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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


Si quieres saber algo más de la sin cencerro, visita su difunto blog
Sindicación
 
El olor de las tostadas un domingo por la mañana
No hay cosa que más me guste por las mañanas del domingo que un buen desayuno servido a la vez que una se va desperezando aún en la cama: zumo natural, café caliente recién hecho, croissants si es posible, mermelada de fresas y tostadas... Claro está, si una no ha salido la noche anterior y ha decidido aprovechar esas extrañas mañanas domingueras.

Hace un tiempo paquete y yo todavía no estábamos consolidados como pareja formal dentro del ambiente familiar de la Quinta de los Sustos, así que las primeras veces que paquete y Calamity íbamos a ver a mis padres dormíamos por separado. Yo en mi habitación de siempre –preciosa por cierto- y paquete en la habitación de invitados.

Mi pueblo se caracteriza por ser un poco, como diríamos, engañoso en cuanto a meteorología se refiere, y claro, aquel que viene de nuevo por esas latitudes suele sufrir la novatada del frío norte palentino-cántabro.

Por la tarde del sábado los amigos de mi cuadrilla habían invitado a paquete a jugar un partido de fútbol sala en la Ciudad Deportiva del pueblo y paquete allá fue para confraternizar de otra forma que no fuese con una copa entre las manos. Hacía un frío de muerte, pero de estos que se te meten por los huesos y no salen hasta que llega el solsticio de Verano. Eso sí, brillaba el Sol en lo alto como si fuese un día de Agosto. Y paquete decidió ir en pantalón corto y sudadera. Toda una valentía. Yo le advertí que se iba a enfriar. Y él me replicó “bah, son sólo unos metros desde el aparcamiento de la Ciudad Deportiva hasta el pabellón de fútbol sala”. “Tú verás”, subrayé yo.

Por la noche paquete estaba con una lumbalgia que no se podía menear. Andaba torcido y recostado sobre su propio torso y cada vez que conseguía andar recto parecía una embarazada con ganas de parir (no lo digo por su barriga, malpensados, que casi no tiene para desgracia mía) con las manos apostadas en los riñones cual jotera mañica. El mismo sábado tuvimos que ir a Urgencias a que le pusieran un antiinflamatorio para que se le pudiera calmar un poco el dolor.

Mi madre, con esa sabiduría doméstica que sólo poseen las madres, le aplicaba calor seco en las vértebras lumbares y le daba friegas de alcohol de romero para que se le pasara el mal trago. Hasta que la mujer tuvo que ir a hacer la cena. Y yo, que tengo mucha menos paciencia, opté por darle la manta eléctrica de toda la vida y allí que se peleara él solo con su problema por imprudente.

Os podréis imaginar que esa noche no salimos. A la cama prontito y como dije antes cada uno por nuestro lado. Paquete se fue con la mantita eléctrica enroscada a la cintura y la enchufó en su habitación de invitados. Y se durmió, me figuro. Yo también dormí.


Entre el sueño y el desperece andaba yo cuando llegó a mi pituitaria el agradable olor de unas tostadas de pan de pueblo. Uhmmmm, me chiflan las tostadas de pan del día anterior. Mi sueño se mezclaba con un suculento festín mañanero que me esperaba cuando bajara las escaleras de la Sustos hacia la cocina todavía con la legaña en el ojo. Y de repente oigo un toc-toc en mi puerta. Entre sueños farfullé un “¿síiii?”. Y detrás de la puerta oí un “soy yo, ¿puedo pasar?”. Con un párpado arriba y otro todavía soldado con el de abajo, veo la siguiente estampa: paquete en calzoncillos con las manos cruzadas sobre su pecho, tiritando. Me incorporé como un sputnik.
-¿Qué coño haces aquí? Tío como nos vea mi madre...
-Anda, déjame pasar a tu cama.
-¿Qué pasa?

Se metió en mi cama y me abrazó. Yo le conté que estaba soñando con esas tostadas que sabía que me estaba preparando en la cocina, cuando oigo salir por su boca “Cal, no te lo vas a creer. Bueno, lo peor es cómo se lo vamos a contar a tu madre”.
-Qué cojones pasa tío –ya con los dos ojos como platos.
-Pues nada, que anoche me metí en la cama con la manta eléctrica enchufada y...
-Y, y, y ¿qué?
-Que se ha quemado un poquito la cama.
-Cóooooooomo, ¡¡¡¡que se ha quemado la cama!!!! ¡¡¡¡pero ¿qué arte has hecho? (inciso: en mi pueblo se dice “qué arte” para decir “cómo”. Fin.)

En ese momento ya oí a mi madre desde el otro lado de la puerta indagando “Cal, ¿no te huele a quemado?”
-Má, entra, anda –me apresuré yo antes de que ella descubriese el pastel por sí sola.
Y la Tila entró y vio el percal. Le dije que se sentara en el poco hueco que quedaba de la cama y que escuchara atentamente.

Ahí estábamos los tres, a las ocho y media de la mañana de un domingo de marzo, apoltronados en una cama de 105 cm de ancho mirando al techo mientras escuchábamos la peripecia nocturna del agregado. Y una vez que concluyó ésta, silencio sepulcral proseguido de una enorme risotada que nos echamos mi Tila y yo mirando de soslayo a paquete –que estaba en centro de las dos- y, prácticamente, burlándonos a su cara de la facha que llevaba el muchacho en pleno invierno norteño.

Nos levantamos los tres y fuimos al cuarto de invitados. Resultado: de la manta eléctrica casi ni hablamos, estaba más negra que los cojones de un grillo; pijama de paquete: un pedazo agujero negro enorme, vamos, para tirar (todavía no entiendo cómo no se quemó él nada); sábana de encima: tomate negro y calcinado; sábana bajera: pedazo tomate negro; manta con estampado tribal: quemada; edredón de Reig Martí: casi calcinado por el flanco derecho; colchón: tomatazo negro que dejaba ver sus muelles y las diferentes capas de látex carbonizadas. A todo esto le añadiremos un charco de agua goteando alrededor de todo y una especie de humo grisáceo y espeso flotando por la habitación y obtendremos el espectáculo dantesco que se abría ante nuestro ojos.

Paquete tenía una carita, el pobre, que no sabía ni qué decir. Y mi madre y yo descojonadas de risa ante semejante cuadro de habitación. Todo el día estuvimos lanzándole puyas, sin mala intención ¿eh?, en plan ten cuidado no te quemes con las lentejas, jua, jua, jua, y cosas así.

De camino ya a Madrid se me ocurrió preguntarle una cosa que no debería de haber hecho jamás: “Oye cari, ¿de dónde sacaste el agua para apagar el incendio?” Y la respuesta fue: “Joder, como me puse nervioso lo primero que encontré fue el recipiente de la escobilla del baño de arriba para poder coger un poco de agua”.

Besitos a todos y feliz comienzo de semana, Cal.
 
Black & Decker
El otro día leyendo a SuperRosika me vino a la cabeza una anécdota de mi día a día que en aquel momento se me antojó simpática. Vamos a ver qué tal se nos da relatarla para los miles de internautas :PPPP que pasan por ésta mi y vuestra cuadra donde atracan las vacas sin cencerro.

Corría el año 2.003 y de aquella yo trabajaba en una Agencia de Seguros (¿¿¿Cómorllll???? Pues sí, en plena Crisis de la Publicidad, la Publicidad no daba suficiente dinero para vivir, así que una se agarraba a un clavo ardiendo. Qué coño, lo sigo haciendo) intentando engatusar a los paisanos de por ahí para que se hicieran un seguro médico que a mi me permitiese malvivir los primeros quince días del mes.

Suele suceder en estos trabajos en los que la promoción es inexistente que hay un ambiente y un colegueo genial. Desgraciadamente no conservo ninguna de las amigas de aquella época pues fui perdiendo poco a poco el contacto. Y sí, éramos tooooodas chicas. Sólo había tres chicos –uno de ellos el súper mega jefazo, que tenía que ser hombre, cómo no- y estaban todo el rato pavoneándose ante nosotras. Angelicos, tendrían que haber ido primero a culturizarse un poquito para al menos saber escribir hincapié o en su defecto a Corporación Dermoestética para si quiera haber llamado la atención a simple vista.

Una de mis mejores amigas era La Pili. Y digo La Pili con pleno conocimiento de causa y sabiendo que los nombres personales no llevan artículo delante (doscientas veces tuve que escribírselo a la profesora de Historia y Gimnasia ¿? en 8º de EGB). Al fin y al cabo ese no es su nombre verdadero.

La Pili, pobrecita, estaba saliendo con un camionero desde hacía unos meses que, francamente le hacía tanto caso como yo a una piedra que me encuentre por la calle. La tenía abandonada por estos mundos de dios y de vez en cuando aparcaba el camión para darle una alegría para el cuerpo a La Pili y de paso desahogarse él. Pero nada más. Cuando le daba el apretón en medio de la carretera, llamaba a La Pili al móvil y le subía el furor uterino hasta límites insospechados. Una vez puso el manos libres y tuve que exclamar con la babilla asomando por la comisura de mis labios: “Pili, quita eso, anda, que es una conversación muy privada, corazón”.

Y claro La Pili se iba a casa peor de lo que había venido al trabajo. Se sentía muy sola, sobre todo sexualmente hablando. Qué suerte, las hay que nacen ya cachondas, ni preliminares, ni leches.

Un día, entre llamada y llamada, decidió vencer su soledad con un nuevo amigo que no le complicase la vida. “Pili, ¿con quién de estos tres te has enrollado?”, “Con Miguel” –me dijo ella- “pero no me refiero a alguien de carne y hueso”. Al poco tiempo estábamos hablando animosas entre un par de cafés y varios cigarrillos en la Sala de Juntas de ir a un Sex Shop a comprar un consolador. “Cal, tú entiendes de esto, ¿no?” Hombre, pues entender, entender, no entendía ni un pimiento, pero qué iba a hacer, ¿decirle que no?. Y le dije que sí. Y allí estábamos La Pili y Misss Calamity charlando sobre tamaños, tipos de plásticos, vibraciones, colores negro o carne o, porqué no, translúcido con brillantina, (uaj, qué asquito) y bolas chinas.

Urdimos nuestra estrategia, que, francamente, no sé para qué porque después La Pili fue gritando a los cuatro vientos que se iba a comprar un consolador esa misma tarde y que había quedado conmigo en una heladería de la calle Montera porque yo entendía del tema. Y yo pasaba por entre las mesas de teleoperadora con la cabeza gacha y más roja que un tomate diciendo pues sí, ya veis, entiendo de consoladores.

Me llama paquete y le cuento la estrategia. En ese momento me hubiese gustado que la comunicación hubiera sido a través de videoconferencia porque la cara que debió de poner me la perdí y debió de ser antológica. Pero más estupefacta me quedé yo cuando me respondió, tras varios eternos segundos de silencio, “os acompaño”. Y claro que vino.

Allí estábamos La Pili, paquete y yo en una heladería de Montera a las cinco de la tarde dispuestos a comernos las estanterías del Sex Shop de enfrente en busca del nuevo compañero de mi amiga del trabajo. Había dos manera de afrontar el temita. Una, en plan tonta como por la mañana en la ofi; o dos, yendo de sobrada. Opté por la segunda.

Bueno, bueno, bueno. Yo que pensé que mi mente es calenturienta, qué vá, lo más calenturienta que llega a ser no sube de la temperatura de la Antártida en Verano. Fíjate. Pollas de colorines, lasas, duras como cemento armado, con varias velocidades de vibración y hasta un brazo hasta el codo nos encontramos. No paso a dar más detalles porque había un montonazo de cosas raras, raras, raras…

Paquete persiguiéndome como un perro en celo para que compráramos una bolitas chinas y unas bragas de caramelo, La Pili gritando como loca “ay un pollón con de color azul cielo, ja, ja” y yo haciendo de asesora en la tienda. La menda lerenda en su papel de “estoy de vuelta de todo chatos” llamó la atención del personal masculino allí presente y varios de ellos me vinieron a preguntar acerca de qué le regalarían a una mujer. Y yo, que no me callo ni debajo del agua, recorría las estanterías del Sex Shop como que estuviese por mi casa en busca del regalo perfecto para una fémina y a la vez de la polla artificial que le alegrara la vida a La Pili (y escondiéndome de paquete ya que su lívido me estaba empezando a preocupar seriamente, je, je, je).

Al final todos contentos. Yo capee el temporal como un torero hace con un Miura. La Pili encontró un consolador con cinco velocidades de 24 cm de largo y 3 ó 4 de diámetro. A paquete le di lo que se merecía :P. Y yo me fui con la sensación de un trabajo bien hecho de esa galería de la perversión más tentadora.

A la mañana siguiente en el trabajo La Pili llegó tarde, pero con la cara iluminada de una manera muy especial. “¿Ha venido el camionero esta noche?”, “No-susurró ella- ha sigo Black & Decker”. Y abrió el bolso tímidamente. Allí estaba él: negro, erecto, dispuesto a dar guerra en el momento oportuno.

Feliz fin de semana a todos. Cal.
 
¿A qué huelen las nubes?
Así empezaba un ridículo anuncio sobre no sé si compresas o salva slips (palabra curiosa la de salva slips, ¿de qué hay que salvarles, digo yo, si por las mañanas nada más ducharse uno los echa a lavar?) en el que se hacía preguntas desde todo punto de vista tontas.

Y sin embargo yo ahora me interrogo a qué huelen de verdad las nubes. Porque me figuro que no todas las nubes olerán igual. En Madrid, fijo, huelen a polvo secarruto como el ambiente que se respira. Sobre todo esas nubes gordotas que se llaman cumulonimbos y que son de color gris marengo justo antes de ponerse a descargar lluvia (que ya podría caer un buen chaparrón que se llevara lo feo y nos dejara el querube que diría Silvio Rodríguez).

Y los cirros de mi pueblo cuando está atardeciendo casi seguro que huelen al perfume de una embriagadora azucena. O mejor, al de una rosa, pero no una rosa empalagosa, una rosa con un aroma fino. Una rosa de color naranja.

Poco más tarde vi un reportaje interesantísimo no sé si en Localia o en La 2 sobre la gente que sufría SINESTESIA. Os dejo con la segunda acepción que da la RAE:

2. f. Psicol. Imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente.

Me llamó la atención el hecho de que mucha gente pudiera describir por ejemplo la soberbia con un color o un aroma e incluso con un sabor. ¿Alguien ha probado un plato que supiese a soberbia? Bueno yo anoche tomé un postre soberbio, pero de ahí a que supiese a soberbia… No sé. Ahora que lo pienso un faisán asado, eso es el plato de la soberbia. Vale, vale, se me va la pinza.



Después de este paseo por los cerros de Úbeda, deciros que el motivo de este post viene a cuento con el “examen” que tuve ayer por la tarde en mis clases de Montaje Creativo (que nada tiene que ver con la Prensa Rosa). Algunos de vosotros ya lo sabéis e incluso os lo pregunté porque andaba un poco perdida con una de las preguntas.

A la presente os cuestiono yo a vosotros: ¿qué color tiene el sexo con amor? ¿y el sexo sin amor? Hala pues, a estrujar cerebros que también quiero saber por qué. Y espero que mi propuesta no os nuble vuestro conocimiento.

Besitos, Calamity.

PD. Que conste que me costó más descubrir el color del sexo con amor.
 
Estudios en el extranjero
Mis pericos tienen una extraña costumbre a la que no suelo hacerme yo por mucho que pasen los años. Cuando llega su juventud, se marchan a estudiar al extranjero. Así de repente y sin dar ningún portazo. Un día llegas a casa y te encuentras con que han hecho las maletas y se han ido. Ni siquiera dejan una nota o una carta y menos la nueva dirección. De todas maneras pienso que por mucho que hablaran o escribiesen no les iba a entender gran cosa ya que yo me expreso en Castellano y ellos en Periquitil. Mi casa parece un circo porque nuestra comunicación se basa en signos a modo de actores de Mimo inexpertos.

Primero fueron Rita y Felipe que, de la misma manera que Romeo y Julieta (final incluido), se escaparon por el portachón de su jaula un caluroso día de Junio de hace dos años. Según me dice paquete deben de estar estudiando en Oxford, aunque lo dudo mucho porque no les gustaba el clima lluvioso que ostentan las islas británicas. Yo más bien pienso que se han ido a la Universidad de Canberra. No en vano son periquitos australianos. Pero todavía no me han enviado ni una postal. Y esto es casi seguro porque estarán muy contentos y felices en su nuevo hogar.

Luego lo hicieron Romeo (no el de Shakespeare) y un mes justo más tarde Peloncete. Estos dos eran canarios así que supongo que estarán disfrutando de un mojo picón en las islas que llevan el nombre de su raza. Estos no fueron a estudiar, estoy convencida. Ya estaban entraditos en años como para ponerse ha hacer una carrera en La Laguna. Aunque vete tú a saber.

Y antes de ayer le tocó el turno a Kiko. Pero Kiko lo hizo de manera diferente a sus amigos: dejó una nota. El pobre estaba un poco cansado de su novia obesa y aunque la quería mucho le estaba matando de hambre. Cada día se parecían más al típico matrimonio de las viñetas de Forges –él esmirriado y ella oronda- y como buen gigoló que fue decidió que era el momento de partir hacia nuevas tierras. Por la noche estuvo hablando conmigo. Me dijo que se estaba quedando ciego y que casi no podía volar así que iba a probar suerte en otros feudos donde las féminas fueran más independientes y no le dieran tanto la tabarra con la comida. Ya estaba harto de estar todo el día comiendo para que después su novia Gina le hiciera desembuchar todas las semillas y le obligara a que la peinase continuamente.



Les llevamos a una agencia matrimonial para ver si se podía mediar solución, pero el consejero nos dijo que la cosa tenía difícil procedimiento. Los dejamos allí solitos en una habitación de un hotel cinco estrellas y gran lujo para ver si llegaba el acuerdo. Pero ayer cuando fuimos a recogerlos para volver a casa, Kiko ya había tomado la decisión: se había ido a pasar unas largas vacaciones con sus hermanos Felipe, Rita, Romeo y Peloncete.

Estén donde estén espero que su vida sea mejor todavía, si cabe, de lo que fue en mi casa de Madrid y en la Quinta de los Sustos.
 
Testigo Musical. Una bromita de mi querido Ararat
Todo sea porque en esta ruleta de la fortuna que es la vida, mi querido bloguero Ararat me ha designado como testigo de su buena suerte. Así que va por ti maestro:

Tamaño total de los archivos de los archivos de música de mi ordenador
En este, que es el Mac del trabajo, tengo 766,9 MB de música. En el de mi casa, buff, no quiero ni pensarlo.

Último disco que compré
Qué chungo. Estuve en la Fnac el anterior sábado y me compré todos los discos de Radio Futura, los seis y originales, un disco de Josele Santiago, tenía muchas ganas de tenerlo después de haber asistido a un mega concierto de él, y uno de Antonio Vega, qué pasa, estaba nostálgica. Que conste en acta que nunca compro tanta música española del tirón, pero bueno. Me quedé con ganas de comprarme el Vexpertine de Björk que estaba a un precio irresistible, el nuevo disco de Kasabian y la caja de Yo La Tengo y las rarezas de Nick Cave y un especial de Mark Sandman.... BAAAAAAAASTA.

Canción que estoy escuchando ahora
Title and Registration de Death Cab for Cutie, un poquito de relax, vamos.

Cinco canciones que escucho un montón o con un significado especial
(Ararat, te mato, qué chungo contestar esto).
Untill the end of the World, U2
Subterranean Alien Homesick, Radiohead
Fastination Street, The Cure
Lover Man, Nick Cave and the Bad Seeds
I Wish, Pearl Jam
Hay muchas más, pero así sin pensar mucho son esas.

Nuevas víctimas del testigo
No me mojo, I'm sorry. El que quiera seguir con la cadena que lo haga, a mi me ha parecido gracioso, así que adelante a todos aquellos que tengan un poco de tiempo. Hale niños y niñas, me voy a casita que estoy hecha una mierda y hoy es San Juergues.

Joooooder, se acaba de caer una estantería llena de libros de mi oficina encima de la impresora láser, Joder, ¿es esto tener suerte? Leñe, que estoy sola, ¿alguien me ayuda a recoger los destrozos? Voy a llamar a paquete. Que no es broma, en serio.

Besitos a todos, c. :-/

ACTUALIZACIÓN: 21 de Mayo, 0.33 Horas.
Pues no os lo vais a creer, pero desde ayer por la tarde no me han pasado más que malas cosas...

Hoy no he podido ir al trabajo. Ahora me acabo de levantar de la cama después de estar todo el día dopada con un montón de tranquilizantes. Y todo porque esta mañana al levantarme para ir al curro me dio un ataque de estos de angustia... Joer qué mal se pasa, no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Y lo peor de todo no es eso. Anoche uno de mis pericos se ha quedado ciego, de repente, sin mediar explicación. Me da igual que penséis que soy una ridícula: yo adoro a los animales. Kiko está hoy ingresado en una clínica y mañana iremos a verle, pero me temo lo peor...

Así que nada, ya veis para lo que sirven las cadenitas estas que te traen la buena suerte, para absolutamente nada. Bueno chicos, me voy a dar una vueltecilla por vuestras bitácoras porque hoy no he podido.

Besitos, Calamity.
 
Doce Miradas
Hoy me persigue más el espíritu de la Pintura y menos el de la Literatura y, francamente, no sé por qué, pero mejor. Tengo mucho que dibujar en este sacro santo sitio que es mi lugar de trabajo. Una pila de ropa deportiva. No me quejo, me gusta.



Hoy hace un año más o menos que estaría descolgando doce fotografías sobre mi visión de la Arquitectura de las paredes de un bar de Segovia –que recomiendo que visitéis pues ponen una música excelente y unos vinitos que quitan el sentido. Colgarlas fue todo un triunfo. Ahora que estoy estudiando montaje expositivo en una escuela de Madrid me doy cuenta de uno de los mayores errores que tuve: plantear la exposición completamente beoda y en un único día. Marchamos para allá paquete, mi compañero de piso y yo con doce fotos tamaño 30x40 cm debajo del brazo: seis de color y seis en blanco y negro, seis horizontales y seis verticales. Y sólo se nos ocurre, en pleno Uno de Mayo reivindicativo y sindicalista, ponernos a tomar chatos de tinto por todas las tascas segovianas en medio de pancartas y barbudos (entiéndame bien que luego se me molestan) gritones.

Lo peor (y lo más divertido) fue encontrarnos con un viejo amigo mío de la Universidad –de profesión alcohólico- con su nueva novia deambulando por Segovia la Nuit entre títere y títere. Y yo, que me apunto a un bombardeo, me fui con el muchacho, su churri, paquete, el compañero y las doce fotos a escanciar sidra al Valle del Clamores, debajo del Alcázar. Lo demás fue todo rodado.

Al colgar uno de las instantáneas se me cayó al suelo partiéndose en mil pedazos el cristal y rayándose por completo la superficie gelatinosa del papel fotográfico. Pero no penséis que me importó, ¡qué va!, el mismo día de inauguración así se quedó la fotografía del Palau Sant Jordi.

Aún así la exposición gustó.

PD. No he tenido tiempo para podéroslas mostrar de manera decente, vamos, es que ni las tengo montadas en casa, así que… Lo intentaré, si queréis, claro. Aquí sois vosotros los que ordenáis y yo acato.
 
Sanas Costumbres
No estoy hablando del aceite Carbonell. Desde hace cinco años tengo un ritual que tramar por estas fechas: irme a Segovia a ver Titirimundi. Y ayer hice lo propio. Cogí a paquete, a su madre y nos plantamos en Segovia a las cuatro de la tarde para disfrutar de este maravilloso espectáculo callejero de Teatro, marionetas y juegos malabares, de niños y de adultos.



Todo empezó hace seis o siete años tímidamente, como casi todos los festivales de estas características. Unas pocas compañías de titiriteros y funambulistas que se reunían por las calles y plazuelas de la medieval ciudad castellana para deleitar a los transeúntes con sus sinecuras. Desde aquella primera vez mi corazón se quedó atrapado para siempre.

En plenos exámenes de junio me recorría las callejuelas para arriba y para abajo para intentar inmortalizar esos instantes extraordinarios que sólo se dan en un breve segundo de la vida de cada uno. Para pretender aprisionar la magia. Porque las marionetas serán seres inanimados, pero en Titirimundi adquieren toda la vida del mundo. Y toda esa vida se transmite de forma sorprendente a niños y mayores que quedan atrapados ipso facto por el embrujo del Teatro.

Desde 1.996 el mismo ritual: colgarme a Ulises (mi cámara de fotos) al hombro y vagabundear por los sitios en busca del éxtasis del Teatro de Títeres, para recuperar, quizá, esa infancia perdida...



Besos y feliz semana para todos, Calamity.


PD.: Lola de España, no me olvido de ti.

PD 2: Apunte deportivo: Tooooooot el camp, es un clan, son la gent Blau Graaaanaaaa […] Barça, Barça, Baaaaarça.
 
No sé qué le pasa a este diario
Pues sí queridos/as bloguers. Como vaca sin cencerro está herido de muerte. Eso me pasa por enredar con los nuevos pluggins de DiarioGratis (me figuro yo). Vamos que como siga así las cosa, lo mismo emigro para otro servidor de bitácoras...

En otro orden de cosas, siento enormemente no poder leer vuestros comentarios ni nada de nada. Sólo puedo editar nuevos artículos. Bueno, tampoco es que el último post que colgué fuese el descubrimiento de la sopa de ajo, pero vamos, que a una le gusta interactuar con los demás vecinos de la blogosfera, digo.
¿Castigo divino? Si existiese dios, tal vez. Tengo mucho trabajo, por fin (y no tengo internet en casa. ¿Cómo? Pues sí, pertenezco a ese pequeño porcentaje de hogares españoles), así que no puedo entretenerme demasiado comentándoos, ni haciendo bonitos artículos para este diario cada vez más personal. Bah, que me pongo ñoña. Si queréis enviarme algún imeil, se agradecerá. ;O)

Besitos, Calamity.
 
Tal como éramos
Hoy lunes y durante todo el fin de semana me he ido dando cuenta de cómo hemos cambiado… Uno se cree que no pasa el tiempo hasta que se pone a reflexionar y a charlar de anécdotas pasadas. Y después llegan las fotos. Allá va una de mi cuadrilla sección femenina-junto a alguna incursión masculina- con veintimuypocos años, incluso ni veinte habíamos cumplido algunos. No la había visto. Hasta yo misma me he sorprendido de verme con pelo largo y color natural, ja, ja:

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Y todo esto por qué. Pues por el fin de semana cargado de recuerdos que hemos tenido. Nada especial y sin embargo lleno de emociones. Visita a mi gran amiga Nuvilla que está convaleciente de una operación que le han practicado justo antes del Uno de Mayo. En la –por poco tiempo- casa de sus padres en Madrid nos juntamos una serie de amigos (todos casados menos yo) y nos dio por charlar de los avatares del día a día. Me enteré el mismo sábado que otra de las amigas de la cuadrilla va a tener un niño. Es más llamé ayer a Juncal y ya está fuera de cuentas. Jaime está a puntito de nacer.

Me volví a casa con la dulce desazón de ver que el tiempo no perdona. Que pasa y pasa y no deja de pasar mientras nosotros, ingenuos humanos, vamos quemando etapas sin ni siquiera ser conscientes de ello. Y casi mejor vivir dentro de esa reconfortante neblina de la inconsciencia porque si nos paramos a pensar en quienes éramos y en quienes nos hemos convertido…

Besitos adolescentes, Calamity.
 
Madrid-Mi Pueblo-Frías-Oña-Mi Pueblo-Madrid, vamos, el Puente del Uno de Mayo.
Aunque no he revelado aún las fotos (y creedme que posiblemente tardaré bastante en hacerlo) me decido hoy por contar lo acontecido en estos últimos tres días de encuentros y desencuentros. Y lo hago ahora, así casi huérfana de imágenes salvo las digitales, porque si no, me sucede lo mismo que con París, que lo voy dejando, lo voy dejando y cada día que pasa el olvido va haciendo mella en mis escondidos recuerdos.

De un tiempo a esta parte siempre que he hecho un viaje (me refiero a turismo, no un viaje de Madrid a mi pueblo) ha sucedido algo curioso. Lo más normal es que me encontrara con andamios en los edificios que quería visitar. Pero las anécdotas adquieren dejes de lo más inverosímil. Iba a inaugurar una nueva sección denominada: TURISMO CON ANDAMIOS. Pero mira, me pasa como con la música, que no me atrevo. Así que allá va, sin adornos, sin conservantes ni colorantes.

MADRID-MI PUEBLO
Escapando del mundanal ruido paquete y yo decidimos irnos a mi pueblo a las nueve y media de la noche del domingo. Porqué. Pues porque yo lo valgo. Vamos que estuvimos todo el fin de semana tirados en mi casa de Madrid sin hacer nada (la menda no tiene el horno para bollos aún) cuando nos dio de repente el viento y nos pusimos en marcha.

Ni un solo atasco que pillamos. No hay mal que por bien no venga. Toda la Nacional I para nosotros solos. Vale, y para un porrón de camiones, que a estos “pobres” da igual que sea fiesta que no: los demás tenemos que comer, así que ellos tienen que currar en días festivos. Escogimos buena Música y por supuesto nos tragamos Carrusel Deportivo de cabo a rabo (sin echar cabezadita ni nada, que conste).

Llegamos a la Quinta de los Sustos a eso de las doce menos cuarto de la noche. Miento. Miento como una bellaca. Empiezo de nuevo. Llegamos a la Quinta de los Sustos a eso de las dos de la mañana. Antes de parar en la Sustos nos detuvimos a cenar en la pizzería de mi pueblo y a tomar un par de copitas, sin dejar las maletas ni nada, con el coche ahí aparcado en medio de la plaza con bultos hasta en la baca. Nos encontramos con mis amigos que se quedaron medio locos diciendo “pero qué coño hacéis aquí a estas horas”. Y se lo explicamos.

Y después, al entrar en la Sustos, nos recibió con la mejor de sus sonrisas mi perro: AKEBONO. No me voy a poner a hablar de él aquí y ahora porque el post sería eteeeeerno. Él ya tendrá su propio espacio dentro de este diario. Akebono ha estado enfermito –le picó una garrapata y casi la palma- estas últimas semanas y ha adelgazado un poco. Pero le viene bien que mi tía Lici lo tiene cebado como si fuera un cerdo para la matanza. Es más guapo mi nene, ay, ay, ay (no sigo).
En fin, que a las dos y media de la mañana nos fuimos a la cama con la firme proposición de levantarnos temprano (ja, ja, ja, ja) para irnos a Las Merindades, concretamente a Frías.

MI PUEBLO-FRÍAS
Paquete, que no se fía ni un ápice de mi en cuestiones espacio temporales, estuvo mirando un buen rato Internet para ver cómo llegar a tan recóndito sitio. Leche, yo no quería que viera nada del pueblo, quería que fuera una sorpresa total para él. Pero este hombre mío que se me aciruela y todo lo tiene que saber antes de tiempo.

Madrugar, lo que se dice madrugar, pues no. Salimos de mi pueblo a la una menos veinte del mediodía. Nacional 627, varias comarcales, anda mira el pueblo de Félix Rodríguez de la Fuente, Nacional 232, otras tantas comarcales y por fin llegamos a Frías.



Pero tratándose de Pareja KK, osease paquete y Calamity, las cosas no podían ser fáciles. No. Paquete estaba de guardia con lo cual tenía que tener todo el día el teléfono móvil encima y encendido por si algún desconsiderado llamaba para fastidiarnos la festividad del Uno de Mayo. Y, ¿a que no os imagináis dónde es la cobertura más corta que las piernas de Torrebruno? Pues sí, en Frías. Yo es que ya estaba de los nervios observando todo el rato a paquete mirar la pantalla del puto móvil. Os diré que no pudimos comer. Ja, ja, riete tú. En los mesones que había en la –digamos- calle principal del pueblito, no había cobertura (me cagüen las muelas de aquel que inventó el puto móvil). Y en la zona del Camping sí tenían cobertura, pero no tenían comida (no habían calculado bien las previsiones de turistas ávidos de cultura medieval), ni un triste pincho de tortilla.

Así que nada con el estómago vacío nos recorrimos los mil y un rincones de la maravillosa Ciudad de Frías: su castillo (he debido hacer una foto a un capitel con una centaura amamantando a un bebé que, uff, tengo ya unas ganas de verla que ni os imagináis; vale, admito que me emociono ante este tipo de cosas), su iglesia de San Vicente (cerrada, por supuesto, no podría ser de otra manera tratándose de Pareja KK), sus murallas y barbacanas, su puente medieval sobre el Ebro...

Me dio mucha pena ver los inútiles gritos alzados por los lugareños para que no se les venga abajo el Monasterio de Santa María del Vadillo. Pobre. Me da lástima pensar que una construcción tan soberbia como esa se hunda en menos de lo que canta un gallo (un convento románico con pinta de tener más de uno y de dos tesoros escondidos dentro que amenaza ruina, vamos, ya no tiene ni parte de la cubierta). No le hice fotos, aunque notara que era una obligación ayudar a los paisanos de Frías en esta lucha.

FRÍAS-OÑA
Con más hambre que ni sé abandonamos Frías. Yo mirando hacia atrás para captar una instantánea del pueblo en toda su plenitud. Y tanto mirar para atrás junto con el estómago vacío y las curvas de la carretera me agarré un mareo de aupa.

Llegamos a Oña a eso de las seis menos cinco de la tarde. Y justo, justito, acababan de cerrar las visitas al Convento de San Salvador y no admitían a nadie. Pues vale, no tendría andamios, pero para el caso. Nos fuimos a dar un paseo por el pueblito y sobre todo a encontrar un sitio en el que nos dieran vianda. Pero, leche, que eso no es Madrid, que en estas zonas no existe un Seven Eleven que abra a todas horas... El caso es que encontramos un mesón de corte moderno (Extremoduro, Platero y tú y este estilo de música) en el que nos ofrecieron un par de bocatas con un par de pintas de rubia. Comimos.

Una vez saciada la apetencia nos dirigimos hacia el coche. Yo me puse a enredar con un perro que había por allí y, oh, cual fue mi sorpresa que vi la puerta del Convento abierta. Yo soy muy vergonzosa para estas cosas, pero paquete, que no se corta un pelo, allá entró decidido y tuvimos suerte: PUDIMOS VER EL CONVENTO ENTERITO. Y cuando digo entero es entero. Al señor que lo enseña –un hombre muy majo de Villadiego- le debe de apasionar de su trabajo porque todo el rato estaba diciendo “ya no es hora, ya no es hora”, pero estuvimos hora y media de visita. Se fue poco a poco agregando gente hasta que llegamos a ser un grupito de casi diez personas.

Y yo le debí de caer simpática porque me dejó tocar unas piñas labradas en madera de nogal del Siglo XI. Ni me lo creía. Cuando me dijo “toma, coge” casi se me para el corazón. Y más sabiendo de dónde procedía la piña en cuestión (de un sepulcro del mismísimo Alfonso IX Rey de Castilla). Y también cogimos el crespón del pueblo de la sacristía y tocamos los arcos del Claustro de los Caballeros y en fin, una visita como dios manda. El buen hombre no nos quería ni cobrar. Y nos negamos, of course.

En Oña se nos olvidó por completo la jodia cobertura del móvil.

OÑA-MI PUEBLO
El viaje no tuvo ningún percance. Ja, ja, pero qué creéis, que nos íbamos a librar de los malos augurios. Pues no. A la altura de Poza de la Sal suena el móvil de paquete: un percance: que se había caído el sistema de no sé qué empresa que no podía gestionar los pedidos de no sé qué sitio que, vamos, un marrón que te cagas.

Fuimos a toda leche a mi pueblo para ver si podíamos arreglar (lo digo en plural cuando yo no tengo ni pajolera idea de ordeñadores personales) el marronazo que te cagas. Vale, paquete curraba y yo me dedicaba a navegar un ratillo por Internet. Recomenté a aquellos que me comentasteis y pasó Akebono por donde yo estaba llevándose teléfono, cable y clavija por delante (por eso está repetido mi comentario). Se fastidió el teléfono, no digo más.

EN MI PUEBLO
Para mi un día entero en mi pueblo es un auténtico estrés. Ayer no paré quieta ni un solo minuto. Por la mañana al dentista, luego a hacer los recados, después de visita a casa de mi tía Lici, limpieza de la Sustos (que como es pequeña nos llevó un buen rato), comer, recoger, cigarrito, visita al camposanto a mi pa, visita a mi abuelita a la residencia, poda de césped, limpieza de jardín y riego.

Y entre todo esto Akebono, sí mi perrito querido del alma, se escapó. El tío pedorro tenía que estar en cuarentena por lo del carbunco, pues nada, corriendo por el pueblo como un loco poseso, como que se le acabara el mundo en ese mismo instante. Y no se dejaba coger (como casi siempre cuando se escapa). Yo estaba regando los tiestos cuando le oigo ladrar cual demente: fui en chacletas detrás de él unos cuatrocientos metros persiguiéndole mientras él perseguía a un todo terreno que llevaba un perro en la parte de atrás. Un show. Ni Maurice Green en su mejor carrera, vamos.

MI PUEBLO-MADRID
De esto sí que puedo contar bien poco. Salimos a las once y media de la noche. Pasó lo mismo que en la ida: ni un puñetero atasco. Paramos a tomar un cafecito mientras veíamos a la Milà poner a parir a las tabacaleras (yo con un cigarro en la mano). Y acto seguido me quedé sobada como un angelito. El café no surtió efecto.

Lo siguiente que recuerdo es estar sentada en frente de mi Macintosh haciendo un logotipo para una consultora tecnológica esta mañana. Un coñarro.

¿Todavía dudais de porqué me hago llamar Señorita Calamidad? Besitos, Calamity.