logotipo

img_google
Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
Sacándole viruta al viernes

Las copas de champagne se sucedían por mis manos. Y también por las de ella. Primero fue pasarla a buscar por su casa. Una amiga nos acompañó unas cuadras y luego llegamos al bonito espacio de la Fundación Banco Francés. Un atardecer con ganas de llover en Belgrano era testigo del clásico evento de voluntarios de fin de año. B estaba allí. La gente comenzó a irse pasadas las 20:30 y nosotros continuamos charlando y bebiendo un rato más. No eramos los únicos, claro. Cuando la sangre ya tenía la graduación de alcohol necesaria para hacer el ridículo, optamos por irnos. Por irnos a hacer el ridículo a otra parte. La Glorieta de 11 de Septiembre y Juramento estaba atiborrada de ancianos y no tan ancianos que se balanceaban -y no tanto- al ritmo del 2 x 4. ¿Vamos a bailar? Me dice, sin tener mucha idea de lo que ello significaba. Primero me niego, nos reímos. ¿Te imaginás? Ahora le digo yo, se niega y se ríe más. La tomo del brazo y cruzamos. Al principio no nos animamos a subir. Es un papelón. Pero la graduación en la sangre. Dejamos las cosas en un costado, un ligero observar al resto y ya está, la tomo como si yo de esto supiera largo y tendido y arrancamos. Los primeros pasos son de terror. O más bien de comedia, dignos de una obra bizarra del humor argentino. A nuestro alrededor la gente sigue bailando, no sin antes prestar un poco de atención en la novel pareja que no deja de hacer cualquiera. Un hombre de unos 30 años y otro más viejo próximos a nosotros empiezan a sonreirse con nuestras payasadas y apiadándose se colocan el sombrero de grandes lustradores de parkés con sus zapatos tangueros ultrabrillosos y nos tiran unos pasos. Nos cuesta el doble de lo que debería costarnos (recordar la condición gradual), pero luego de varios intentos, algo más o menos sale. No sin antes darnos cuenta que con tanto firulete hemos llegado al centro de la Glorieta. Algunos nos miran. Otros están concentrados en el bandoneón y bailan con sus ojos cerrados. Yo quiero show y empezamos a imitar el asunto del revoleo de los pies entre las piernas de otro. Nos reímos sin parar. Los flacos que nos estaban ayudando se dan cuenta que estamos ahí para divertirnos un rato. Parecen Walter y Waldo enseñando a bailar el tango uruguayo. Nos vamos. La idea era pasar un ratito. Nos quedamos 45 minutos. Dios mío, qué flash si alguien del laburo me vió. ¿Hacés algo ahora a la noche? Estoy viviendo sólo por unos días en el departamento de una amiga, ¿querés venir? Sí! Buenísimo. Che, pero qué ganas de tomar más champagne. Cebados como pocos nos vamos corriendo a buscar un Disco abierto. Dos señoras cuya sumatoria de edad debia rondar el siglo y medio están paradas en una esquina. Con cara de borracho alegre y caradura me acerco y les digo “chicas, ¿un Disco por acá?”. Una se ríe, la otra se pone contenta y me marca la ubicación exacta. Llegamos, justo a tiempo. Manoteamos un champagne. Falta el helado de limón. Le pregunto a la cajera por una heladería. No tiene idea. Una vieja cheta, de mucho colageno labial y anteojos negros a las 10 de la noche levanta el guante y me dice que a dos cuadras tengo un Volta, y que sino, una más allá, un Pérsico y un Freddo. Después que dijo Volta dejé de escuchar. Salí casi volando del lugar en busca de la batiseñal. Gracias Volta por existir. Nos volvemos para Palermo ya con parte de la noche solucionada. El restaurant árabe al lado del departamento hizo el resto. No tenemos idea qué comer. Caemos y le decimos a la mesera que queremos comer algo, no sabemos qué, pero queremos comer algo. Con cara de no me hinchen las pelotas nos recomienda el kafta al fierrito, y a eso le sumamos un shawarma. En la espera de la comida no dejamos de escuchar conversaciones en lenguas desconocidas (tal vez era la misma, vaya uno a saber). La televisión tenía sintonizado un canal que estaba muy cerca de ser Al-Jazzera. Habían dos con cara de tener una semiautomática debajo de la silla y otro con la típica barba de tres días y los ojos cuasi-biscos que parecía que iba a poner una bomba en cualquier momento. La mesera le hacía honores al ambiente arabesco a partir de sus prominentes pechos. Sí, también hablaba la lengua de Alá. Nos volvemos al departamento con la sensación de que todos nos estaban fichando y si seguíamos criticando y comentando cosas por lo bajo íbamos a salir con una granada de sombrero. Nos alimentamos y nos tiramos a ver unos DVD’s. Compartimos la cama, la tele está en la habitación. Pasa Incubus, pasa Pink Floyd, pasa un poco de Rammstein…Tengo ganas de besarla. Creo que ella está tan segura que yo no haré ninguna movida que no siente incomodidad alguna. Se fuma un cigarrillo y se va pasadas las cuatro de la mañana. En mi cabeza, la sensación de que hemos vivido una noche muy linda pero que otra vez dejé pasar la oportunidad. Tal vez esto sea así, y nunca deba pasar de acá. O no, o por ahora. O no sé, fue lindo volver a salir con ella. Pucha, tanto tango me ha puesto melancólico.
 
Comentario:
cuando va a dejar de pasarnos?
eh? cuando?
 
Comentario:
los hombres son los especímenes masculinos que tienen mucho mas que 30 años...
No