácora by my own…
P.D.: Como iba a haber colgado este post ayer, pero no pude, la postdata está más que merecida. ¡Que os traigan todo aquello que deseéis los Reyes Magos!

Estábamos mi adorado y yo disfrutando de sus “Blue Prints”, uno de los últimos trabajos como artista gráfico antes de morir de Sida en el que se mostraba verdaderamente crítico con la sociedad que le había tocado vivir exponiendo abiertamente en un duro blanco y negro temas, digamos, peliagudos para el pueblo yanqui como son la homosexualidad, las drogas, el pensamiento divergente versus único, los ataques extraterrestres y la megalomanía, etcétera cuando aparece una cándida familia formada por padre, madre, niño a punto de ostentar pelusilla en el bigote y bebé bien cebado en la sillita de paseo. Los padres estaban un poco perplejos con tanta –perdón- polla, culo, jeringa y marciano cuando el uno exclama en bajito al otro:
- Bueno, tienen pinta de dibujos egipcios, pero no sé yo…
- Creo que nos hemos equivocado de exposición.
Mientras el pre adolescente se quedaba mirando obnubilado un miembro viril negro penetrando el trasero de otro, los padres recularon, dieron media vuelta y se fueron a trote cochinero de la sala con dibujos, ejem, egipcios.
Evidentemente creo que sí se habían equivocado de exposición. “Faraón” –una espectacular muestra de arte antiguo egipcio con piezas recién traídas del Museo del Cairo que también deberíais ir a ver- está en el otro edificio.
Bienvenida seas rutina mía.
Besos para todos. Calamity.
P.D. : Qué cruz, qué cruz. Los weblogs de Ya Internet Factory tienen problemas con los servidores. Siento no poder corregir los textos una vez colgados, ni poner comentarios en aquellos que sois de Ya (Jartos, Amaya, Coolazul, Soliloco, Molusco, Mardolo, Sonny, Julitros, Mot…Gilda, ya veo que te has cambiado de casa blogueril). Segunda vez que me pasa. Me parece que me voy a hacer una bitácora by my own…
P.D.: Como iba a haber colgado este post ayer, pero no pude, la postdata está más que merecida. ¡Que os traigan todo aquello que deseéis los Reyes Magos!
Aterrizando
Sólo he estado una semana fuera de mi rutina y parece que ha pasado medio siglo. El tiempo nos trata a su antojo. Nos hace creer que ha deslizado una hora cuando el segundero sólo ha recorrido una vez toda la esfera temporal y confundimos con escasos minutos a las horas cuando los instantes están a favor de nosotros. Mirando hacia atrás todo parece muy lejano, pero sólo han pasado unos cuantos días.
Son mis terceras navidades atípicas. Las primeras fueron hace seis años cuando empezaron a faltar miembros de la familia. Las segundas el año pasado comiendo uvas a todo trapo en la confortable habitación de un hotel lisboeta. Y las terceras, éstas. Curiosamente atípicas con petardos y fuegos de artificio entre ambulancias y sirenas de bomberos en medio de un Berlín que parecía estar de nuevo asediado por los rusos. Pero esa es una historia que deberá contarse a su debido tiempo.
Gracias a todos por vuestros comentarios y mensajes depositados en esta casa que es ya la vuestra. Sigo aterrizando a pesar de que el avión, con un overbooking considerable y farragoso, posó sus ruedas ayer por la tarde en suelo español. Me pasearé lentamente y con gran satisfacción por vuestras bitácoras pues hoy estoy sola en el estudio y tengo poca faena…
Gracias también por las llamadas, felicitaciones, mensajitos móviles (también tengo overbooking en el móvil desde que ayer lo encendiera) y demás.
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!!!
Besos a raudales. Calamity.
Como no sé porqué demonios no me deja poner comentarios, hale, os contesto aquí. Ay, virgencita del amor hermoso, espero que no suceda lo mismo que en diariogratis.com:
Amanda, aunque sea tarde te mandaré una postalita navideña, cap problem!
Jartos, precisamente por eso me fui. Aunque, qué quieres que te diga, también echo de menos el calorcito de mis amigos y ese tipo de cosillas.
Divina, hija, si es que no paro quieta. No me da tiempo a ubicarme y ya me estoy yendo de nuevo. Prometido que nos vemos en breve. Faltaría más.
Ernesto, ni te imaginas el fríiiiiiio que hacía. Madre mía, madre mía, qué nevada más salvaje nos cayó en nuestro primer día por las tierras teutonas. Y Nochevieja con doce bajo cero. Vamos, frío, frío. Para mí también ha sido una suerte conocerte. Y además una auténtica gozada.
Portorosa, ahora que puedo, no paro. Ya me llegarán tiempos de sosiego (espero que no, pero sé que estarán por llegar). Ya estoy planeando el próximo viaje…
Ararat, por supuesto que me acordé de ti cuando vi a Nefer. Qué guapa es la jodia.
Rythmduel, te deseo lo mismo. Para mí fue un enorme placer compartir ese Albariño y esa charla contigo. Y un placer sigue siendo que nos sigamos viendo por aquí o por allá. Curioso mundo el nuestro. Un besazo para ti y tus chicas.
Toni, Toni, para ver mis fotos has de tener mucha paciencia ya que aún están en el carrete. ;) ¿Budista? Mmm, creo que en el fondo todas las religiones son similares. También coquetee en su momento con Siddharta, sobre todo leyendo a Hesse, pero tengo poca paciencia y soy más materialista de lo que quisiera ser, algo absolutamente imprescindible (paciencia) y prescindible (materialismo) para ser budista.
Klimta, quizá odio sea una palabra demasiado fuerte. En el fondo me gustan estas fechas, me gusta la bondad, el hecho de coincidir –aunque sea por obligación- con los tuyos una vez al año, poner bonita la casa, las bufandas, los gorritos y el frío, asomarte tras los cristales empañados para ver a la gente pasear por la calle… Pero tener que hacer esto porque es así como mandan los cánones es lo que me hace aborrecer estas fechas. Mis mejores deseos también para ti.
Amaya, no te voy a mentir, me lo he pasado bien, muy bien. Eso sí, dentro de los museos y teatros y demás porque fuera hacía un frío de espanto. Un beso, guapa.
Roberto Zucco, merece la pena visitar la ciudad, claro que sí. Y con tus recomendaciones aún más. Ya te contaré (qué pasada Brecht, su casa –por fuera la vimos puesto que estaba cerrada-, el Ensemble, la vida cultural de la ciudad…).
Son mis terceras navidades atípicas. Las primeras fueron hace seis años cuando empezaron a faltar miembros de la familia. Las segundas el año pasado comiendo uvas a todo trapo en la confortable habitación de un hotel lisboeta. Y las terceras, éstas. Curiosamente atípicas con petardos y fuegos de artificio entre ambulancias y sirenas de bomberos en medio de un Berlín que parecía estar de nuevo asediado por los rusos. Pero esa es una historia que deberá contarse a su debido tiempo.
Gracias a todos por vuestros comentarios y mensajes depositados en esta casa que es ya la vuestra. Sigo aterrizando a pesar de que el avión, con un overbooking considerable y farragoso, posó sus ruedas ayer por la tarde en suelo español. Me pasearé lentamente y con gran satisfacción por vuestras bitácoras pues hoy estoy sola en el estudio y tengo poca faena…
Gracias también por las llamadas, felicitaciones, mensajitos móviles (también tengo overbooking en el móvil desde que ayer lo encendiera) y demás.
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!!!
Besos a raudales. Calamity.
Como no sé porqué demonios no me deja poner comentarios, hale, os contesto aquí. Ay, virgencita del amor hermoso, espero que no suceda lo mismo que en diariogratis.com:
Amanda, aunque sea tarde te mandaré una postalita navideña, cap problem!
Jartos, precisamente por eso me fui. Aunque, qué quieres que te diga, también echo de menos el calorcito de mis amigos y ese tipo de cosillas.
Divina, hija, si es que no paro quieta. No me da tiempo a ubicarme y ya me estoy yendo de nuevo. Prometido que nos vemos en breve. Faltaría más.
Ernesto, ni te imaginas el fríiiiiiio que hacía. Madre mía, madre mía, qué nevada más salvaje nos cayó en nuestro primer día por las tierras teutonas. Y Nochevieja con doce bajo cero. Vamos, frío, frío. Para mí también ha sido una suerte conocerte. Y además una auténtica gozada.
Portorosa, ahora que puedo, no paro. Ya me llegarán tiempos de sosiego (espero que no, pero sé que estarán por llegar). Ya estoy planeando el próximo viaje…
Ararat, por supuesto que me acordé de ti cuando vi a Nefer. Qué guapa es la jodia.
Rythmduel, te deseo lo mismo. Para mí fue un enorme placer compartir ese Albariño y esa charla contigo. Y un placer sigue siendo que nos sigamos viendo por aquí o por allá. Curioso mundo el nuestro. Un besazo para ti y tus chicas.
Toni, Toni, para ver mis fotos has de tener mucha paciencia ya que aún están en el carrete. ;) ¿Budista? Mmm, creo que en el fondo todas las religiones son similares. También coquetee en su momento con Siddharta, sobre todo leyendo a Hesse, pero tengo poca paciencia y soy más materialista de lo que quisiera ser, algo absolutamente imprescindible (paciencia) y prescindible (materialismo) para ser budista.
Klimta, quizá odio sea una palabra demasiado fuerte. En el fondo me gustan estas fechas, me gusta la bondad, el hecho de coincidir –aunque sea por obligación- con los tuyos una vez al año, poner bonita la casa, las bufandas, los gorritos y el frío, asomarte tras los cristales empañados para ver a la gente pasear por la calle… Pero tener que hacer esto porque es así como mandan los cánones es lo que me hace aborrecer estas fechas. Mis mejores deseos también para ti.
Amaya, no te voy a mentir, me lo he pasado bien, muy bien. Eso sí, dentro de los museos y teatros y demás porque fuera hacía un frío de espanto. Un beso, guapa.
Roberto Zucco, merece la pena visitar la ciudad, claro que sí. Y con tus recomendaciones aún más. Ya te contaré (qué pasada Brecht, su casa –por fuera la vimos puesto que estaba cerrada-, el Ensemble, la vida cultural de la ciudad…).