Situaciones que dan calor
Sudo como un condenado. Este día es una porquería. La camisa se me pega en la piel y siento como las gotas brotan de mi frente. Siempre detesté a aquellas personas a las que el calor no les produce este tipo de incomodidades.
Para colmo camino las seis cuadras en vano; la rotisería china está de vacaciones hasta febrero. Y no se me ocurre nada mejor que meterme en una pizzería a pedirme unas empanadas. El calor del horno me transforma en un volcán de agua. Soy un asco.
Estoy en el departamento de mi hermano y en la televisión lo único que alcanzo a ver de manera más o menos potable es Canal 7. "Un cortado. Historias de Café" se llama el programejo. De entrada ya las cámaras de Canal 7 dan una imágen opaca, mate. La iluminación, la escenografía mediocre y la mala edición hacen que el programa sea una verdadera bazofia.
La nota bizarra la pone el primer título que aparece a la hora de los créditos; Hay un flaco que tiene la responsabilidad de ser el "Coordinador de Facilidades". ¿Me parece a mí o se institucionalizó al garronero de la producción? Mi Dios... Aún así, la historia me engancha. Está todo muy sobreactuado y el guión es malo. Pero pobre flaco. Lo veo y me acuerdo de aquellas salidas kamikaze. Chat y cita a ciegas. La mezcla justa. En un vaso patético mezclar una medida de adrenalina y otro tanto de desesperación. Batir a gusto. Ahí en la pantalla de Canal 7, y acá, en mi vida, nunca tuvieron el final deseado/esperado. Pero son experiencias. Nunca me voy a olvidar de la vez que me encontré con una mina en la plaza de San Justo y minutos después, estaba atendiendo a una señora en su florería. O de aquella vez que llegamos con cuatro amigos al barrio de Nuñez con la esperanza de encontrarnos con dos señoritas de 16 años que nos invitaban a una pileta y nos encontramos con dos niñas que ni sumando sus años de vida llegábamos a esa edad. La tuve que pilotear, como muchas otras; La toalla bajo el brazo, las hojotas, el shortcito. Mis amigos riendo a carcajadas detrás del vidrio y yo diciéndole que en realidad las buscábamos para avisarles que no nos íbamos a poder quedar. O como aquella vez en Congreso que me encontré con esa mina que me hizo pasar a su habitación cerrada con dos candados marca cañón en una especie de casa conventillo en el que vivía con no menos de 5 tipos más que no dejaban de mirarme mal. O de aquel encuentro en Recoleta con esa mina que apenas movía la boca para pronunciar y los pelos se le pegaban en los labios. Todas remadas de punta a punta. Todas bizarras. Pero experiencias al fin.
Comentario:
gracias por tu respuesta a mi pregunta cibernética.
descubrí tu blog, me gusta mucho
saludos!!
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