DIARIO DE UNA GILIPOLLAS
He de reconocer que el título me viene como anillo al dedo, aunque... pensándolo mejor debería haber añadido: “diario de una completa gilipollas”. Sí, así estaría mucho mejor porque quedaría claro que mi gilipollez me envuelve de pies a cabeza... y es que si hay alguien auténticamente idiota en este mundo, esa soy yo. No es nada nuevo, pero sinceramente no deja de sorprenderme el grado de estupidez que puedo llegar a alcanzar a veces.
Son esos días en los que mi cerebro no abulta más que un hueso de aceituna y me comporto como una imbécil. Pero soy sagitario y eso no lo puedo cambiar. Creerás que no tiene nada que ver, pero te equivocas. Si pudiese de algún modo controlar mi impulsividad podría pensar las cosas antes de actuar y no parecería tan idiota. Si lo hiciese mi vida sería de otro modo... claro que, entonces mi vida dejaría de ser mi vida y yo dejaría de ser yo y probablemente tu universo fuese un pelín más sencillo. Pues jodete que las cosas no siempre son como uno quiere, ni para ti, ni para mí, ni para el último mono de algún zoo recóndito de las antillas (si es que existen).
Que yo soy como soy le pese a quién le pese y con orgullo de tener esta idiotez por patria y bandera, que a fin de cuentas es auténtico emblema de que pongo por delante el corazón y la inexistencia de premeditación y alevosía exime al menos parte de mi condena en los días en que una no puede evitar un linchamiento al enjuiciarse a sí misma.
Y patatín... patatán... ¿ves? No hago más que decir gilipolleces, pero tú calla que ahora hablo conmigo misma y al menos aquí tu presencia no tiene cabida (permíteme el privilegio de guardarme un rincón en el que no te extrañe). Aquí yo digo lo que se me antoja y tú ni te inmutas... total no es muy distinto de lo que ya haces...
Y qué haré yo diciéndote todo esto, como si me escuchases, como si sirviese de algo escupir tanta lágrima reseca entre las cuerdas vocales... La culpa la tiene mi maldito viaje a Toledo. ¡Terminaré aborreciendo los viajes largos! Es curioso que me tenga que acordar de ti con mayor intensidad cuando viajo, y precisamente ahora que mi vida laboral no me da tregua... ¡maldita metáfora!
Para ser honesta preferiría acordarme de ti cuando estoy en el retrete, porque dejando las finuras para otro día así podría cagarme en lo que me viniese en gana, ¡con perdón! Pero no temas, que soy toda una señorita y no arremetería contra ti. No es sólo por buena educación, si ya te vengo diciendo que soy gilipollas, es que precisamente se me ocurriría cagarme en mi misma por ser tan tonta...
Que ya me gustaría limpiarme la boca jurando aborrecerte y asegurar que me importas un bledo, y así descargar una furia contenida contra otra punto de mira que no sea mi propio epicentro... pero sigo sin lograr odiarte al menos tanto como a mí misma y por eso se dilata esta úlcera de vísceras pasadas de fecha de caducidad...
Y perdóname que no siga escribiendo para pedirte disculpas, tampoco a mí me las pido, así que tendrás que esperar... ahora vuelve a apretarme este retortijón en el estómago...
... necesito ir al aseo...
cagada.bmp





