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Bitácora, aquí y ahora
Pasa. Suele pasar.
Acerca de
mí.
Sindicación
 
De cómo actuar frente a estas situaciones

Lo primero, siempre, es el tiempo. Es la referencia inevitable a la cuál cae luego de saludarme. Tan acostumbrado estoy que sino la hace él, me siento en la necesidad de decir algo del tiempo. Le sigue el pronóstico para los próximos días. Y hasta un amerita un comentario de cómo se viene el fin de semana. Siempre es lo mismo. Da igual que haya calor o frío, el seeeehhh pronunciado tras el qué frio/calor qué hace, es siempre el mismo. Luego la pregunta. ¿Lo de siempre? Mi cabeza se inclina con un seco y definido ir y venir. El tema del tiempo no se puede volver a tocar jamás. Ya ha sido explotado al máximo en los primeros segundos del encuentro. Es ahí cuando me doy cuenta que la próxima vez tengo que manejarme distinto y dejar ese tema para después. La pregunta siempre hace de quiebre y no puedo repetirme. Entonces me quedo en silencio. Una radio se escucha en el fondo. Miro el local a través del espejo. Se ha quedado en el tiempo. Me gustaría saber qué opina de esos lugares en los que además te preparan tragos y suena música chill-out de fondo. Acá, Radio Mitre. Si hay fortuna, escuchamos alguna noticia futbolística. Pie al comentario. Sino la tenemos, se despachan con los precios de la Bolsa de Cereales. Si hay fortuna, un viejo conocido abre la puerta e ingresa al local. Listo. Se ha resuelto mi estadía aquí. La charla entre ellos es amena. Sino hay fortuna, la persona que ingresa es otro desconocido. Más silencio. Incomodidad. Pero a él le gusta hablar. Me recuerda a los remiseros. Necesitan de la plática. No soporto ese tipo de conversaciones, pero sé cuándo tengo que poner la cara en piloto automático y darle un poco de onda. Entonces pregunta, cosas. Si da para la charla, la sigo. El tema de la máquina ruidosa del que puso la fábrica al lado de casa y de su pelea con los de telefónica por la humedad en la ficha ya son tópicos recurrentes. A veces le pone ganas y termina más rápido. Y a veces lo hace mejor que otras. No es regular, no sé porque sigo cortándome el pelo con él. Igual mucho no me importa. Es más o menos. Me pongo nervioso si estoy más de 13 minutos ahí. Es el tramo final cuando empieza a pasar el cepillo con talco. Y la pregunta. ¿Está bien así, podemos ir marchando? Otra vez la cabeza seca y firme. No vaya a ser cosa que tenga que permanecer un minuto más acá adentro.
No